La isla de Jonas

Juan Miranda Sanchez
Ottawa, Canadá

Sangre aymara


Qué curioso. casi uniformemente, varios medios de comunicación han tenido el cuidado de definir étnicamente a la población de Ilave que, en Puno, asesinó de manera cruenta y fuera de todo marco legal a su cuestionado alcalde.
Lo leí en los reportes de internet de RPP, en las notas del diario La Estrella de Arica, en la noticia de portada de la CNN en español y en los despachos de las agencias de noticias como Reuter, que consiguió fotos de primera fuente; todos ellos decían: "la población aymara de Ilave", "una turba en la localidad de Ilave, población aymara en el sur del Perú…"
Y ahora recuerdo lo que era ya uno de los paradigmas en la antigua Escuela de Antropología de la Facultad de Ciencias Histórico Sociales de la UNSA, en Arequipa, "la única identidad fuerte en el Perú es la aymara".
Y es que es el aymara el que con menos problemas, y un poco de menos complejos; puede llegar a reconocerse como indígena y específicamente como indígena de la nación aymara.
Y la identidad aymara, la identificación de un grupo y en un área determinada viene desde tiempo atrás, tanto así que, por ejemplo el relato más popular de orígen del imperio de los incas -conquistadores feroces de los Tiwanaku en el Collasuyo- es el mito de Manco Capac saliendo de las aguas del Titicaca, el lago sagrado de los Tiwanaku. Por más que pataleen los cusqueños, el mito de los hermanos Ayar emergiendo de entre los cerros de sus propias panacas ha quedado en segundo plano. La identidad aymara es más fuerte.
Hay una marcada intencionalidad de identificación, de identidad en el accionar aymara, lo que ayuda a actuar como grupo, fortalece, identifica, crea íconos. Mucho antes que Toledo tratara de popularizar la wifala tahuantinsuyana izandola en palacio de gobierno, en el sur la wifala aymara encabezaba toda marcha, toda protesta, todo acto. Desde las sangrientas tomas de tierras en los años 60, hechos que en gran número se produjeron en haciendas puneñas; y antes con la revolución nacionalista en Bolivia.
Los siguientes son sólo pensamientos en voz alta y deben ser tomados como esto, no son producto de análisis ni de investigación alguna. Y con esta licencia me atrevo a pensar que el aymara es un grupo cultural importante en el país que tiene aún la posibilidad de actuar de manera gregaria porque sus estructuras autóctonas y tradicionales de organización subsisten. Si hay una cultura que después de más de 500 años continúa resistiendo a la presencia occidental, esa es la cultura aymara.
La vigencia de la autoridad en mallkus, tallas y amautas, persiste, institucionalmente en Bolivia, quizás más soterrada en los pueblos aymaras del Perú.
La presencia del Estado y el mandato de la ley allí parece que no ha logrado instituirse. Hay un tema que lamentablemente no ha sido desarrollado a cabalidad desde el marco de la justicia del estado peruano, este es el referido a Etnia y Derecho Penal.
Al respecto, encontré en internet un trabajo de investigación de la Universidad de Buenos Aires, la estudiante Talia Hajtmecher, en abril del 2003 puso en la red su trabajo titulado "El Derecho Penal en el pueblo aymara", y después de un análisis jurídico del problema planteado, realiza una encuesta sobre aspectos puntuales entre aymaras del norte argentino, especificamente en la comunidad de Ayahuayco, en la zona de Humahuaca. Allí refiere que la autoridad tradicional persiste, y persisten formas de castigo ejemplares, entre ellas indica: "el destierro es el peor castigo y el que es botado de la comunidad ya no puede regresar", es una verguenza con la que cargará toda su vida. Recuerdo que uno de los comentarios en las informaciones que leía en internet señalo que cuando los pobladores de Ilave se enteraron que el alcalde había regresado se sintieron burlados, era una ofenza para todo el pueblo. El desterrado había regresado cuando la tradición aymara indica que no debe volver.
Pero como fuera, existe una estructura nacional y los pueblos aymaras en el Perú están sujetos a las leyes peruanas. Dentro de la doctrina del Derecho Penal, que investiga y castiga estos hechos que constituyen delito, la individualización del delito y de la penalidad son fundamentales. A eso no pueden escapar los hechos de Ilave. La respuesta aymara va a ser la responsabilidad grupal en los hechos, "la comunidad lo hizo, jusguennos a todos". Pero la necesidad para que el Estado se haga sentir como tal está en la individualización de la responsabilidad. Y en esta investigación es donde se encontrarán otros elementos de análisis en el problema mucho más interesantes. Por ejemplo los intereses de sectores de poder en el asunto, el tema del contrabando, los poderes de comerciantes locales, comerciantes de carnes, por ejemplo, etc.
Si no se individualizan las responsabilidades se estará cerrando los ojos a un problema mucho mayor en el lugar.
En otro aspecto, la propia estructura orgánica del Estado no ha logrado armonizar con lo que son las estructuras tradicionales aymaras, muy por el contrario han tratado de imponerse.
Recuerdo otra vez a los estudiantes de Antropología hablando de los desarrollos culturales antes de la conquista europea, decíamos que los Wari, antes de los incas, se asentaban en los territorios conquistados, dejaban allí sus estructuras, su arquitectura regada en todos su dominios, era un imperio presente. Los incas en cambio establecían una "pax andina" con los territorios sangrientamente conquistados, dejaban oidores, llevaban amautas, dominaban políticamente y establecían alianzas con las noblezas conquistadas. Eran políticamente más exquisitos, sólo de esa manera intentaban dominar ese inmenso territorio que empezaba a ser el Tahuantinsuyu cuando llegó la conquista europea.
Y actualmente que?, el Estado peruano irrumpió más de cien años atrás, impuso un orden, una estructura y una ley ajena, dejó a sus oidores y recaudadores en las provincias y como hasta hoy, se largó a esconderse en el barullo de Lima.
En la colonia había una República de españoles y otra República de Indios y ahora hay en Lima una república del Perú y el resto somos peruanos de segunda clase. Si arequipeños y tacneños somos peruanos de segunda clase imagínense dónde estarán pueblos como Ilave si nosotros, en el sur: recién ahora nos acordamos que existía.
Ante la ausencia del Estado un pueblo con la fuerza de la identidad y con capacidades para moverse y decidir en grupo actúa así, gregariamente, en grupo. Y la ira en grupo es inmanejable.
Es la primera vez que esto sucede?. No. Acaso no recordamos los tacneños cómo actuaban los migrantes de Cachipucara en lo que tiempo después sería el distrito de Ciudad Nueva?, es ajena para alguien la práctica de linchamiento a delincuentes cuando la policía ha desaparecido en los barrios aymaras?
La ausencia del Estado genera un vacío que cualquier fuerza es capaz de llenar. Sendero aprovechó esos vacíos del Estado y dirigió una reacción brutal y asesina. Los pueblos con capacidades de actuar en grupo, difíciles de recibir una dirección en ese estado han demostrado también los niveles de insanía a los que son capaces de llegar.
El Estado simplemente no puede continuar ausente, y su presencia debe darse en la convivencia en armonía con un pueblo que vive allí cientos de años. El estado peruano no puede imponer sin reconocer una cultura y una identidad fuertes. Es la oportunidad para corregir olvidos históricos. Es tiempo para reconocer que no se trata de imponer la "ley y el orden", sino que la autoridad tradicional existe y debe reconocerse. Hay que fortalecer la presencia del Estado, obviamente, pero deben fortalecerse allí esas culturas. No se trata de "peruanizar" a los aymaras; se trata de que una identidad fuerte como la aymara construya junto a las demás identidades, también fortalecidas; un Estado peruano que haga posible la convivencia en armonía, con justicia y que sea incluyente, capaz de respetar a las denominadas minorías.


Juan Miranda Sánchez Ottawa, Canadá               

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