Lamento Boliviano

por Juan Miranda Sánchez Ottawa, Canadá

Al momento de escribir el presente artículo, ya eran más de 50 las víctimas de la violencia absurda que se vive en Bolivia y los mismos resentimientos y los mismos desatinos y la misma falta de escrúpulos y responsabilidad son los protagonistas de este lamento enfermizo y fatalista que acompaña la historia de nuestros pueblos.
Qué tanto que nos parecemos los latinoamericanos en nuestras desgracias!.
Era tan anunciado este panorama en Bolivia, que lo único lógico era que no sucediera. Y sucedió.
Un insigne arequipeño escribió, y puede verse en uno de los arcos de la plaza de Yanahuara; que la suya era una tierra tan bravía que donde se siembra un desatino, brota furiosamente una revolución. No en vano se nace al pie de un volcán, dicen los arequipeños. Bolivia es ahora la depositaria de esta frase que yo transcribo libremente y traicionado por la memoria.
Pero lo de Bolivia, como en nuestros otros pueblos andinos; no es sólo producto de desatinos, sino de la incapacidad de las clases dirigentes de poder entender que jamás estuvieron a la altura del rol que se supone debieron desarrollar. Y esa histórica incapacidad es de aquella que enceguece, por sobervia, por ignorancia, por intolerancia, por "pura purita" incapacidad.
Los sectores dirigentes en Bolivia, en Perú y Ecuador todavía están viviendo en una República de 
criollos y otra República de Indios, donde los segundos somos ciudadanos de segunda clase, donde nuestro parecer no cuenta, donde nuestra posición no es la correcta; para eso esta la "posición oficial", donde ni siquiera se nos consulta, sólo se nos hacen saber las decisiones.
Al gobierno de Sánchez de Lozada no le importó nada que la mayoría de su población dijera no a la decisión de sacar el gas boliviano por territorio chileno, las fibras íntimas, como las heridas históricas de la población no cuentan, se trata de una mayoría equivocada ante una minoría conocedora, poseedora de la verdad, tecnócrata, adinerada, moderna, conectada al mercado y sobre todo blanca y por ello iluminada.
Lo mismo sucedió hace unos cuantos días en el Perú, el vicepresidente, Raul Diez Canseco, representante de la misma incapaz clase dirigente; quien más parece el real mandatario; decidió por su cuenta, pasó por encima de todos, porque para eso sabe lo que hace; se inclinó cuanto más pudo ante el amo norteamericano y decidió sacar al Perú del grupo de 21 países que lograron dejar mal parados a los poderosos en Cancún.
Al final de aquella cita fracasada del balneario mexicano, que los "antiglobalización" celebraron alborozados, el representante estadounidense salió echando chispas ante la prensa y amenazó asegurando que el matón del norte ha tomado nota de aquellos países que permitieron que esto sucediera. Diez Canseco obedeció inmediatamente, sin importarle lo que piensen o decidan el resto de sus conciudadanos, ciudadanos de segunda clase.
Lo peor es que ante estas actitudes sempiternas de quienes gobiernan desde siempre no existe una alternativa clara o coherente, la coyuntura se presenta como una invitación abierta a la irresponsabilidad.
Lo peor que puede suceder a Bolivia es que estas jornadas de enfrentamientos absurdos sólo sirvan para hacer crecer figuras sin sustento alguno. Lo más irresponsable sería que, haciendo a un lado los cadáveres con el pie, camine hacia la gloria electoral alguien que pretenda representar la voz de las mayorías. A Felipe Quispe no le ha temblado la voz cuando dijo que "ya es hora que los indigenas gobernemos nuestro país", por poco le faltó decir "y los indígenas soy yo". Lo que ya es tiempo es que los indígenas sepan quiénes utilizan su nombre para encumbrarse personalmente. Ya es tiempo que los indígenas castiguen a estos "líderes" cuyas ambiciones han hecho posible dividirlos tanto hasta el punto que permitieron la elección de Sánchez de Lozada. Ya es tiempo que los indígenas puedan mantener una voz unitaria, cimentada en el respeto de sus diferencias, cimentada en la diversidad de sus pueblos y naciones. Ya es tiempo que los indígenas recuperen para la política y para la vida nacional los valores y la ética indígenas. Ya es tiempo también que los indígenas formulen una propuesta de país, múltiple, diverso; pero capaz de vivir en armonía.Sinceramente considero que todavía no ha llegado el tiempo del gobierno indígena, lo que ha llegado es el tiempo de prepararse para él, de sacar las mejores experiencias de más de 500 años de luchas y resistencias. Basta de que seamos nosotros los que pongamos siempre los muertos, es hora que pongamos las alternativas responsables en países donde necesitamos vivir juntos aportando lo mejor de nuestras diferencias.
Perú estaba pasando por una experiencia interesante, después de los extremos a que habíamos llegado con la cleptocracia (como bien la ha calificado Mario Vargas Llosa) Fujimori-Montesinos; el denominado "gobierno de transición", pero no tuvimos la madurez suficiente para darle la importancia debida y mucho menos entender que este proceso requiere de un tiempo mayor que los plazos que establecen las angustias electoreras.
Ojalá en Bolivia aprendan de esta experiencia y logren establecer en los hechos un gobierno multilateral que garantice la viabilidad democrática de los próximos años. Allí sí el país va a necesitar la mayor energía de los indígenas, allí sí los representantes de las comunidades, de los ayllus y las markas, los apu mallku y los mallku están en la obligación de poner lo mejor de su sangre, por la construcción de una país que lucha por la vida, y no transitando sólo el oscuro derrotero de la muerte. Ojalá no sea sólo un triste lamento lo que acompañe las próximas horas de Bolivia, sino la misma energía de los demonios felices del altiplano que danzan dichosos en la fiesta desde hace más de 500 años.

 Juan Miranda Sanchez                                          

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