La isla de Jonas

Juan Miranda Sanchez
Ottawa, Canadá

Refundar la República

En medio de la irresponsabilidad de la clase política peruana, una voz ha tenido la suerte (o mejor, el cálculo) para deslizar una frase atinada. Pero qué paradójico, justamente uno de los íconos más importantes de la irresponsabilidad política tuvo la ocurrencia de hacer el llamado de atención. Alan García y sus partidarios han llamado a "refundar la república", si saben de lo que se trata o no, no desmerece el llamado. Simplemente hay que tomarles la palabra.
El remedo de república en la que pretende realizarse la vida de los peruanos, no sirve. Sus instituciones, su vida civil, la forma de ordenar nuestra sociedad, no son las que la mayoría queremos; la interrelacion entre peruanos en la sociedad que hemos construido no satisface ninguna de nuestras necesidades. La "democracia" que pretendemos construir, tampoco sirve, y el Estado que nació en medio de injusticias, y ambiciones, no funciona.
La república no sirve para que los peruanos podamos sentir una vida realizada. Hay que refundarla.
Y éste es un asunto demasiado serio como para dejarlo sólo en manos de los políticos.
La política peruana lo que ha fundado es el corto plazo. En el imaginario de los peruanos los políticos nacionales han logrado introducir un "motivo vital": el corto plazo, el "aquí y ahora". Es por eso que en el Perú no existe y a nadie le interesó ni le interesa un proyecto de país. Todo peruano que se precie quiere la solución de sus problemas aquí y ahora. Y los políticos nacionales, todos, responden a ese requerimiento. Por ello es que el clímax del corto plazo, del "aquí y ahora" llega cada 5 años en el Perú. (Ya estamos cerca del circo). Nuestra "democracia" tiene su punto máximo en este lapso, 5 años; y nuestra institucionalidad democrática se reduce a una avalancha de políticos que exhiben fórmulas para resolver el corto plazo (los siguientes 5 años) y una andanada de estúpidos obligados a votar por uno de ellos. Lo mismo sucede en menor escala a nivel de municipios.
Pero, refundar la república es un reto que va más allá de un gobierno. Supone hasta cambiar hábitos y costumbres. Es hablar en términos de largo plazo. Y realmente no sé si los peruanos estamos preparados para esto. Sobre todo para aceptar que esta es nuestra única salida. Que la mejora de nuestra situación -en todos los niveles- no la veremos nosotros, quizas ni siquiera nuestros hijos. Que debemos sacrificar más de una generación de peruanos para recién sentir que las cosas están cambiando. Y que si algún político sale a decir que con su partido la situación cambiará, simplemente está mintiendo.
En términos simples, a mi parecer, por ejemplo, empezar la refundación de la república pasa por el hecho de llegar al entendimiento que los próximos gobiernos no pueden ser el resultado de la elección de un partido o conglomerado de partidos. Los próximos gobiernos, y no hablo de 2 ó de 3; deben ser el resultado del consenso de todos los sectores de la sociedad nacional. Un solo partido, o un sector de la sociedad no refundarán nada, sólo lograrán poner más peso en el movedizo fango en el que todos nos estamos hundiendo hace ya varias décadas.
Ese llamado a "refundar la república" debió haber salido de algún espacio de consenso, por ello es que al escucharlo en voz de un político ampliamente desprestigiado, como toda la política nacional, me suena a hueco, Pero en fin, como dije líneas arriba; hay que tomarle la palabra y empezar por generar los espacios de consenso parta evitar que alguien o algunos pretendan erigir a esta refundación en su bandera de campaña.

Políticos de segunda fila

Hace algunos días la esencia de la política peruana quedó demostrada en las actitudes de más de uno de sus representantes. Frases de más , frases de menos, pasos al costado y desmentidos, nuestra fauna política dio muestras de lo que mejor sabe hacer, deslizar palabras, crear entuertos, lanzar adjetivos para alimentar de tinta las primeras planas de los diarios.
La superficialidad como dogma, ese es el sustento de nuestros representantes políticos.
Empezó José Barba calificando a Valentín Paniagua, el ex presidente de la transición, como un político de segunda fila. A su turno, la lidereza del partido de Barba no pudo disforzar más la risa. Lourdes Flores dijo que no pues, así no se puede tratar al caballero. Todo en el terreno de las formas.
Pero parece que a Paniagua le llovio más agua de la que se esperaba porque hasta de la tienda de Alan García salieron voces que fueron adjudicadas al lider aprista en torno a otra odiosa comparación para con el ex presidente de la transición; Toledo 2 le habrían dicho.
Y desde su propio partido el hijo de Fernando Belaúnde ha salido a decir que están destrozando el partido que fundo papi. Rafael Belaunde Aubry ha puesto el grito en el cielo, ya no lo aguanta más. "Acción Popular no tiene nada que ver con el socialismo ni sus derivados". Lo dijo claro, sin guardar las formas, porque no es político, ni siquiera de la tercera fila o de la galería.
Le ha llovido duro a Paniagua y al parecer el hecho de querer escuchar a los sectores socialistas, muy venidos a menos en las últimas décadas; es objeto de censura natural de parte de la política peruana, la real politik de callejón. Para estos "politicos de primera fila" las alianzas o estrategias sólo pueden manejarse dentro de los designios de las leyes naturales, cualquier acto en contrario es contranatura.
Estamos en época pre electoral y nuestros "políticos" actúan dentro del único esquema que conocen y en el que se mueven con habilidad, el corto plazo (este tema fue abordado en una columna anterior). 
Lo único que les interesa, y lo que garantiza que sean unos "políticos de primera fila" (Barba dixit) es cómo ganar en medio del desconcierto, cómo dar cuenta de sus habilidades para moverse dentro de la barbarie, cómo llegar bien a las vísperas de las elecciones.
Esa no puede seguir siendo la forma natural de nuestra democracia. No nos pueden seguir obligando a votar y a elegir cuando no hay alternativa viable. Cuando los sectores políticos -que dicen representarnos- están cada vez más alejados de nuestras ilusiones.
No queremos una política de este tipo, no queremos a estos "políticos de primera fila", no queremos este mamarracho de democracia. 
Los peruanos necesitamos obligar a la institucionalidad política a reconocer que no es una alternativa para la vida peruana. Que no es lo que necesitamos y que debe ser replanteada.
No vamos a elegir a nadie, no nos pueden obligar a votar por el "mal menor" -el mayor de todos los males, como lo viene demostrando Toledo-.
O los peruanos nos ponemos de acuerdo en cómo hacemos viable este país, y eso significa llegar en los hechos a un acuerdo nacional, o en todo caso… los peruanos nos ponemos de acuerdo en cómo hacemos viable este país. No tenemos otra salida. La inexistencia de una sola alternativa política para los próximos 30 años -y me quedo corto- así nos lo obligan.
Allí está pues, un humilde reto a nuestra política, no a las elecciones, lleguemos a un acuerdo nacional que haga viable el país en los futuros 30 años por lo menos. No a un partido o a un grupo de partidos que se hagan con el ejecutivo. Gobernemos, incluídos los políticos, en un acuerdo nacional en los hechos. Basta ya de los gobiernos estadísticos, basta ya de los "gobiernos de las mayorías". Hagamos un gobierno del consenso, donde las minorías no sean sólo respetadas, sino donde su actuación sea la más importante.



Juan Miranda Sánchez Ottawa, Canadá                 

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