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FREDY GAMBETTA
Los tacneños que amamos a Tacna, “con idolatría”, como quería Barreto,
estamos de plácemes con la noticia de que el Picante a la Tacneña, nuestro
plebeyo plato emblemático, ha resultado ganador en el concurso “Los sabores
de mi tierra”, auspiciado por Radio Programas del Perú, gracias a la
iniciativa de ese señor de señores, mi carísimo y admirado amigo, Raúl
Vargas.
Quien ha logrado el reconocimiento definitivo de nuestro humilde picante es
Héctor Eduardo Rejas Chambilla, conocido como Tito Tejas o Tirch, cuando
años ha hacía radio. Tito es hijo de don Edilberto Rejas Arias y de doña
Elena Chambilla Yufra, ambos fallecidos. Los padres fundaron el restaurante
EL HUECO, en Pocollay, en 1949, gracias a que doña Elena desde siempre se
había distinguido en el arte culinario y la familia creyó por conveniente
que sus secretos y el rico producto de sus manos, y de su corazón, no
deberían quedar guardados entre cuatro paredes.
Llegar a EL HUECO, en aquellos años, y hasta mediados de los setentas, era
casi una odisea. Solamente una trocha, polvorienta, unía a Tacna con
Pocollay, entre chacras, retamas, granados y siempre con el rumor del
Caplina. Sin embargo, más pudo siempre la atracción de las ollas y de los
potajes que contenían, gracias a doña Elena una buena mujer, excelente
persona, de una calidad humana extraordinaria que muriera muy joven, a las
38 años, dejando toda una tradición y duelo en los paladares de quienes
fueron comensales de su restaurante.
Recuerdo a la señora Elena, gorda, buena, sonriente. Por diez años fue
Alcaldesa de Pocollay en aquellos tiempo cuando, gracias a Dios, el sillón
municipal lo ocupaban los realmente notables vecinos. Ella dio posada al
peregrino, abrió su casa y su restaurante a cuantos le pidieron ayuda y
apadrinó a todos los niños que le fueron presentados. Los ahijados de doña
Elena deberían hacer un mitin para recordarla.
De las manos de esa distinguida matrona de Pocollay salieron la excelente
cazuela de gallina, la patasca, los crocantes cuyes, el alverjado con pollo
y, por supuesto, el picante. Me cuenta Tito, su hijo, que el cuy tenía un
sabor especial porque era preparado con un secreto que su madre lo recibió
de una viejecita a quien también yo quise mucho, doña Peta Monasterio, que
vivía allende el río, junto al Cerro Blanco. Doña Peta le dijo que pusiera
en el fogón, para cocinar, el cuy, bosta de vaca. Y doña Elena, obediente,
así lo hacía. El producto fue insuperable. Los potajes eran regados,
asentados, gustados, saboreados con el acompañamiento de un rico tinto que,
en Calientes, preparaba, doña Grimanesa Rejas Arias, linda viejecita, de
más de noventa abriles, a cuya sombra me he sentado, hace menos de un mes,
a saborear de sus manos tamales, cazuelas de gallina y ese adobo tacneño al
que el zapallo de Pachía le pone el alma.
Todos los muchachos de antes, que no usábamos gomina, recordamos las
fiestas de Año Nuevo que se organizaban en EL HUECO, el único lugar que, en
el Valle Viejo, tenía luz eléctrica, permanentemente, gracias a un grupo
Lisster, que doña Elena comprara a don César Chiarella, sino también
teléfono.
¿Dónde estará la vieja “rockola”, con luces de colores? Me dicen que
descansa en un depósito con lágrimas prendidas y el recuerdo de viejos
amores y sublimes trampas que buscaron su amparo.
Murió doña Elena y de, alguna manera, murió el alma de EL HUECO al que, un
hermano de don Edilberto, don Roberto, le había puesto al frente un
restaurante, EL PLATANAL. Dejo a la imaginación y la picardía peruanas las
conclusiones que convengan.
Qué alegre debe estar, doña Elena, dónde ahora esté, al saber que su hijo
ha logrado que el Picante a la Tacneña, que ella le enseñara a prepararlo,
ha ganado entre más de 10 mil recetas enviadas de todo el Perú. Primero
ganó en la Región Macro Sur, que comprendía, para esos efectos, Arequipa,
Puno, Cusco y Moquegua. Arequipa, crisol de la cocina peruana, presentó
nada menos que 16 platos típicos, entre ellos el rocoto relleno, el
costillar, el americano, la timpusca y el adobo. Luego de triunfar en la
regional, el picante y Tito o Tito y el picante compitieron en Lima con las
Macro Regiones Oriente, Lima y Callao, Centro y Norte. Y triunfaron ¡¡
En el CLUB TACNA me dicen que la alegría fue desbordante. La gente tacneña
que vive en Lima reconoció el triunfo de Tito Rejas Chambilla, lo levantó
en hombros y lo aplaudió. Nuestro picante, tan humilde, tan pobre. Un hijo
relativamente nuevo en la mesa tacneña pues siempre fue propio de la gente
plebeya que debía usar la menudencia de la vaca para cocinarlo, se había
alzado sobre platos muy antiguos, muy típicos, muy tradicionales que han
saboreado por años arequipeños, moqueguanos, trujillanos, huancaínos.
Podemos afirmar, con toda certeza, que el picante a la tacneña ahora sí se
ha convertido en el plato emblemático de nuestra Heroica Ciudad. Esta es
una noticia que nos levanta el espíritu y nos alegra el corazón, como decía
la vieja propaganda del Pisco Vargas.
Solamente una cosa. No seamos mezquinos, seamos grandes. Rindamos un
público homenaje a Tito Rejas por el logro alcanzado. Sé que en todas
nuestras casas se cocina picante a la tacneña y que, como lo he dicho
alguna vez, el picante es como la madre de uno, gorda, chata, fea, pero es
la madre. Así es también el picante para cada uno. Pero vale quien lo hizo
prevalecer y logró que el paladar peruano se rindiera a sus pies.
da Freddy Gambetta-Tacna 2005©
por Peruan-Ità
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