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Juan Miranda Sanchez
Ottawa, Canadá
“Día extremadamente caluroso, agosto por la tarde en Nueva Orleans…Un
millón fueron evacuados, los que se quedaron fueron gente que no tenía
carro, sin casas, viejos, enfermos y aquellos en Nueva Orleans que
siempre tienen pretexto para una fiesta.
La tempestad chocó con Breton Sound con la furia de una bomba nuclear
empujando las olas que la preceden hacia el lago Pontchartrain..
…cuando el agua llegó a 25 pies (8 metros), sobre parte de la ciudad, la
gente escapó subiendo a sus techos.
Miles se ahogaron en estas aguas que pronto se contaminaron con desagues
domiciliarios y desagues industriales. Miles más que sobrevivieron a la
inundación murieron después de deshidratación y enfermedades esperando
ser rescatados.
Tomó dos meses de bombear el agua de la ciudad. Pero Nueva Orleans estaba
enterrada bajo una capa de sedimento pútrido, un millón de personas sin
casas y 50,000 muertos. Era el peor desastre natural en la historia de
los Estados Unidos.
Cuándo sucedio esta calamidad?, todavía. Pero no es un escenario difícil
de imaginar…”
Los párrafos precedentes no pertenecen a alguna nota periodística de las
dos ultimas semanas, luego de la catástrofe de Nueva Orleans. Se trata de
los primeros párrafos del artículo titulado “Gone whit the water” de Joel
K. Bourne Jr., aparecido en la edición de octubre del 2004 de la revista
National Geographic, hace más de un año.
Y hace mas de un año también, la Agencia Federal de Gestión de
Emergencias, (FEMA) indicó que lo que ha ocurrido en Nueva Orleans era
una de las mayores amenazas de la nación, junto a un ataque terrorista en
Nueva York y un terremoto en California.
Ni el aparato burocrático para la administración de emergencias, ni los
centros de investigación científica, ni los medios de comunicación y
mucho menos las instancias ejecutivas del gobierno estadounidense
desconocían esto.
Qué falló entonces?. Nada en absoluto. La orden de evacuar la ciudad fue
dada dentro de los marcos regulares. Y quienes no pudieron salir eran
quienes se esperaba, aquellos que no contaban con movilidad o con medios
como para pagarse el transporte, pobres, negros, latinos y viejos,
doblemente pobres. Una cronica de Yolanda Monge aparecida en El País, de
España, habla de la perseguidora tragedia de los hondureños que huyeron
de su país tras la miseria que dejó el huracán Mitch en 1998. Pensaron
ocultarse en Nueva Orleans hasta que Katrina los desnudó nuevamente.
Ahora algunos de esos hondureños no denuncian robos, temen inscribirse en
los programas de ayuda, son ilegales. Pero paradojicamente son los que
trabajan en la reconstrucción de la ciudad, siempre bajo el temor de ser
deportados.
Lo que sucedió en Nueva Orleans no estaba fuera de lo previsto. Obedece
en todo caso a una dura política de exclusión que llevan adelante los
sectores más conservadores instalados en todas las esferas de poder de la
sociedad estadounidense.
“Estupidos hombres blancos” los llamó Michael Moore en su panfletario
best-seller, blancos , arrogantes y ultraconservadores, amparados por la
“misión que Dios les ha confiado”, como recuerda el escritor Thierry
Meissan.
Es asunto de prioridades. Y entre la seguridad de los negocios petroleros
de sus socios y la seguridad de sus ciudadanos, pobres, negros , latinos
y viejos; los negocios son prioritarios. Maquiavelico?, ponganle el
adjetivo que deseen. Pero si se trata de establecer costo-beneficio en la
movilización de logística y personal hacia los países árabes o asegurar
esta misma logística para salvar a los pobres del estado de Louisiana el
gobierno estadounidense no tendra la menor duda, por más informes
científicos, periodísticos o de sus propias agencias burocráticas
alertando sobre el peligro.
Está en esta misma dirección su negativa a acoger cualquier inicitiava
para atenuar el deterioro del planeta. El calentamiento global y los
cambios climáticos generados por éste no están en su agenda porque
afectan económicamente a sus socios.
El Protocolo de Kioto establece compromisos en la limitación y reducción
de las emisiones de algunos gases de efecto invernadero responsables del
calentamiento del planeta. Y la administración Bush no lo ha firmado.
Y no lo hará a pesar que instituciones como la Sociedad Ecológica de
América (ESA) y la Union of Conscerned Cientists (USC) advirtieron que
las costas del sur de EEUU eran vulnerables a un eventual aumento en la
potencia de los huracanes debido al "calentamiento de la superficie del
mar tropical y extra tropical".
Para ellos no habrá ninguna lección que sacar de esto.
El acelerado descongelamiento de los principales nevados en el Peru,
provocado por el calentamiento global es un tema que tampoco habrá de
interesarles.
Hace aproximadamente un mes la BBC de Londres emitió un informe por
television sobre la rapidez con la que se descongelan los grandes nevados
en el Perú. La principal fuente de agua de todas las comunidades aledañas
y que alimenta también los ríos que dotan del recurso a las grandes
poblaciones urbanas se esta secando.
Sólo un importante periódico de circulación nacional hizo eco del informe
londinense, los demás callaron y seguirán callando como lo determina el
amo estadounidense. Callaron de la misma forma en la que se apresuran a
satanizar a quienes luchan contra los devastadores efectos de la
actividad minera o cualquiera de los negocios que sólo termina afectando
la vida de los más pobres. Para ellos el concepto “uso racional de los
recursos” es ya signo de anacronismo, bandera de los enemigos del “desarrollo”,
término subversivo.
El protocolo de Kioto no sirve de nada si no se adhiere a él Estados
Unidos.
Y si los líderes del mundo, los estúpidos hombre de todos los colores, no
hacen nada por aminorar el proceso de calentamiento global, los huracanes
serán más intensos en el golfo de México, el descongelamiento de
glaciares en el polo norte sera más rápido –los científicos median el
proceso por decenios, ahora tienen que hacerlo por años- incrementando el
nivel de las aguas del mar, y en 10 años los nevados peruanos se
descongelarían irreversiblemente.
Un informe de científicos del Reino Unido indica que si no se toman
medidas a tiempo, en 2015 el mundo será dos grados centígrados más
caliente de lo que era en 1750, antes del comienzo de la revolución
industrial.
Nueva Orleans es un escenario que se repite con los excluidos del planeta,
los pobres de todo el orbe, y Katrina es no sólo el nombre de un huracán
devastando Louisiana, es sobre todo la materialización brutal de una
política de exclusion.
Juan Miranda Sánchez Ottawa, Canadá
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