POEMAS 

di Juan Miranda Sanchez

 Mirando

Y entonces llegò el d¡a
en que anduve extraviado
silbando la melodia 
del hombre que tiritaba
perdido en el bosque
y sobre las arenas del litoral
el tenue esqueleto de los galinazos
-mira nada màs-
un manojo de plumas quebrado
como promesa incierta
Pero como
hasta las historias de guerra son de amor
y ella se reflejaba nitida en las fuentes
tenia los ojos tan grandes
que sus làgrimas habìa que cojerlas
con las manos juntas
y al querer mirarla
(porque ella se levantaba como una 
columna de humo)
ve¡as que escampaba en el cielo
y la bondad de las palabras
Ella era tan cierta como la madrugada
y su risa
la algarab¡a con la que alzan el vuelo
todas las aves
Entonces supe que habrìa de regresar
pronto
al jardin de mariposas que se vuelven mixtura
donde el tiempo se marca
con las hojas que dejò caer
el oto¤o.




REY PESCADOR


A cuatro palmos de tierra
ms cerca del ritual de los cefalopodos
Caleta de Vila-Vila,
el peregrino torna el lomo en mercurio
y con la briza se eternizan los boleros
El rey pescador juega billar
hasta la madrugada
da fin al duelo rompiendo botellas
y abandona el rancho
con un seco manojo de algas.
Alguna mujer sobre las rocas
desescama un pescado
su cabello es negro
y termina donde aparecen los senos,
brote que hiela y bendice.
Al mar se ingresa con el alma o no se ingresa
y el coraz¢n se olvida del orgullo
quebrndose en espumas con la marea.
El rey pescador cambia los cigarrillos por pisco
y cuando quita las manos del mar
el card£men se incrusta a sus dedos
por entre las branquias.
Del mar se aleja con el alma o no se aleja
y el coraz¢n del rey pescador
se llena de orgullo y de contento
Alguna mujer sobre las rocas
desescama un pescado.





HABITACION


Paula, he aqu¡ a tu muchacho
frente a la ventana de su nueva habitaci¢n
recordando a la mujer 
embarazada por el arcoiris.
Afuera llueve como no suced¡a
hace tiempo
y las ventanas de esta habitaci¢n
no volvern a abrirse jams como antes
porque afuera
el sopor humedecido
ahoga de contento a tu muchacho
y ms tarde ha de crepitar la puerta
como cuando se abre la pulpa del mejor fruto.





LA MADRE DE LOS PECES


Cuando tend¡a sus manos 
con plumas de fieltro
Hurpi Huachac al final de sus dedos
gorjeaban los peces azules
con besos de sal.
La madre pos¢ su vulva mojada
sobre la arena de asbesto
madr‚pora sementera
con todos los usos del mar.
Tiene el esqueleto de las caracolas
para decir -lo m¡o!-
y tienen tambi‚n el lomo dorado de su hijos
para tostar la sal
de su vientre de escamas.
Y una vez entre todos
les dejar esparcir cenizas de mullu
les dejar ser el ms hermoso de ellos
untar su piel con residuos de ncar
y les dejar hablarse con los cuerpos
decirse esto con los muslos
lo otro con los pechos
y aquello con la resuelta comisura de los labios
les dejar llamarse el ms grande
el due¤o de las otras almas
y escuchar en lo profundo
el grave anuncio del estr¢mbido
en la memoria de todos sus hijos
-lo mio!-




Arena


Rastro
Peque¤o pie
Peso de mujer
Sobre la
Arena
Rastro de mujer
Peque¤a mujer
De pie
Sobre la 
Arena.

Una mujer, claro
una mujer pariendo peces desde la orilla
fijando los ojos en los bienaventurados.

Una luz eterna diluye
entre las aguas
la luna metal
que adora
el mar centauro
Una ira insigne es la pleamar
Una gaviota estalla en el cielo
Una nube turquesa
Una roca ensangrentada
Un oto¤o irrumpe pre¤ado de peces
Un pez
responde al nombre que se le llama
Un ni¤o se ahoga dulcemente
y la mirada se le llena 
de muerte y de jolgorio
Un guerrero entrega el vientre
al mar iracundo hijo del pecado
Una marea de mujeres
lloran enloquecidas sobre las orillas
y una bruma de perlas les enciende los labios
Una cabellera azota los cuatro vientos
y su ondas son azules
como la furia de los celos
Un momento que nadie esperaba
Una medusa angustiada en el aire
Una terca ilusi¢n de coral
Un equino fantasma bendecido de lumbre
Un alcatraz hiriendo el oc‚ano
y un ojo pavoroso sonr¡e
en medio de las estrellas
Una marcha f£nebre de cangrejos
Un viejo pescador muerto en la espera
y un velo t¡mido entre los abismos
descubriendo manjares de sal
Una fiesta hace espumas de amor
en la arena mojada
Un o¡do que sabe lo que est pasando
y una jaur¡a de bestias encadenadas
que ladran con sus d¡as y sus noches
y una noche en que la quise tanto...

Los dioses estn muertos
la guerra es mi compa¤¡a
el gran Con venido del norte
sobre un puma amarillo
envanecido en pura sustancia de sal
aqu¡ me amparan los desiertos y la sed
aqu¡, donde los hombres mueren 
de pena y de soledad
he aqu¡ sus dunas y en el verano
devastar‚ la rosa de la medianoche
aquella que alaba la luna
hasta la hora negra del infortunio
cuando el miedo asole en el rostro
Oh gran Con expulsado del mar!
Los dioses estn muertos
la guerra es mi compa¤¡a
Pachacmac desterr¢ a Con
nada anunci¢ su muerte
nadie proclamò su resurrecciòn
no tiemblan ya al ceño fruncido
los campos de la oscura pacarina
donde ayunaron los fieles
antes de hablarte
Pachacamac vestido de algas
labrador de tinieblas
perdido como los sueños
en el mar
acechante a la soledad de tus enemigos
y sobre el cielo c¢ncavo
tu enemigo el Sol.

Los dioses estàn muertos
la guerra es mi compañia
La ira cabalga sobre el mar
potro de espuma
y de sus crines de piedra
se puebla la lozana textura de guijarros
de cuyas aristas
asomaron los propios enemigos
en el encrespado campo de batalla
hacia alli van tu y los tuyos
hacia alli vas tu
hacia ti van los tuyos
encrespado es el campo de batalla
y candente toda la sal de la tierra
se bebe para la guerra
y se enternecen las armas para el amor
el hombre es all¡ unguento de brebajes
sentado a lamerse las heridas
mientras las mujeres
hieren al viento con sus senos de màrmol.

Las dunas
mediod¡a
ha de llegar el verano
he de llegar al desierto
ha de llegar la soledad
con el coraz¢n abierto.


Juan Miranda Sanchez

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