LA GUERRA CON ESPAÑA
EL PRIMER CONFLICTO DEL PACIFICO 1865-1866
Escrito por: Prof. Humberto Matos Jiménez
hmatosjimenez2001@yahoo.es

La Historia de los pueblos se convierte en muy interesante cuando esta reúne información fidedigna y en fuentes de información serias para convertirse de una noticia en su momento a un hecho histórico trascendental e interesante y permanente en el devenir de la historia para el aprendizaje y valoración de un pueblo.
España hoy día 2 de mayo de 2008, celebra sus 200 años de expulsión de las tropas napoleónicas a tierras Ibéricas.
Mientras que nosotros los sudamericanos celebramos unos años menos al rechazo de las fallidas pretensiones peninsulares de un segundo intento de reconquista de América, so pretextos a las expediciones científicas españolas, los 142 años del glorioso y valeroso combate del Dos de mayo.

La Historia misma, se remonta a los tiempos del reinado de Isabel II (1843-1868); gobierno que fue uno de los más interesantes y turbulentos en la historia contemporánea española, particularmente desde el punto de vista militar. Cuando la joven reina asumió el trono, su país se encontraba muy debilitado por las revoluciones Carlistas y distaba de ser la gran potencia del pasado. A manera de ejemplo, en 1845 la otrora poderosa Armada Real o Armada Invencible, sólo constaba de tres navíos de línea, todos del siglo XVIII, y unas pocas fragatas y vapores, lo que era un claro contraste con los 117 buques de guerra que el reino llegó a tener en 1790. Asimismo, la cantidad asignada a Marina, Comercio y Ultramar en el presupuesto real de ese año era más de cuatro veces inferior a la del Ejército., claro esta que Inglaterra ya estaba insertándose en el proceso del industrialismo, mientas que España se conformaba quedándose en agonizante sistema mercantilista, el cual llevaría a la ruina y bancarrota del estado español, que pensaba vivir por la eternidad de las riquezas de sus colonias, las cuales por el tiempo de su continua explotación iban camino al agotamiento.

Isabel buscó recuperar el prestigio militar que su país mantuvo hasta la batalla de Trafalgar, en la que su legendaria armada fue reducida a cenizas por los británicos en el Canal de la Mancha. Por tanto, aceptó las sugerencias de dos visionarios navales, Francisco Armero, jefe de la escuadra y de Mariano Roca de Togores, Marques de Molina, para que se construyera una flota moderna y poderosa, que en pocos años convertiría a España en la cuarta potencia naval del mundo. De este modo, sólo entre 1859 y 1860 se destinaron para tal fin 170 millones de pesetas, suma enorme en esa época. El resultado fue una moderna escuadra compuesta por seis fragatas blindadas, once fragatas de hélice y doce corbetas de vapor construidas en astilleros españoles y extranjeros, además de decenas de transportes y buques menores. Pocas veces en su historia España había logrado estructurar una flota tan poderosa y equilibrada como aquella, pero cuales serían las verdaderas intenciones de España al intentar mejorar y modernizar su flota naval.

Con la seguridad que otorgaba el contar con tan importante fuerza disuasiva, España volvió a fungir de potencia colonial y se comprometió en diversas intervenciones de ultramar. Durante el segundo gobierno del primer ministro Leopoldo O´Donell (1858-1863), España enfrentó una controversia con Marruecos, que se convirtió en la ocasión propicia que esperaba el general para reafirmar el prestigio de su país, poner fin las luchas políticas internas y despertar el entusiasmo popular mediante una empresa militar de éxito asegurado.
Así, O'Donnell concentró en Algeciras y el Puerto de Santa María un ejército de operaciones compuesto por 35.000 hombres y una escuadra formada por el navío Isabel II, buque insignia del comandante de las Fuerzas Navales de Operaciones en las costas de África, tres fragatas, dos corbetas, cuatro goletas, once vapores de ruedas, nueve vapores y tres transporte, así como faluchos y cañoneras que actuaban de fuerzas sutiles. la batalla de Wad-Ras decidió la campaña y mediante el armisticio del 25 de marzo de 1860 se puso fin a la guerra.

Por el tratado de paz de Tetuán, España obtuvo la ampliación de su campo de influencia en Ceuta y Melilla, la soberanía a perpetuidad sobre Santa Cruz de Mar Pequeña y una compensación económica. A la guerra contra Marruecos siguieron un conflicto en Indochina (Vietnam), la participación en la invasión francesa a México y la anexión de Santo Domingo.

Pero América, no sería la excepción territorial para la monarquía española y pronto llegaría el turno de América del Sur. En 1862, Isabel aprobó el envío a Sudamérica de una expedición de estudio científico escoltada por tres navíos de guerra bajo las órdenes del vicealmirante Luis Hernández Pinzón, quien era descendiente directo de los hermanos Martín y Vicente Pinzón, capitanes de dos de las carabelas que acompañaron a Colón en el descubrimiento del Nuevo Mundo. Estas naves eran las fragatas gemelas a hélice Triunfo y Resolución y la corbeta protegida Virgen de Covadonga.

El propósito que llevó a las autoridades de Madrid a incluir naves de la armada en una misión de estudio a la que se le denominó: La Expedición Científica, no sólo fue para exhibir la patente de Potencia, costumbre por cierto extendida a los países europeos como Gran Bretaña, sino para que aquellas sirvieran como elementos de apoyo a una serie de reclamos presentados por ciudadanos españoles residentes en las Américas, quienes se veían abandonados por el gobierno de la península Ibérica y excluidos de las leyes americanas, que sentían que no eran protegidos.

A pesar de que la independencia peruana se realizó en 1821, fue recién en 1853 que España la reconoció formalmente. El Perú ya había reconocido la deuda pendiente con la corona española por concepto de indemnización por las guerras de independencia.

Tras un largo viaje desde Europa; el 18 de abril de 1863, la expedición española arribó al puerto de Valparaíso. Mientras estuvieron en territorio chileno, los científicos y marinos españoles fueron cordialmente recibidos y respondieron con amabilidad, pero en julio de ese año, una vez en aguas peruanas, comenzaron a surgir los problemas. En aquella época, España no mantenía relaciones diplomáticas con el Perú ni había reconocido formalmente su Independencia obtenida en 1821, debido a que los gobiernos del Perú, desconocían las deudas contraídas con España por el proceso de la Independencia. Pese a esa situación, el pueblo y las autoridades peruanas no mostraron actitud hostil ni reproches y más bien se comportaron amistosamente.

Luego de una breve estadía en el Callao, la escuadra española partió rumbo a San Francisco, California. A mitad del viaje sin embargo, el 2 de agosto de 1863, se desató un incidente en la hacienda peruana de Talambo entre inmigrantes vascos y agricultores peruanos, como resultado del cual un ciudadano español resultó muerto y otros cuatro quedaron heridos. Enterado de estos sucesos, el comandante español, el Almirante Luis Hernández Pinzón, interrumpió su travesía y partió rápidamente de regreso al Perú, donde intentó interferir en un asunto que los peruanos consideraban de carácter interno, exigiendo al gobierno explicaciones y reparaciones al incidente presentado.


El asunto, que ya tenía su entorno de pretexto; pasó a convertirse en un contencioso entre ambos países, a los que fueron agregándose otros elementos, como la exigencia del pago de deudas originadas en las guerras de independencia. Madrid decidió entonces el envío de un emisario especial para negociar con los peruanos.
Su nombre era Eusebio Salazar y Mazaredo y venía investido como Comisario Regio, lo cual fue resentido y rechazado por las autoridades y pueblo del Perú, toda vez que un comisario era un funcionario colonial y no un ministro plenipotenciario, que era el título que correspondía al enviado diplomático ante un Estado libre y soberano, aunque España tenía otras intenciones e instrucciones para sus marinos.

Las negociaciones entre Mazaredo –quien arribó al Perú en marzo de 1864- apoyado por el almirante Pinzón, y el ministro peruano de relaciones exteriores, Juan A. Ribeyro, fracasaron ante los términos no aceptados por el Perú. En respuesta a este impase, el 14 de abril de 1864 el escuadrón español en el Callao levó anclas y se dirigió a las Islas de Chincha, donde se encontraban los depósitos de fertilizante de guano, que entonces era la principal exportación peruana conducidas especialmente hacia Europa, en donde los capitalistas ingleses tenían serias y cuantiosas inversiones.

La pequeña guarnición nacional que las resguardaba fue rápidamente subyugada y a las 16:00 horas una fuerza de 400 marinos españoles izó su pabellón en las islas y puso al gobernador Ramón Valle Riestra bajo arresto en la nave Resolución. Para tener una idea sobre la importancia de las Chincha, cerca del sesenta por ciento de los gastos del gobierno peruano provenían de los impuestos a la exportación de guano, pues el país vivía de estas sustancias groseras descubiertas unos atrás por el inglés Tomas Way.

las intenciones españolas, se evidenciaron con esta actitud hostil, pues pretendían utilizar las estratégicas islas como un elemento de negociación para sus demandas e Inclusive en Madrid, un ministro español llegó a sugerir canjearlas a los británicos por el Peñón de Gibraltar.

Por esos tiempos gobernaba el Perú, el presidente Juan Antonio Pezet; quien envió comisiones de alto mando hacia Europa para adquirir armamento y buques de guerra; llegando hasta nuestro país: La Independencia, el Huascar, la Unión y el América, naves modernas que deberían las amplias costas del litoral peruano, así mismo se adquirió una moderna artillería para su época.

Pinzón también impuso un bloqueo en el Callao y una vez más forzó a los peruanos a negociar. Si bien en un principio el gobierno del nuevo primer ministro español, José María Narvaez, no aprobó la actitud asumida por Pinzón y Salazar de capturar en prenda una porción de territorio extranjero, en el transcurso de los próximos meses cambió de parecer y decidió enviar otros cuatro barcos de guerra para reforzar el poderío de su escuadra en el Perú. Asimismo, reemplazó a Pinzón por un marino más capaz a quien confirió amplios poderes: El vicealmirante Juan Manuel Pareja, un ex ministro de marina que coincidentemente había nacido en el Perú y cuyo padre, había sido un oficial del ejército realista que falleció en las guerras de independencia, defendiendo la causa fidelista al Virrey y Rey de España.

El Perú contempló su realidad ante la inferioridad naval y fuerzas defensivas de su territorio, por lo cual sus autoridades decidieron entrar en arreglos, autorizando al ministro Manuel Ignacio de Vivanco, negociar con los españoles.

En diciembre de 1864, una vez en territorio peruano, Pareja se enfrascó en intensas negociaciones diplomáticas con el general Manuel Ignacio de Vivanco, nombrado representante del presidente Juan Antonio Pezet, las mismas que concluyeron el 27 de febrero de 1865 con la suscripción del Tratado Vivanco-Pareja. El acuerdo sin embargo fue rechazado por un mayoritario sector de la ciudadanía peruana que consideraba humillante y contrario a los intereses del país, en sus 8 artículos lesivos. Tampoco fue aprobado por el Congreso. Ocurrió entonces lo inevitable y en pocos meses explotó una revolución nacionalista en Arequipa, dirigida por el Coronel Mariano Ignacio Prado.

Un grupo de valientes peruanos protestaron enérgicamente; el Mariscal Don Ramón Castilla y Marquesado, el hombre más preclaro de la historia nacional, lo increpó a Pezet por sus actitudes poco patriotas y al lado de su gabinete lo arresto para luego ser deportado a Europa por traición.

Mariano Ignacio Prado al lado del resto de gabinete, decidió formar una cuádruple alianza entre Perú, Ecuador, Bolivia y Chile; para juntos defender los intereses de América, fortificó el Callao y declaró la guerra a España el 13 de enero de 1866.
Una de las primeras acciones bélicas fue capturar a la nave española Covadonga con el apoyo de la nave chilena El Esmeralda y ante estas amenazas el Almirante Juan Manuel Pareja decide suicidarse.
Unos días después se produce el Combate naval cerca de las isla de Abtao, siendo derrotada parte de la escuadra española; en su retirada las naves restantes de la escuadra española disparan todos sus cañones contra el puerto de Valparaíso, provocando el bombardeo incendio y muerte de civiles, dicha acción fue ordenada por el brigadier Casto Méndez Núñez.

Mientras que en el Callao, puerto principal del Perú se comenzaban a realizar preparativos para la cerrada defensa de nuestro territorio, se organizó un gran y enorme voluntariado tanto de adultos como jóvenes civiles quienes se distribuyeron en diferentes misiones tanto defensivas como de socorro, entre artesanos y comerciantes, eran útiles todos aquellos que sabían empuñar un rifle, como emplear una lampa o hacer un vendaje, pues se recibió apoyo de las monjas quienes apoyaron con su labores de enfermeras y de aquellos que formaron las compañías de bomberos para sofocar por los posibles incendios, incluyendo la participación de los alumnos de los Colegios San Carlos y Guadalupe. Fue impresionante el movimiento de personas de uno y otro lado involucrándose a todos los niveles y estratos sociales del país, incluyendo a los comerciantes extranjeros quienes se unieron a la lucha contra la pretendida invasión española.
Mucho más emocionante fue la participación de todo el pueblo quienes construyeron zanjas y parapetos, con sacos de arena para la defensa y la mayor impresión fue sin duda el remolque a mano de un enorme y muy pesado cañón que fue traído ( arrastrado ) por rieles desde Lima hacia el Callao, al cual se le denominó; “ el cañón del pueblo”; el cual hoy ha sido puesto en valor en el mismo lugar en donde percuto sus tiros hacia las naves enemigas y se le tributa como un trofeo a la defensa de la patria.

Todo el Callao, fue fortificado, desde la Punta hasta la desembocadura del río Rímac; distribuyéndose de la siguiente forma:
• En el sector sur; se instalaron la Torre de la Merced del Real Felipe, el fuerte Santa Rosa y las baterías Maipú, Chacabuco, Abtao y Chalaca ( el cañón del pueblo )
• En la zona de la mar brava, se colocaron las baterías Zepita para impedir cualquier desembarco enemigo.
• La zona norte, la defendían el fuerte Ayacucho y las baterías Independencia y Pichincha.
Las defensas de baterías hacían un total de 45 piezas de artillería.
• En el centro, se ubicaron las naves peruanas: “ Loa “, “ Victoria”, “ Tumbes “ y “ Colón”.

Llego el día 02 de mayo de 1866, siendo las 12:00 del mediodía, 7 naves españolas que se aparecían en el horizonte y se acercaban velozmente al puerto, sumaban esta impresionante escuadra unos 245 cañones.

Fue el “ Numancia “, el orgullo del poderío español que inicio el primer disparo, los intercambios de fuego y posteriores disparos continuaron tanto desde la orilla de la playa, como desde las distintas baterías fortificadas de las defensas del litoral. Después de fuertes intercambios destructivos tiros de uno y otro lado; se pudo escuchar una fuerte explosión en el torreón de la merced, destrozando a 27 combatientes; entre ellos al heroico ministro de Guerra y otros 70 heridos más., dicha bomba provino de una de las naves enemigas; sin embargo tanto la pérdida de vidas entre ellas la del valeroso Don José Gálvez; sin embrago todo lo sucedido no amilano a los defensores y por lo contrario se crecieron en la línea de combate.

Después de dos horas de lucha continua de ambos lados, algunas naves españolas dejaron de combatir y tuvieron que ser remolcadas para evitar ser hundidas por la certeza de los artilleros peruanos.

En el combate quedaron tan sólo 3 naves de guerra, las cuales continuaron disparando hasta las 5:00 p.m. en donde se silenciaron, mientras que las baterías peruanas continuaban disparando y las naves españolas se fueron alejando hasta la isla San Lorenzo, para atender a sus heridos, enterrar a sus muertos; reparar sus averías.
Después de 8 días de permanencia en las islas, decidieron alejarse de las aguas peruanas hacia el horizonte, para nunca más retornar a nuestro territorio y no pretender nunca más imponer sus supuestas ideas colonialistas.

Este inesperado combate, el del Dos de mayo; tuvo un significativo significado pues permitió obtener los siguientes logros:
El Perú a pesar de su inferioridad numérica de naves, baterías y escasa preparación militar, puedo salir airoso de dicho encuentro bélico, debido a su porfiada y bien organizada defensa en donde habría que resaltar la brillante y masiva participación popular porque las humillantes y abusivas actitudes de los españoles provocaron suscitar el noble sentimiento unánime del fervor patriótico entre los peruanos de todas las esferas sociales y la unión solidaria de los países hermanos ante la amenaza de la integridad y soberanía de naciones extranjeras, si bien fue cierto que en Ayacucho se firmó la Capitulación y la rendición de las tropas realistas para obtener la Independencia, en el Callao; el 2 de mayo de 1866 se logró sellar definitivamente la ansiada Independencia.

Perú y España retomarían la vía diplomática en 1871 cuando ambos países, por mediación de Estados Unidos, se dieron una tregua. En 1879 se cerrarían los incidentes con la definitiva firma del tratado de paz en París entre los representantes de ambos países, Mariano Goyeneche por Perú y el Marques de Molins, Roque de Togores por España.

Lic. Humberto Matos Jiménez

PERUAN-ITÀ © Copyright 2001- 2008
No part of this site may be reproduced 
or stored in a retrieval system. 
All rights reserved