"Todos a reír y a gozar, todos a gozar del carnaval/
mascaritas vamos a bailar, con ritmo triunfal/ carnaval, carnaval, de alegría
sin igual.." Eran estos los primeros versos de un "potpurrí", de pegajosa
música, que se bailaba con gran alegría en los tres días que duraba el carnaval
de antaño. Afirmo, si la memoria me es fiel, que la orquesta era dirigida por el
maestro Manolo Avalos. El disco se grabó en la disquera Sono Radio.
"Ay carnaval, carnaval, son tres noches con sus días.una fiesta de color, una
fiesta de alegría..que entre reír y reír, las penas se vuelvan nada..",
cantaban, con ritmo de polka, Irma y Oswaldo, el mejor dúo mixto del Perú, sin
duda ninguna.
En el sur, y especialmente en Arequipa, hasta hoy es clásico el Carnaval
Arequipeño, de Benigno Ballón Farfán. También escucho, muy a lo lejos, en el
laberinto de mis recuerdos, la música y la letra de un candombe que tenía como
motivo el carnaval uruguayo "ay carnaval, del Uruguay .".
Varias personas me han preguntado, frecuentemente, cómo era el carnaval en
Tacna, en esos años en los que viví mi infancia feliz y despreocupada. Haciendo
un paréntesis les digo que, en mi concepto, en mala hora, por decreto, se
suprimieron los feriados dedicados al carnaval. Yo creo, como los griegos
creían, que es necesario que el pueblo tenga una catarsis, un tiempo de real
relajo, de no pensar nada. Un tiempo para la diversión, para intercambiar roles,
para sacar lo que se tenga en el subconsciente. Para eliminar los prejuicios,
para ver, con el ojo de la fantasía, el mundo de otra manera. Unos días en los
que, por las noches, en las fiestas las gentes se disfrazaran de lo que
quisieran. Así el pobre viviría una fantasía de rico, la fea sería una princesa
y el que fracasó en la vida un gallardo emperador. Aunque sea para, después de
pasada la alegría, volver a la triste realidad. "Noches alegres, mañanas
tristes", decían las viejas antaño.
Me parece, digo, es un decir, como escribía Vallejo, que nos hemos vuelto
demasiado serios. Somos cada vez más, como dicen los chilenos, unos reverendos
tontos graves. Creemos que porque se pierden tres días en la juerga ya se detuvo
el progreso, se paralizó el mundo. Mentira. No pasa nada. Un país tan grande,
tan próspero, pero también con mucha miseria en sus favelas, como el Brasil,
mantiene su carnaval durante tres días y el mundo sigue girando como debe ser.
Y quienes se niegan a la fiesta son, precisamente, aquellos empecinados en que
"the time is money". Claro, amables señores forjadores de riqueza, estoy de
acuerdo. El tiempo es oro, para ustedes. Pero que no lo sea tanto como para qué
mañana, Dios y Momo no lo quieran, amanezcan muertos por las tensiones que
origina atesorar, sin medida ni concierto cuando, muchas veces, como reza el
dicho popular, nadie sabe para quien trabaja. Las gitanas lo saben. Casi siempre
es para un yerno hábil, que aparece oportunamente en el horizonte, en el momento
menos pensado. Y, adiós mundo cruel.
Cada vez que caigo en la cuenta de que me falta piso pienso en estas cosas y,
como no tengo nada que perder, ni aparecer bien a nadie más que a mi conciencia,
las escribo para compartirlas con ustedes, carísimos lectores, puesto que todo,
absolutamente todo en esta corta vida, es relativo. Ya lo decía ese viejecito,
con cara de abuelo pícaro y gracioso, que se apellidaba Einstein.
Me he ido por peteneras, como dicen los chapetones. El paréntesis ha sido largo.
Volviendo a lo nuestro recuerdo que el carnaval empezaba el domingo con la
entrada de Ño Carnavalón, por el Barrio Alto Lima. En los siguientes días se
coronaba a la Reina, en el Teatro Municipal. La reina había sido elegida por el
voto popular que se compraba en las tiendas de San Martín. Las reinas eran
presentadas por diversas instituciones locales. También se coronaba a la reina
del Trabajo, a la del Alto Lima, del Callao, del Tigre, del Mercado y a la reina
infantil. Los bailes populares tenían como escenario la Sociedad de Empleados,
en la cuadra ocho de la calle Zela; el Club Eléctrico, en la calle 28 de Julio o
en el Pampón, en la avenida Dos de Mayo, en el local que hoy ocupa el Colegio
Mercedes Indacochea.
En los tres días recorrían la ciudad camionetas y camiones llevando a los
muchachos que, premunidos de cilindros, lanzaban agua a diestra y siniestra. No
había mortal que se salvara de un refrescante chapuzón. Por la noche, en la
Plaza de Armas se jugaba con chisguete y se echaban polvos perfumados, mujeres y
hombres. Los varones portaban el chisguete "Amor de Pierrot" y ellas "Amor de
Colombina".
En el teatro y en las fiestas era común lanzar serpentinas con "conversas de
amor". Esto consistía en ubicar a la destinataria del mensaje para enviarle,
desde lejos, una serpentina que traía impresas varias frases románticas o de
invitación al amor. Por eso eran "conversas de amor".
Desgraciadamente quienes pagaban el pato eran siempre, o casi siempre, las
chicas serranas que trabajaban en las casas como empleadas "domésticas". ¿ Habrá
empleadas "salvajes"? No lo sé. A la serranitas, a las cholas directamente, para
decirlo sin tapujos y sin hipocresía. Para ellas se armaban unas pelotas de
trapo, rellenas con harina, a las que se les unía una larga tira. Una especie de
boleadora, creo que así se llama a los artefactos que usan los pampinos
argentinos. Pobre cabeza la que recibía ese impacto que, además de doler,
blanqueaba. Eso se llamaba, precisamente, "matachola".
El Carnaval en Tacna culminaba en el Barrio Callao, también el domingo. Primero
se paseaba a Ño Carnavalón, en un ataúd, entre el llanto lastimero de su viuda
que, por años, fue el "Colorao" Zavala. Antes de cremarlo se leía su testamento.
Más de un tacneño era aludido en ese gracioso documento. Y hasta el próximo año.
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