El domingo 25 de noviembre se celebró, en la Basílica Catedral, una Misa de Acción de Gracias con motivo de la clausura de las celebraciones por los 350 años del inicio de la devoción al Señor de los Milagros de Nazarenas. La ceremonia fue realizada por Su Eminencia Reverendísima, Juan Luis Cardenal Cipriani Thorne, Arzobispo de Lima.
También en la Catedral, el domingo 2 diciembre se realizó una misa por la elevación a los altares como beato del P. Luis Tezza, de la orden de San Camilo. Italiano de nacimiento, pero peruano de corazón, el P. Tezza llegó al Perú en 1900, como visitador de la casa de su orden en Lima, donde murió 23 años después. El P. Tezza tuvo una existencia entregada totalmente al ejercicio de la caridad y de la misericordia para con los que sufren en el cuerpo y en el alma.- Días después
se conmemoró el décimo aniversario que Lima fuera inscrita por la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad. Por tal motivo el lunes 17 en el Palacio Municipal se realizó una ceremonia en la que el Alcalde de la ciudad, Ing. Alberto Andrade, en nombre de la Comuna, rindió público homenaje a nuestra institución entregándole la Medalla Cívica de la Ciudad en reconocimiento a la gestión para tal
designación.
LAS NAVIDADES LIMEÑAS
La Navidad limeña tuvo características propias, muchas de las cuales ya han desaparecido y las que aún sobreviven pareciera que tienen los días contados ante la amenaza de costumbres foráneas, que paulatina y sistemáticamente se vienen imponiendo. El culto a la Navidad en Lima se remonta al mismo año de la fundación de
la Tres Veces Coronada Villa, cuando en diciembre de 1535 se alzaron altarcitos para adorar el Sagrado Misterio. Los conquistadores trajeron la costumbre, por cierto muy arraigada en España desde tiempos remotos, a los Nacimientos se les llaman “Belenes”. Estas celebraciones duraban tres días, pero fueron muy modestas por
el poco bastimento existente por esos años: el vino escaso y caro, las confituras también y la chicha prohibida hacerse. -Tiempo después no sólo la producción de vino fue en aumento, abaratándose el costo, sino también se inventó el aguardiente de uva (pisco); la chicha se hacía de todas clases y colores y los dulces
empezaron a ser elaborados por las monjas en la tranquilidad de sus conventos.
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Las manos de nuestros artesanos en Huancayo, Huamanga y Cusco trabajaron el trapo, la piedra y el cedro para hacer representaciones de típicas figuras indígenas y criollas que ornaron estos Nacimientos. Asimismo, se trasladó la costumbre de cantar villancicos y de bailar delante del altarcito de ellos. Durante treinta días la ciudad vivía pendiente de los festejos
pascuales: el 7 de diciembre empezaban las ceremonias por la Purísima Concepción; el 13, día de Santa Lucía, se sembraban los “triguitos” para los Nacimientos; el 15 comenzaba la novena de aguinaldo; el 24, 25 y 26 las festividades de la Navidad, con Nochebuena de uminarias, fuegos y colaciones
(agasajos a los huéspedes con pasteles, dulces y fiambres); el 28 la degollación de los
Inocentes, con chanzas y tomaduras de pelo; el 1 de enero la Circuncisión del
Niño; el 5 se paseaba el Estandarte de la ciudad y, finalmente, el 6 se celebraba la
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fiesta de Reyes, l con paseos y cabalgatas a
Amancaes.
De todas, las celebraciones, las novenas y misas de aguinaldo eran las celebraciones más pintorescas y animadas. En los hogares limeños se rezaba oraciones alusivas y se recitaba versos a la Virgen, a San José y al Niño. En las misas, los jóvenes llevaban pitos, matracas e imitaban el canto del gallos, el rebuzno y el
mugido. Hasta zamacueca se tocaba en la misa, mientras repicaban las campanas.- El 24 por la noche terminaban estas fiestas en las casas, descubriéndose el Nacimiento; se invitaba a los allegados para iniciar el acto con oraciones, terminándose con el baile general al son del arpa o del clavecín.
En cuanto a la conformación de un buen Nacimiento, este debía tener además del portal con la Virgen, San José y el Niño, la mula y el buey, una serie de figuras y pasajes peculiares: la Anunciación, los pastores, dos grupos de Reyes Magos, la casa de Pilatos, el Palacio de Herodes, la degollación de Inocentes, la huida a
Egipto, Adán y Eva con la serpiente y el árbol, Noé con su barca, Pilatos, Abraham, David con su honda frente al gigantesco Goliat, y en mezcolanza abigarrada, los más criollos tipos: aguadores, tamaleras, bizcocheros, cachacos, bomberos, soldados, jugadas de gallos, corridas de toros, caballeros andantes, etc.
Hasta no hace muchas décadas atrás, se acostumbraba visitar los Nacimientos en las grandes casas, con baile, cena y gran diversión. También los hogares pobres recibían estas visitas y se ponía a la puerta un platillo de limosnas para los “Orines del Niño” especie de chicha que se ofrecía a quienes visitaban estos
nacimientos, sobre todo en los convento. Luego de ello se hacían las jaranas de “rompe y rasga”, con arpa y cajón al ritmo de la Zamacueca (o Moza mala, posteriormente llamada Marinera), Agua de nieve y otros bailes más. La diversión corría desde el 24 hasta bajada de Reyes, con padrinos para el próximo año ( bien rezaba el
dicho: Los tres reyes de Oriente; vino chicha y aguardiente).
Lamentablemente, todo eso se ha ido perdiendo o tergiversando. Se ha visto casos en que personajes de Digimon o las Superpoderosas flanquean al Salvador en su pesebre. Ya no son los reyes barbados los que traen los regalos a los niños; ahora es Santa Claus o Papá Noel. Ya no la cena con tamales, cerdo horneado, dulces de convento, chicha y aguardiente legítimo.
Ahora, cuando se puede, es pavo relleno, puré de manzana, ensalada Waldorf y champagne. El árbol navideño ha reemplazado al leño pascual.
En fin, lo único importante es que no se pierda el espíritu de la Navidad, que es el que cada año anuncia la presencia de Jesús entre nosotros, trayéndonos la esperanza en un futuro mejor.
Feliz Navidad y venturoso año 2002 Hasta la próxima.
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