Confieso que, desde hace bastantes meses, veo por las calles
de la ciudad modernas camionetas de las llamadas 4 x 4 y otros lujosos
automóviles, con placas de Chile, algunas con lunas polarizadas, de las cuales
gentilmente me saludaban.
Yo me sorprendía pues no creía tener tantos amigos chilenos que me pasaran la
voz. Hasta que, esperando el cambio de luz en algún semáforo, me percaté que
desde una de aquellas camionetas me miraba, bajando la vista, hacia mi viejo
carrito coreano, del siglo pasado, un paisano tan peruano como Toparpa o Yawar
Huaca.
Pregunté entonces porqué circulaban tantos carros con placa chilena. Mis
informantes me dijeron que se trataba de gente adinerada, generalmente
comerciantes, que buscaban un testaferro en Arica, adquirían un vehiculo que
aquí les costaría cuatro veces más. La única molestia era que debían cruzar la
frontera, todos los fines de semana, para hacer acto de presencia en el país de
origen. También me dijeron que muchos hacen esta operación por un tiempo y que
después, por arte de birli birloque, los automóviles o las camionetas se hacen
humo, generalmente por la frontera con Bolivia con lo que el negocio es redondo
para los hábiles inversionistas. Bueno, a quién Dios se lo dio que San Pedro lo
bendiga.
Hasta ahí la cosa no sería nada más que el ejercicio patente de la viveza
criolla o de aquello de que las oportunidades se presentan calvas. Lo penoso ha
sido para mí, y otros tacneños con sangre en la cara, leer en el diario EXPRESO,
que felizmente tiene un tiraje mínimo y llega a pocas regiones, una nota, en
primera página, que decía que Tacna ”se chilenizaba”. Para ilustrar la nota
publicaron una fotografía de uno de esos carros con placa chilena.
La noticia la levantaron otros medios y hasta un programa de televisión nocturno
que envió reporteros a Tacna para agregar más argumentos. Tomaron declaraciones
a los diplomáticos peruanos y chilenos y, felizmente, no se alargó el asunto
para el bien de todos. Sin embargo, apareció otro caso y es el referente a que,
en los últimos años, más de medio centenar de peruanos han adquirido la
nacionalidad chilena. No se trataba de cientos o de miles como decían los
exagerados de siempre.
Como es natural, en toda frontera viva, hay intercambio permanente de personas.
La gente se conoce, se enamora y se casa. Se casan peruanos con chilenas y
viceversa. Y eso ha sido siempre. Lo que sucede es que en estos tiempos los
diplomáticos chilenos han informado que por mandato constitucional todo hijo de
chileno, nacido en el extranjero, según ellos, es chileno. Si es así basta con
seguir un trámite, acreditar la partida de nacimiento del progenitor y
suficiente. Y tenemos entonces a un ciudadano con doble nacionalidad sin que
ello constituya delito alguno. La ley lo faculta. No quiere decir, por eso, que
cincuenta o cien o más que se acojan a ese beneficio provoquen que Tacna “se
chilenice”.
Todos sabemos que Tacna es la segunda colonia en importancia, en el Perú, en
proporción con Lima, naturalmente. Hasta aquí llegaron muchos italianos que se
casaron con peruanas, con tacneñas, más específicamente. La ley italiana
reconoce la ciudadanía, por la línea paterna, hasta la quinta generación, me
parece. Por ello resulta que hay más italianos en el exterior que en el propio
territorio italiano. A nadie se le ocurrió nunca decir que Tacna “se
italianizaba”. Aunque si, quienes saben reconocerlo, se les agradece haber
traído su rica gastronomía, la manera de fabricar el vino y de ordenar el
comercio a través del crédito, aun en los pequeños “despachos”.
Qué bien que no hayamos pisado el palito de los escandalosos y de la prensa que
orilla el amarillaje. América tiene suficiente con los problemas entre los
venezolanos, los colombianos y los ecuatorianos. Nosotros tenemos que estar con
los cinco sentidos en alerta para evitar que se nos infiltren los guerrilleros
de las FARC por el norte y los de las casas subvencionadas por Chávez, en el
sur, y escuchar sandeces como la del indefinible Presidente de la Regiòn Puno,
reyezuelo envuelto en su propia maraña de la cual nos sabe ahora como salir para
decir que no dijo lo que dijo.
Los tacneños y quienes no siéndolo viven en esta ciudad, debemos ser cautos,
medidos, discretos en temas sensibles para no lanzar gritos que se los lleve el
viento u organizar marchas ridículas que se desinflan como pompas de jabón, por
quítame estas pajas. Lo que no quiere decir, de modo alguno, que no estemos
siempre alertas, preparados y bien informados para salir al frente cuando
realmente valga la pena hacerlo por algo que comprometa el bien común. Ahora
aparecen los apóstoles del patriotismo con una facilidad increíble y pretenden
manejar a los incautos a través de ONGs u otras asociaciones contándoles
cualquier cuento. El asunto es que ellos, bien gracias, se la llevan toda. Es
decir los dolarillos que les vienen del exterior, a los de las ONGs, por
defender, dizque, las causas de los “más pobres”. Una vez más, el vivo vive del
tonto y el tonto de su trabajo.
Tacna, en estos últimos años, esta recibiendo una gran cantidad de turistas,
diariamente. Es la segunda frontera por donde más ingresan los visitantes al
país. Felizmente, también, las autoridades municipales y la proximidad de las
cumbres mundiales, contribuyen a que se mejore el rostro de la ciudad, que se
ordene su tránsito, que se embellezca el ornato de la ciudad.
Quienes más nos visitan son nuestros vecinos del sur. Ellos saben que el pisco
sauer de aquí es inigualable, que la comida es variadísima y barata, que la
propia cerveza, por la calidad del agua, es mejor que la de ellos y que la
confección de las prendas de vestir peruanas es superior. También saben que la
atención de los médicos es cálida, amigable y más económica en comparación con
la de su país. Estas son certezas irrefutables. Por eso vienen y hay que
atenderlos con cortesía en hoteles, en restaurantes, en los taxis.
Pero decir que Tacna se “chileniza” es una tontería del tamaño de una catedral.
Para qué más brinco cuando el suelo está parejo. Amén y Feliz Pascua ¡¡¡¡
2008-03-22
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