POEMAS
de FREDY GAMBETTA

sumario:

RECUERDO DE ALFONSINA STORNI
PERSISTENCIA DEL AMOR
ALEGRÍA INESPERADA
PREÁMBULO DEL SUEÑO FRENTE AL MAR
EN TACNA EVOCAMOS A DANIEL SANTOS EL DÍA DE SU MUERTE
CARTA PARA ROSARIO DE NICARAGUA
RECUERDO DE JUAN MEJÍA BACA
SALUDO Y HOMENAJE AL POETA GUILLERMO MERCADO.....
CARTA PARA JUAN GONZALO ROSE
MENSAJE PARA FRANCISCO YEYO BASILI
RECADO ESCRITO PARA JOSÉ MARÍA EGUREN
RELACIÓN DE LAS COSAS QUE VIVEN CONMIGO
PALABRAS PARA EL GRAN MARISCAL SANTA CRUZ
ES EL TIEMPO DE DESFILES Y BANDAS DE COLORES
BREVE HISTORIA DE UN DESCUBRIMIENTO
MENSAJE PARA LULA ESCRITO EN LA PLAZA DE ANTOFAGASTA
A LA MEMORIA DE ARSINOE MAIRENE
BALADA DE AMOR A DOS VOCES
PRIMERA HISTORIA DE NUESTRO AMOR
NOTICIA DE UN SUEÑO
REFLEXIÓN EN TORNO A LAS ANTIGUAS FOTOGRAFÍAS
RECUERDO DE HUGO SALAZAR
La vasija
RELÁMPAGO EN LA NOCHE
PSICOANÁLISIS
EXPLICACIÓN
PRIMER AMOR
AVE DE MAR
LA CASA DE MI INFANCIA
EPITAFIO
EPITAFIO
DE TARDE EN TARDE ESCRIBO
PRIMERO FUE UN PARAÍSO
PARA TI NO HABRÁ PAZ
NECESITO AMARTE
AUTOBIOGRAFÍA PRIMERA
HUELLA EN LA ARENA
REENCUENTRO CON LA POESÍA
A PABLO NERUDA
MI HIJA LOURDES BEATRIZ
CANCIÓN PARA WILLY FA
ESCRIBIR POESÍA
BREVE TRÍPTICO
ELLOS SE VAN
LAMENTO DE BURÓCRATA
EL COLEGIO DE MI INFANCIA


La vasija

Con cuidado
entremos al fondo
de esta antigua
vasija. La oscuri -
dad del tiempo irá
marcando los pasos
de la imaginación. Fue esta la
vasija que sirvió al guerrero.
La que refrescó las tardes des
pues del amor. La que en sus
manos tomaron los dioses. ¡Ca
lla ¡ Alguien llama desde el
fondo. Son manos que se es -
fuerzan. Gemidos de morenas
doncellas. Ruidos & símbolos
extraños. ¡ Calla ¡ ¡ Calla ¡
Silencio. Escucha. Desde el
fondo de la vasija el antiguo
amor requiere un gesto, una flor.

Tacna, 1973

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RELÁMPAGO EN LA NOCHE

Alto inalcanzable signo
como los sueños.

Acaso una ventana
al mar
soplo de luz
mañana reunida
frescura de calles vacías.

Fuimos más allá
de las primeras fronteras.

Tu juventud triunfante.
La libertad que no tuve.

Las luces prometían
el fuego.
No me fue dado
acariciarlas.

Relámpago que abraza
y más silencio.

Para qué las palabras,
ni el color de tus ojos.

Una huella en tu frente,
el mayor regalo
a la ternura.

Las luces de la noche
anunciaron el olvido.

En la memoria quedan
la línea de tus cejas
tu asombrada mirada
el aliento que unimos
el espacio que ocupamos
un instante en el tiempo.

Eso es todo
a la sombra
del frío inventario.

Tacna, 2000

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PSICOANÁLISIS

La muerte
El ya-no ser
La vida pasa

Gota a gota
Destila el tiempo
Arrugas en la piel.

Tacna, 1978

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EXPLICACIÓN

Cuando calle
no es que esté triste
o que te haya abandonado.

Hay hondos silencios
más ardientes
que el más ardiente beso
o la más larga caricia.

Tacna, octubre 1981

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PRIMER AMOR

Por la larga alameda
no queda ni la sombra
de sus floreados vestidos.


Tacna, septiembre de 1976

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AVE DE MAR

Ave de mar
marinera.

Va a perderse
en hontanar.

Mi alma
vuela y navega
por el cielo
y por la mar.

Tacna, 1978

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RECUERDO DE ALFONSINA STORNI
* A la señora Isabel Ayulo de Basadre

Esta playa,
estas huellas de espuma,
las olas que el aire dibuja,
recuerdan tu nombre Alfonsina.

Ahora que he salido del océano
a tenderme en el silencio azul
de los guijarros,
ahora que veo mis manos,
empapadas de sal,
te recuerdo Alfonsina.

Me tiendo
junto a mi compañera
y entre nosotros brotan besos
que podrían repetirse
y repartirse en los labios
de mil muchachas de miel
o de arena, te recuerdo Alfonsina.

Recuerdo tu honda pena.
Tus ligeros pies flotando,
tus pies ya sin fondo.
Tu angustia y tu dolor ahogados.

Alfonsina, hermana.
Resérvame un lugar en la torre
de agua donde moras.
Un lugar pequeñito,
un refugio de luz,
para jugar contigo,
para cantar,
para que me enseñes, Alfonsina,
cómo se destruyen los caminos
que un día te llevaron
caminando, caminando,
al fondo del mar.

Tacna, 1975

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PERSISTENCIA DEL AMOR

A visitar la angosta calle donde moraba la primera novia el enamorado
retorna.

Es una larga calle abandonada a su soledad. Mantiene mortecina la luz,
grises las veredas.

Años hace que ella abandonó el paraíso.

El antiguo, el fiel enamorado, puntual regresa a esperar frente a la puerta
que no se abre.

Años antes la imagen juvenil, perfecta, alada, aparecía a la voluntad de un
silbido. Aquello es un recuerdo.

Una tímida luna, la misma de los días felices, asoma entre las nubes,
oteando. El enamorado, contemplándola, cree observar, en la penumbra, la
amada cabellera que se deslizara entre sus dedos.

La ilusión se deshace.

Queda solamente la vieja calle, un larguísimo silencio, las puertas
cerradas, la presencia de un amante que persiste y retorna cuando evoca el
aroma de
un perfume o el aliento de una sonrisa perdida en el otoño.

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ALEGRÍA INESPERADA
a mi hija Fiorella

Nos suceden diariamente distintos episodios, renovadas vivencias.

Momentos gratos que nos hacen ver las horas más hermosas.
Entonces creemos que lo creado en el universo, las palabras, los objetos, las alegrías, ha sido destinado para nuestra felicidad.

Otras veces el mediodía se hace oscuridad profunda y sentimos que el ser se desliza por insondables túneles de vértigos y sombras.

Hoy el día trajo a mi casa una alegría inesperada. Mi pequeña hija, de tres años, alegró la mañana recitando, con gracia extraordinaria, uno de mis poemas.

Quede registrado este detalle para mi más importante que escribir un libro o plantar un árbol.
( Escrito en el aire, volando de Tacna a Lima,el miércoles 2 de septiembre de 1981)

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PREÁMBULO DEL SUEÑO FRENTE AL MAR

En una alta ventana, frente al mar, pregunto: ¿ Qué extraños países, qué
hombres, qué mujeres, aguardarán al navegante que en línea recta partiera de
la orilla y siguiera navegando, sin más equipaje que su curiosidad, en esta
primera hora de una noche de invierno, con neblina y bruma sobre el no muy
pacífico océano?

Bajo ese interminable tapiz ondulado, ¿ qué mitológicos seres, qué ciudades,
que sueños, qué barcos y antiguos tesoros esperan la gracia de un
descubrimiento?

En esta hora azul solamente son verdad el sonido de las olas, estrellándose
en las rocas grises, y los lastimeros y aislados chillidos, de las aves
marinas, que atraviesan las sombras para morar en los lugares a los que no
llega la mirada de los hombres.

Lo demás es sueño, desvarío, ejercicio mental de un ser confundido que se
dispone a dormir.

Puerto de Ilo, PERÚ, 15 de agosto de 1981

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EN TACNA EVOCAMOS A DANIEL SANTOS EL DÍA DE SU MUERTE
para Juan Gonzáles

Fue en el bar de Janono, abierto a los sueños, cuando de entre el humo y la
espuma que llegan al alma, apareció, inesperadamente, su rostro bigotudo,
sus enormes ojeras - caribeño rostro inconfundible, de bohemio empedernido,
emperador de la noche y del alcohol - y su inconfundible gangosa voz.

Recurrente fue el recuerdo de antiguos boleros, que bailamos abrazados al
corazón de las muchachas que fueron.

No nos abandonaba su presencia. El tufo de la mesa fue su aliento y el color
de la ceniza, el de su rostro.

El inquieto anacobero no se marchaba de aquel bar de la sureña provincia
peruana. Cómo si hubiéramos evocado a un espíritu querido, para abrigarnos a
su sombra.

¡ Extraña coincidencia! En esa hora vespertina, en azulado hemisferio,
Daniel Santos no era más en el mundo y sus placeres. Aquello sucedió,
exactamente, el viernes 4 de diciembre de 1992.

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CARTA PARA ROSARIO DE NICARAGUA
a Rosario Murillo

Si algún día Rosario te encontrase en la vieja Estación de Niquinohomo,
amarrada a un palo mayor, o a un riel oxidado por la lluvia, y el llanto, en
el fondo de tus ojos seguirían danzando las bordadas banderas de Gualtayán.

A tu lado, como un gallardete, la sonrisa triunfante de tu niño flamearía,
como ahora, en este recuerdo largo que te envío desde el sur.

Rosario, adivino que en tu hermosa cabellera nocturna, hecha de exóticas
hebras centroamericanas, amanece brillante un güis altivo.

Déjame que prenda en ella una buganvilla, una fresca rama de vilcas de mi
tierra. Deja que te tienda mi mano, de hermano americano, para que
construyamos el reino en el que mañana, el pueblo y la belleza, tengan por
fin donde instalarse.

Tacna, PERÚ. 27 de septiembre de 1976

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RECUERDO DE JUAN MEJÍA BACA

En mi pueblo no existían libreros, sino oscuros mercaderes.

A mi juventud, pletórica de interrogaciones, llegaban de tarde en tarde
ejemplares con el sello de un librero que después conocería en las
fotografías de los diarios.

Me fueron desde entonces familiares su gesto y su figura, de Quijote
coronado de sueños, la negra catarata que le besaba la frente, y aquella
indefinida edad de la nobleza mochica, dibujada en su rostro.

Un día gris de julio llegué a Lima para conocer a Juan Mejía. Nos
estrechamos en un abrazo y conocí sus batallas, los recuerdos de mil años
que atesora durmiendo en un altillo.

Me contó de sus tristezas, de los oscuros burócratas, de las perlas de la
sal de la vida. Todo lo contaba de frente, este heroico caballero sin
caballo de las modernas edades no doradas.

La niebla de Lima, repentinamente, nos envolvió. No recuerdo en qué momento
abandoné su librería para caminar por las calles limeñas en las que seguían
danzando, jubilosos, los curas, bachilleres y barberos.

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SALUDO Y HOMENAJE AL POETA GUILLERMO MERCADO
 EN SUS CINCUENTA AÑOS DE POESÍA

En una tarde de tu bella Arequipa me entregaste, poeta, con ternura, cuatro
letras luminosas que hablaban de vuelos y esperanzas.

Después nos perdimos en la ruta.

De pronto, esta mañana, te encontré orgulloso caminando a la mitad de tu
siglo vivido en olor de poesía. Ahora ya no te irás, viejo querido. Yo
también soy del sur. Y vengo a sentarme en tu ancha mesa, con la curiosidad
del hermano menor.

Pero no vengo con las manos vacías. Te traigo una botella de buen tinto, de
las chacras de Tacna, un repentino poema, y flores de granado y buganvillas,
para que adornen tu pecho junto al texao fragante de tus campos.

Guillermo Mercado, poeta, al estrechar tu mano, de cholo arequipeño, saludo
a la luz y a la victoria que la poesía alegremente siembra en el esperanzado
corazón del hombre.

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CARTA PARA JUAN GONZALO ROSE

Estabas allí, Juan Gonzalo, en medio del gran salón, durmiendo al inicio del otoño.

Eras un niño grande, cansado, reposando entre las rosas, con las manos cruzadas, correteando en los aleros del sueño.

A tú lado estaba yo velándote, con los bolsillos llenos de duraznos, de tu tierra tacneña, y el recuerdo de tímidos callejones que tus pequeños pies recorrieron en la alborada de tus años más frescos, Juan Gonzalo compañero.

Juan Gonzalo, hermano en el agua, el vino y el aire. En la evocación de las húmedas calles tacneñas que partían de tu sonrisa insomne.

Juan Gonzalo, hermano en la raíz tacneña más profunda y en el atormentado abrazo de tu soledad que no encontraba su brújula en el tiempo.

Juan Gonzalo, hoy que has partido al país de las rosas, que al inicio de la luz te aguardaba, permite que deje en tu pecho la carta amiga que esperabas.

Tacna, abril de 1983

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MENSAJE PARA FRANCISCO YEYO BASILI

Francisco, amigo, ¿ qué ofrecerte?, sino algunos caros recuerdos de otros años, breves sueños entre almacenes, geranios y palmeras, de tu Tacna natal.
O, tal vez, un lento recorrido por las calles de Lima o una mirada azul perdida en un malecón frente al mar Caribe.

La vida es eso. Pero también angustia, diaria batalla, agonía. Tú lo sabes.
Mas ignoras que tus palabras, tu claro modo de decir las cosas, hacen que la sintamos siempre bella.

Gracias hermano, amigo, compañero. Qué los días tengan siempre la presencia fraterna de tu palma y tu mirada.

Lima, 20 de febrero de 1986

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LA CASA DE MI INFANCIA

No quedó de ella ni la sombra que proyectaban los árboles que fueron sus vecinos.

En aquellos años era mi juventud desaprensiva, tumultuosa, alejada de mi mismo, de mi espíritu.

No hubo nadie, nadie, ¡ qué tragedia!, que registrara la mampara, el balcón, la ventana pequeñita por la que entraba luz, a la sala de piso de madera.

Aquella mampara tenía un listón suelto, que las visitas golpeaban para llamar. En los cuartos, de altas paredes, el calor del adobe nos abrigaba, en las noches frías de junio, y en los techos, de blanca pintura saltada, creía ver en mi infancia tropeles de caballos, animales marinos y desfiles de soldados.

Por una alta ventana los gatos oteaban mis vigilias. El patio de tierra, al fondo, lucía una delgada parra, una tinaja, un estanque y una vieja ramada. En invierno el barro cubría los senderos que yo, niño solitario, construía hasta los límites donde dormían las gallinas.

Aquella casa en mi memoria ha quedado íntegra. Regresa en los sueños, me visita, para habitarme como alma en pena, atormentada, sin abrigo.

Tacna, 18 de julio de 1988

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RECADO ESCRITO PARA JOSÉ MARÍA EGUREN
* a mi hija Lourdes Beatriz

Cuando el día abre los ojos, o la noche es una huella que agoniza, las buenas niñas bordan celestes canciones en un piano de luz.

En aquellas misteriosas horas están en todas partes tus miniaturas de aparador, de cuidado chinero.

Por el presente, buen José María, te pido que envíes, a mi hijita, en tren certificado, una canasta de puro rocío, fresco viento de verde plaza, largos collares de rondas infantiles, doradas dulceras llenas del manjar blanco de Paquita y rubios rizos de tu pura niña de la lámpara azul.

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RELACIÓN DE LAS COSAS QUE VIVEN CONMIGO

En la puerta de mi cuarto el tiempo golpea. Incesantemente golpea, como el mar en las playas. Golpea el tiempo y acumula, por todas partes, papeles, sueños, plumas, discos, figuras, amores, ilusiones, pesadillas, viejas camisas, poemas, cartas acumula.

Algunas noches cierran mis ojos las palabras de Azorín, frescas como margaritas recién cortadas, en las chacras vecinas, como el pan.

Otra vez son los versos de Neruda o su voz que viene del fondo de un cántaro araucano.

Desde inmóviles cuadros fijamente me miran Poe, Baudelaire, Bécquer, Borges, Mao, Vallejo, el tío Ho, un lince feroz, las pirámides de Egipto, paisajes de la China, yo en Macchu Picchu, Cortázar, Mariátegui, otra vez yo en el recuerdo de una noche surrealista, entre velas y martillos de azufre.

Una radio a mi cueva trae, puntualmente, la agonía del mundo. Viet Nam, Chile, el Medio Oriente, Córdoba, la primavera en Praga, el eterno mayo de París.

También, algunas veces, extraños idiomas se pasean por el silencio o una canción de la Piaf o de Charles Aznavour.

Tacna, 1968

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PALABRAS PARA EL GRAN MARISCAL SANTA CRUZ

Duerme el viejo Mariscal Andrés Santa Cruz, su largo sueño, fresco como una ola que, eternamente, acaricia las playas de Antofagasta.

Por el silencio de los campos, en Junín y Pichincha, victoriosos pasean la memoria y el recuerdo de este gran padre mestizo americano, hijo del Alto Perú.

Valiente soldado, duerme. Los niños se han grabado en el alma tu recio semblante de cholo, tu estirpe de guerrero.

Eres voz rediviva, querido Mariscal, rayo azul en la pampa, interminable motor de nuevas aguas.

Duerme tranquilo, Andrés de Santa Cruz.

Tu augusta sombra es presagio de la aurora que esperamos.

Tacna, 9 de febrero de 1993
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EPITAFIO

El sacerdote que aquí reposa
vendió su alma al diablo,
en festines y orgías,
mientras predicaba bondad
y ofrecía el reino de los cielos.

Hoy, adornado de fuego,
rojo como un tomate,
alcanzó por fin su anhelo:
ser Cardenal y tener mando.

Tacna, febrero de 1976

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EPITAFIO1

Este Excelentísimo
Señor Ministro,
de Economía y Finanzas,
falleció en su despacho
víctima de un informe
de los auditores externos.

Muerte rara.

Pobre Señor Ministro.
Por la mañana anunciaba
la bonanza de su Sector,
hablaba de moralización
y buenos modales.

No contó que
los millones de soles oro,
por ser de oro,
brillarían por más ocultos
que en sus propias arcas
estuviesen.

Tacna, 25 de febrero de 1976

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DE TARDE EN TARDE ESCRIBO


cuando lo que me rodea
la cólera lo llena
y me asfixio y desespero
porqué no hay paciencia
solamente voluntad de enviar
al matadero, cuanto antes,
a las señoronas de verdes plumas,
a los siempre decentes mercaderes.

Entonces escribo y quisiera destrozar
los lechos relucientes.
De las mansiones extraer
cadáveres escondidos
y lanzar las peludas calaveras
en medio de los banquetes,
hasta que a los anillos el tomate
salte y las pelucas embadurne.

Tacna, 1968

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PRIMERO FUE UN PARAÍSO

el piso que habitábamos con papá,
mamá y los hermanitos.
Cuatro eran siempre las paredes.
El mundo pequeño,
sin llanto y sin peleas.

Después las sombras
atisbaron por la ventana.

Supimos lo que era el llanto,
la falta de pan y de cariño.

Hasta que nuestra infancia
para siempre se rompió
como un espejo.

Tacna, 1968

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ES EL TIEMPO DE DESFILES Y BANDAS DE COLORES

las medallas brillantes de los coroneles,
los estridentes himnos, las mentiras piadosas.

Con las grandes palabras patria,
siempre pasadas glorias.
Sobre las presentes heces de la infamia.


En medio de tanques la tuberculosis rondando.
En alas de mirages el hambre de los niños.

Pero siempre más amor a la patria.
Menos amor siempre a los andrajos.

Todavía sin ser libres, ni sanos, ni fuertes,
ni con derecho a gozar de esta fanfarria.

Tacna, 1968

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PARA TI NO HABRÁ PAZ

te seguirá siempre el llanto de los pobres.
Cargarás años de cárcel.
Aunque te confieses a diario,
mirarás sombras, escupirás sangre.

Te asaltarán los escorpiones,
las tarántulas de la cólera.

Nunca jamás habrá para ti paz,
ni descanso.

Tu edificio grande de diez pisos
se llenará de mugre desde el sótano
hasta el cielo que anhelas habitar.

Te saldrá fuego del trasero,
el día que firmes un desahucio.

No podrás andar con las manos limpias,
simpático rentista del Mustang amarillo,
porqué para ti nunca habrá paz,
ni descanso.

Tacna, 1968

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BREVE HISTORIA DE UN DESCUBRIMIENTO
a Isabel Flores

" Un día alguien se animó y limpió los restos arqueológicos de Aypate y
salieron a la luz monumentales construcciones "
LA PRENSA - 17 de octubre de 1976

Con sus manitas la niña
escarbaba en la arena

Apareció una serpiente grabada
con cinceles en un ánfora
de arcilla
De aquello hacen treinta lunas


Ahora que han partido
las caravanas de Land Rover
el viento se encarga
de apresurar el olvido

Allí está
para quien quiera verla
la esquina donde Paucara
esperó a sus enemigos
y Wichita conoció al poeta
padre de sus hijos

Sobre un monte de misterio
suponen los arqueólogos
altos árboles abrigaban
una panadería

La calle del suplicio
tapizada de colores y lamentos
no ha podido ser descubierta

También
cosa rara
el mercado se ha negado
a abrir sus puertas

Relumbran al sol intactas
las plumas de los wichacus

Amantes de la naturaleza
y de la vida
los aypates dibujaban
los rostros de la luna
en lo alto de las torres

Además de la serpiente
que señaló el camino
no se encuentran grabados
de fieros animales
ni de armas

Mayoc tenía un despacho de ilusión
al que los niños acudían
a comprar caramelos

Sobre el fuego y los frutos
siete días en la plaza
celebraban danzando
las fiestas de las estaciones

Nadie hablaba de los pecados
como cosa de extraños

Si alguien robaba una manzana
la casa del ladrón
era pintada de rojo

Los vecinos
largamente se azotaban
en el umbral de la puerta señalada

La vergüenza del culpable
era el castigo mayor

¡ Ah ciudad de Aypate!
Nuevamente iluminada

Mañana sesudos caballeros
inaugurarán debates
seminarios-conversatorios
redondas mesas
pretendiendo descifrar los mensajes
que se suponen formulas
de la felicidad

Nadie descifrará nada

El corazón de los antiguos
no podrá ser reconstruido.

Tacna, 1981

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NECESITO AMARTE

Necesito amarte
bajo las hebras verdes
de los árboles
o en un hotel oscuro
al que llegue el ruido del mar.

Necesito amarte largamente
como cuando en el horizonte
se despide la sombra
de una nave querida.

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AUTOBIOGRAFÍA PRIMERA

Fue mi infancia un río de estrellas, sin orillas para la dicha. En los
callejones de Tacna están persiguiéndose mis pasos, mi risa reventando entre
granados y vilcas, algunas lágrimas regadas por el viento, las huellas de
mis dedos, en la pequeña ermita del cerro, y mi mirada, curiosa, que lo
abarcaba todo en las mañanas luminosas de los sábados, después de los
exámenes de fin de año, entre otras dispersas imágenes que no abandonan mis
vigilias.

La adolescencia, vagando en calles ebrias de camanchaca o descubriendo bares
vaporosos. Amores que nunca fueron realidad y besos repartidos porqué sí
entre muchachas oscuras.

Eso es todo.

Tacna, 1968

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MENSAJE PARA LULA
ESCRITO EN LA PLAZA DE ANTOFAGASTA

El canto de las gaviotas
acompaña a la brisa.

¿ cantan las gaviotas?

No lo sé. Para ti, cantan.

La torre de los ingleses.
El león español que asusta
a los niños.
La glorieta de los eslavos,
el ancla en el cerro,
el agua que sube por las flores,
dicen tu ausencia.

Ojalá a mi lado estuvieras.

Antogasta, Chile, 24 de octubre de 1999

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HUELLA EN LA ARENA

Una huella en la arena
es apenas el recuerdo
de una hora
de un estado de ánimo.

Un tono del crepúsculo
encerrado en la memoria.

Tacna, 1983

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REENCUENTRO CON LA POESÍA

" ¿ Cómo vas a dejarme, cómo un día pude, ciego, pensar en tu abandono? "
Rafael Alberti

Hoy miércoles de octubre 81, me he reencontrado con la poesía.

Tengo la prisa de un vuelo al mediodía. La huella de una hora no siempre se
graba en el recuerdo, cuando el apuro del yantar todo lo gana.

Recuerdo aquel día cuando, habitando esa casa, que se perdía en el silencio,
alumbraba tu presencia. No era solamente el mar, que mis ojos contemplaban,
o la suave sombra de la muchacha aquella que dijo adiós, sobre mi más fuerte
latido.

Eres amante que no cesa de amar, alta compañera en la hora de la luz.

Hoy abandono el recuerdo de los grises años que vivimos separados.

¡ Qué la mañana nos encuentre para siempre unidos¡


Tacna, 1981

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A PABLO NERUDA

Sobre la nieve ancha de tu patria.

Sobre las llamas rojas de copihues,
sobre el mar,
viajan tus palabras repartidas.

No las olvidan los mineros, herreros,
campesinos, pescadores, marineros.

Quedaron bordadas en estrellas,
flameando en las banderas.

No olvidan los combatientes tus poemas.

Gran Capitán de todos los puertos.

Invencible cantor desesperado
del gallo, el aire, el amor y las manzanas.

Tacna, 1973

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MI HIJA LOURDES BEATRIZ

Llegó corazón limpio,
alado espíritu,
amaneciendo con la primavera.

Melodía es su llanto.

Ella toda infinita promesa,
caudal inacabable.

Remanso en estas duras horas.

Paz anhelada su sueño,
serenidad, oasis de silencio.

Repartido perfume su sonrisa.

Tacna, enero de 1988

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CANCIÓN PARA WILLY FA

1.
Por la noche moqueguana
Willy va con su guitarra
criolla y jaranera.

¡ Ah Willy Fa aquellas noches!

Noches para beber la vida.
Noches que saben a pisco,
a damascos y mujeres.

Noches que encierran misterios.
Noches que ofrecen promesas.

La guitarra Willy Fa
en tus manos se desliza.

Es paloma,
paloma bohemia y bella.

2
Entre rumor de sueños
y repetidas campanas
hasta el amanecer seguimos
mientras Santa Fortunata vela
los bohemios ensueños.

3
Cuando todo ha terminado
y las callecitas esperan
en el recuerdo ha nacido
una pequeña guitarra
moqueguana y jaranera.

Tacna, diciembre de 1988

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A LA MEMORIA DE ARSINOE MAIRENE

Junto al mar, me llegó la noticia de tu muerte. Tu muerte, aquella con la
que jugabas, escondiéndote, desgarró la negra noche, callando trenes y
sirenas, porqué te fuiste para siempre, querida Arsinoe, viajando rauda,
bogando en el misterio, dulce amiga poeta, dulcísima Mairene, nombre de
gaviota nunca más atormentada.

Ilo, 23 de mayo de 1991

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ESCRIBIR POESÍA

Escribir poesía
no es cosa fácil.

Debes hurgar
en el cesto de palabras.

Bucear furiosamente
bajo las aguas
de mares agitados.

Subir a la superficie
desaparecer
y volver a la orilla.

Cuando al fin
crees haber hallado
algunas perlas
o estrellas
o modestos moluscos
ordenas el botín
lo exhibes
sobre mesas
a las que casi nunca
llega el sol
y esperas
días tras día
a los rostros
que se acerquen.

Observarás
que los hay
amargados
amarillos
celestes
matinales
efusivos.

Algunos escupirán
delante de tu mercadería.

Otros te señalarán caminos
te traerán flechas pintadas
un mapa
muchos libros
cargamentos de hiel.

Al final
cuando el vendaval pasa
te das cuenta
que no tienes
ni siquiera una copia
de aquello
que trajiste
desde el fondo del mar.

Como ves
escribir poesía
no es cosa fácil.

Lima, 2 de julio de 1974

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BREVE TRÍPTICO

1.

Están tus ojos mirándome desde un campo de olivos.

2.

Tu pelo cayendo como una red de agua.

3.

Tus besos entibiando el frío del invierno cuando junio era una hoguera entre
tus brazos.

Tacna, 12 de junio de 1974

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BALADA DE AMOR A DOS VOCES
a Lula, Marité, el Chato

El caminante que llega polvoriento
se recuesta anhelante sobre unas nuevas formas/
los contornos de tus muslos son como joyas
obra de mano de excelente maestro ( Cap 7:1)

sobre la tierra inexplorada
busca el viajero una veta
la luz del sol
un ojo de agua
y he aquí que se encuentra
saciando su sed

tu ombligo, como una taza redonda,
que no le falta bebida ( Cap 7:2)

y juega y retoza feliz
sobre los campos
entre flores silvestres
y animales sagrados

tus dos pechos como dos cabritos ( Cap 7:3)

y sube el viajero
acaricia con su mano errante

tu cuello como torre de marfil ( Cap 7:4)

y lo hace suyo
el centro del deseo
lo captura entre sus labios
ya son casi uno

rueda afuera el viento como una
carreta abandonada
es el ruido lento del amor
ya no queda nada propio
todo ha volado
ha dejado de ser
es una velocidad
un vértigo
una avalancha de nieve
de suspiros
de sudor esfuerzo y sueño

¡ Qué hermoso eres, y cuán suave, oh amor deleitoso ¡ ( Cap 7:6)

Nota.- En cursiva versículos del Cantar de los Cantares.

Tacna, 12 de mayo de 1974

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PRIMERA HISTORIA DE NUESTRO AMOR
para Lula

Ha pasado más de un año ¿ te acuerdas del primer día? Fue uno de aquellos
días en los que dan ganas de recostarse para ver mejor morir la tarde, beber
una taza de té y quedarse tendido, junto a los sueños, deseando describir
los olores de la infancia, los primeros juegos.

Lo recuerdo como si hubiese sucedido hoy en la mañana. Te veo junto a las
rejas blancas mirándome con una tierna mirada en la que amanecían auroras
por venir. Tiernamente me miraste. No recuerdo si algo te dije sobre esa tu
mirada. Eran entonces inútiles las palabras. En vano hubiera sido que te
contara de mis antiguos viajes en los que la luz venía deshojada,
deshilachado el fuego.

Nacías entonces para mí. Te sentía tierna, como ahora, que estás conmigo,
como si nada el tiempo hubiera ido marcando. ¿ Ves? Es demasiado simple. Tú
crecerás conmigo y te preservaré en mis dorados rincones adonde las bestias
no se acerquen a beber. Te enseñaré la simpleza del pan, el canto de los
pájaros, el tañer de las campanas, la brisa de las tardes, la sonrisa de las
estrellas, el río subterráneo de la ciudad, la fuerza de la tierra, la
redondez de las ollas, el color de la tristeza, la sinfonía de los
cubiertos, mis soledades nocturnas.

Entonces, cualquier día, como fue al comienzo, me mirarás tiernamente y ya
no seremos dos, seremos tres o cuatro o cinco y verás cómo te verás en
ellos, como ahora en un espejo, y besarás sus cabellos y sus manos y sus
ojos que serán también tus ojos y los míos.

Con ellos contemplarás la noche. El rostro se te iluminará con sus sonrisas,
te adornarán con mínimos cantos, comprarás biscochos en las panaderías,
remendarás viejos overoles, te darás cuenta que van creciendo, como ahora en
este canto, y que se hacen hombres y mujeres y un día cualquiera, como
este día, no podrás reconocerlos y volviendo hacia mí, tu vista tiernamente,
verás que yo también estoy dejando de ser, que me estoy apagando.

Para que esto suceda, ven aquí todos los días, con tu silencio confundido y
las dudas que adivino correteando entre nosotros. Ven aquí todos los días
para que nada escape entre estas líneas.

Ven conmigo, amor, así todos los días, y seguiremos escribiendo esta breve
historia que no resiste una sola de tus sonrisas.

Tacna, 17 de mayo de 1971

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FREDY GAMBETTA
PROSA & POESÍA
NOTICIA DE UN SUEÑO
a mi hija Lourdes Beatriz en quien aun habita la inocencia
a mi amigo poeta Julio Barrenechea Dyvinetz que espera estas noticias

Anoche, después de veinte años, soñé con Nabucodonosor. Era noche de luna y él vagaba sobre techos alfombrados de terciopelo que semejaban senderos humedecidos de rocío.

No había cambiado el color de sus ojos, ni el triángulo de sus orejas. Su fina nariz rosada seguía semejando un radar orlado de largos y finísimos bigotes.

Su color caramelo, su blanco y peludo pecho, invitaban como siempre a la caricia. Su cola, larga y pomposa, la seguía batiendo como asta elegante huérfana de pendón.

Nabucodonosor no estaba solo. A su lado caminaba un hermoso siamés, orgullo de su raza, sultán enamorado, trotamundo. Gaspar se llamaba. No podían hacer mejor pareja en el arte de conquistar las estrellas que habitan aquellos ignorados paraísos.

Nabucodonosor, al verme, arqueó el lomo. El arco, de su felina ternura era elástico, dorado. Gaspar, discreto, entrecerró los ojos en señal de saludo.

Al final de la ancha alameda, por la que los vi transitar, se distinguía una luz jamás vista por mi en esta amarga tierra. Tenía más colores que los del arco iris. Era la entrada al remoto paraíso de los artistas. El aire
anunciaba, con una suave brisa, que allí habitaban los poetas, los músicos, los pintores, los danzarines, los cantantes de suaves trovas.

En ese país de maravilla eternamente moran Nabucodonosor y Gaspar, para tranquilidad y gloria de sus amos, que aun no estamos preparados, como ellos lo estuvieron, para eternamente gozar de la belleza en aquel lugar de la Suprema Armonía.

Tacna, 1999

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REFLEXIÓN EN TORNO A LAS ANTIGUAS FOTOGRAFÍAS

Pocas cosas me impresionan más que los sorprendidos rostros de los niños en las fotografías antiguas que conservan los archivos, los viejos álbumes familiares, oliendo a naftalina, a olvidados recuerdos que las gentes han perdido en los recodos de la memoria.

No he visto daguerrotipos. Si he tenido en las manos fotografías en blanco y negro o en sepia tomadas, en el siglo XIX, en antiguos caserones, en elegantes salones, o en el campo.

En ellas siempre, inevitablemente, los niños no ríen. Los niños, en las fotografías antiguas se muestran tristes, asombrados. En sus rostros no descubrimos signos de alegría.

Los mayores tampoco ríen, ni sonríen, en las fotografías antiguas. Las señoras son gordas, generalmente. Matronas generosas. La mayoría con el cabello recogido, en un moño. Orgulloso el gesto, los vestidos ampulosos, elegantes. Los caballeros muestran el seño adusto. Todos miran fijamente a quienes los miramos, después de un siglo.

No hay un asomo de alegría. ¿ Por qué sería? Pienso, aventuro un juicio, que el motivo habría sido tal vez el posar, inmóviles, frente a un novísimo aparato que, para colmo, lanzaba un potente fogonazo, capaz de enceguecer, por unos instantes, a quienes se paraban o sentaban frente a él. Y que, además, como mucho lo creían, era un invento para robar un poco del alma en cada toma.

Lo cierto, lo evidente, lo que ha quedado hasta hoy, es esa inmensa tristeza que, como una brisa al atardecer en invierno, envuelve a las fotografías de antaño.

Tacna, 7 de diciembre de 1998

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ELLOS SE VAN
* a mis hijos

Se van, igual se van,
con cama mullida y calor de hogar,
sonrisas propias, alguna caricia,
no muchas, parece molestarlos.

Se va, igual se van,
ya no están a nuestra sombra.
El mismo aire los ahoga
y los colores de la tarde
quedan para nosotros
como solo y lejano queda el mar.

No es por maldad.
Sucede que tienen distintas prisas,
otras horas los esperan.
Descubrieron todos los misterios,
todos los rincones,
de la casa que para ellos construimos.

Se van, igual se van,
como nosotros ayer nos fuimos
cuando éramos jóvenes para comprender.

Tacna, 3 de febrero de 1999

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LAMENTO DE BURÓCRATA

Aquí estoy, oscuro burócrata, al medio siglo de mi edad, viendo los mismos
rostros sombríos, los mismos papeles amarillos, membretados, inútiles, sin
ningún mensaje.

He dejado mi juventud entre sellos, cuadernos de cargo, oficios sin más
destino que el inmenso tacho de la nada.

Pobre de mí, digo, aprendiz de poeta, nacido para buscar luces, para
descubrir estrellas en el día, encerrado en la cárcel oscura, de la inútil
papelería, entre hoscos funcionarios, directivos pasajeros que mañana no
serán siquiera un destello.

Así que poco vale vivir. Qué gris el porvenir. Escuchando siempre ecos, de
otros perecederos ecos. Esperando, día tras día, la hora de la huída, frente
a un reloj cancerbero.

Mientras afuera la vida pasa y hay países y mares y auroras y bellos
rostros, esquinas que me esperan, platos desconocidos, bailes exóticos.

Y yo sigo atado a la pata inmensa de la necesidad, perdiendo días y horas y
minutos, miserablemente, en este triste país donde tener oído es casi un
castigo divino.

Tacna, 18 de diciembre de 1998

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EL COLEGIO DE MI INFANCIA
* a mi maestra Ruth Flores

No puedo afirmar que mi colegio era el más grande o el más hermoso. Si puedo
escribir que era alegre. Tenía la alegría del sol que retoza entre los
granados.

No podría decir que mis maestros fueron los más sabios. Si puedo escribir
que eran serenos, de una nobleza más alta que el más alto pino que da sombra
a mis recuerdos.

No quiero decir que nosotros éramos los más buenos y obedientes niños. Si
puedo asegurar que en nuestros juegos brillaban las mañanas, y las tardes,
vestidas de promesas.

El colegio que me acogió en la infancia, en Tacna, tenía por nombre tres
números. 982 eran los números que el tiempo no borra. Ellos serán, hasta el
final de mi camino, una de las lámparas que se mantendrá encendida.

Tacna, 1985

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RECUERDO DE HUGO SALAZAR

Perdona la tristeza de escribirte
así no vale
querido Hugo amigo.

Volaron tus camisas de tocuyo,
tus sandalias de jebe.

¿ Hacia dónde volarían
aquel día
bajo el huérfano cielo de Lima?

Cambio tus disculpas
por la malacrianza de marcharte
sin aviso
informal buen Hugo, como siempre.

Te sorprendió
el peso de la noche.

Distraído estabas.

Nada puedo agregar
a tu claro recuerdo
que no esté grabado
en el barroco de tus cartas
o en tu pícara sonrisa
navegando en las brumas
del Dandy o El Danubio.

Imposible algo hacer para encontrarte.
Ironía sería ponernos solemnes.
No lo aprobarías.


Querías alegría
para este triste país de ingratitudes.

Lo mejor ahora sería
buscar un asiento
y esperar la noche
mientras tu recuerdo crece.

Y a otra cosa amigo.

Tacna, agosto de 1996

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