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Juan Miranda Sanchez
Ottawa, Canadá
Por primera vez los representantes del Estado canadiense
se pusieron de pie ante los representantes de los pueblos aborígenes
canadienses para pedir perdón por los efectos de una funesta política de
asimilación cuya práctica “hizo mucho mal y no tiene lugar en nuestro país”,
como lo indicó Stephen Harper, Primer Ministro del Canadá.

A inicios del siglo IXX el gobierno canadiense consideró
que la mejor manera para integrar a los aborígenes del
país era enseñarles
el inglés y adoptarlos al cristianismo y las costumbres canadienses, en lo
que se conoció como una política de “asimilación agresiva“.
Se emplearon agentes del gobierno para asegurarse que todos los niños
indígenas sean inscritos en las Residencias escolares, bajo administración
de religiosos. Funcionaron 130 escuelas desde los inicios de esta política
hasta el cierre de la última de ellas en el año de 1996.
Un total de 150,000 niños de las Primeras Naciones, Inuits y Metis, los 3
grupos aborígenes que reconoce la ley canadiense, fueron sacados de sus
hogares y comunidades y forzados a asistir a las residencias.
Los niños fueron disuadidos de hablar su lengua materna o practicar las
tradiciones de sus culturas para que pudieran asimilarse exitosamente a la
sociedad canadiense. La imprudencia de romper esta norma era severamente
castigada, existía también una segregación de género, de tal manera que
cuando se trataba de hermano y hermana, éstos eran separados durante toda su
formación.
Durante 10 meses al año las niñas y niños indígenas debían permanecer en las
residencias, alejados de sus padres y familiares a quienes únicamente podían
enviar cartas en inglés. La mayoría de esos destinatarios no hablaban la
lengua, o en todo caso no sabían escribir ni leer.
Los efectos de generaciones y generaciones de indígenas forzados desde niños
a renunciar a su identidad, en un objetivo de política estatal conocido como
“matar al indio desde la niñez” pueden verse hoy en día en los graves
problemas sociales que atraviesan las naciones indígenas como el incremento
de la pobreza, alcoholismo,
drogadicción, desempleo, violencia familiar, y
hasta trastorno en su dieta alimenticia que posibilita altos índices de
obesidad.
En las residencias, administradas por los religiosos, los niños no sólo
fueron obligados a renunciar a quiénes eran y de dónde venían, sino que
además encontraron maltrato físico y psíquico, varios de ellos fueron
víctimas de abuso sexual, y otros murieron sin que sus padres conocieran la
causa, o tuvieran siquiera idea de dónde había sido enterrado su cuerpo.
Para conocer en precisión los hechos el gobierno canadiense ha formado la
Comisión de la Verdad y Reconciliación, establecida formalmente el 1 de
junio del 2008, que tiene un mandato de 5 años de trabajo y cuenta con un
presupuesto de 60 millones de dólares. El pedido de perdón a los pueblos
aborígenes se enmarca en el camino de esta Comisión de la Verdad y
Reconciliación.
La ceremonia se inició con el ingreso a la Cámara de los Comunes del Jefe
nacional de las Primeras Naciones, Phil Fontain, quien portaba el enorme
tocado de plumas propio de su alta investidura, Mary May Simon, Presidenta
de la Nación Inuit, el Presidente de la Asamblea Nacional de Metis, la
Presidenta de la Asociación de Mujeres Nativas del Canadá, y representantes
de los sobrevivientes de las residencias, entre otros.
Luego de las excusas presentadas por el Primer Ministro Stephen
Harper,
líder del Partido Conservador actualmente en el gobierno, hizo uso de la
palabra el representante de la oposición, líder del partido Liberal, Stephen
Dion, quien también pidió perdón a nombre de su partido que durante los
diferentes años que estuvo en el gobierno eligió olvidar las trágicas
consecuencias de esa política de asimilación. Gilles Duccepe, jefe del Block
Quebequense, fustigó el actual abandono de las comunidades indígenas y la
desatención actual del gobierno, mientras que Jack Leyton, líder del Partido
de Nueva Democracia, llamó la atención sobre el hecho que el gobierno
canadiense es uno de los pocos países en el mundo que no ha firmado la
Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas.
El Jefe de las Primeras Naciones, Phil Fontain, señaló que nunca más el
recinto que los acogió, en esa ceremonia del pedido de perdón, “nos
considerará como un problema, ayer lo fuimos. Ahora somos una parte
indispensable de la identidad canadiense”.
Mary May Simons, presidenta de la Nación Inuit, empezó hablando en enoktituk,
su lengua materna para luego decir, “hablo en la lengua de mis padres para
demostrar que nuestra lengua y nuestra cultura continúan siendo fuertes”.
A las puertas del parlamento se congregó un numeroso grupo de personas, para
seguir la ceremonia en enormes paneles instalados para la ocasión,
canadienses, indígenas y no indígenas que coincidieron más de una vez en los
diferentes momentos de emotividad que caracterizó al acto.
“Tenemos la oportunidad de reformar Canadá”
Entrevista con el Jefe Nacional de las Primeras Naciones, Phil Fontain
Q : En algunos casos las comisiones de la verdad no han logrado la
reconciliación en sus países, por qué cree que sí es posible la
reconciliación en este caso?
R: Tienes que verlo en su totalidad. Primero, hemos negociado un acuerdo de
traspaso de bienes-asignación. La más grande asignación en la historia de
Canadá, que tiene varios elementos. Tiene un pago de una cantidad fija,
llamada el pago de experiencia común, para todos los sobrevivientes vivos
desde Mayo 30 del 2005. Hay fondos para conmemoración, hay una dotación de $
125 millones para la Fundación Autóctona para Curación, hay compensación
para abusos individuales, y la Comisión de la Verdad. En nuestro punto de
vista, es una buena oportunidad de corregir y escribir la verdadera historia
de Canadá. Y la verdadera historia de este país tiene que incluir este
triste, oscuro capítulo en nuestra historia.
Q: El pedido de perdón es suficiente para todo su pueblo?
R: Bueno, no hay nada que sea 100%. Tenemos la esperanza que esto sea un
fuerte, sincero y abierta perdón, sin trabas, libre de gravamen. Si es menos
que eso, allí tenemos un problema. Anticipamos que esto sea algo aceptable.
También creo que finalmente serían los sobrevivientes quienes
individualmente van a decir sí o no al perdón.
Q: Escuche anoche, en la ceremonia de los pueblos indígenas, que este acto
de pedido de perdón es una oportunidad, y que vuestro corazón está abierto
para un nueva día. Que significa esto?
R: Por mucho tiempo, y aquí estamos hablando específicamente de la
experiencia de los escuelas residenciales, la política buscaba erradicar
cualquier sentido de indígena en el país. El objeto fue matar al indígena en
el niño. Fue una política de asimilación y nos negó nuestra existencia, nos
negó nuestros derechos. Aquí, con el perdón, con la compensación, con el
trabajo de la Comisión de la Verdad que desarrollará en los próximos cinco
años, tenemos una oportunidad de reformar el país y crear un tipo de país
que realmente se ajuste a todas las personas. Tenemos la oportunidad de
evitar simplemente hablar, Canadá tiene reputación como defensor delos
Derechos Humanos, pero en realidad ha violado los Derechos Humanos de los
Pueblos Indígenas por mucho tiempo, entonces seremos capaces a través de
este proceso importante de reformar a Canadá, para que sea realmente justo
para todo los pueblos, y que realmente respete los derechos de todo los
pueblos, incluyendo los primeros pueblos.
Q : Cuáles son los efectos, no sólo para los sobrevivientes, sino para todo
el pueblo indígena
R: Hablando específicamente de las escuelas residenciales, este proceso nos
quitó de nuestras familias, nos negó nuestra cultura y lengua, tradiciones y
costumbres. A eso debemos agregar otros grandes asuntos como el problema de
territorio en el país, donde sólo ocupamos el 5% de esta enorme masa de
tierra, que en un momento fue la prosperidad de todos los pueblos indígenas.
Podemos hablar de otra mala política cuando los niños fueron quitados de sus
padres y comunidades. Aquí no hablo de las escuelas residenciales, pero los
políticas de Bienestar del Niño, que sugirió que las familias indígenas no
fueron suficiente buenas, y nos quitaron 15,000 de nuestros niños y niñas.
Hay una muy mala situación de vivienda aquí, hay una crisis de residentes,
hay más o menos 100 comunidades de las Primeras Naciones que no tienen agua
potable, y hay al menos 40 comunidades de Primeras Naciones sin escuelas, y
hay muchas comunidades que tienen escuelas en terrible condición. Tenemos
27,000 niños bajo el cuidado del Estado. Eso es tres veces la cantidad de
niños que fueron a las escuelas residenciales en la cumbre de la experiencia
de las escuelas residenciales. Entonces, tenemos todo esto para manejar.
Pero este asunto es como una nube negra que cuelga sobre todo. Pero a pesar
de esto, nuestra gente está alcanzando muchos logros. Nos hemos movido de
1952, donde teníamos 10 estudiantes en las universidades en todo el país, al
día de hoy que tenemos casi 30,000 estudiantes en universidades de todo el
país. Tenemos 15,000 abogados, 250 doctores, tenemos 30 jueces. Entonces,
estamos muy optimistas que nuestro mañana será mucho más claro y con
esperanza que ahora.
Juan Miranda Sánchez Ottawa, Canadá
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