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RUMOR DEL CAPLINA -06.ABRIL.03 de FREDY GAMBETTA
Como lo habrán advertido, el título de esta crónica lo he tomado de un verso del
poeta español Blas de Otero y lo uso para decir algo de lo mucho que, como usted,
caro lector, estoy seguro que lleva adentro en estos días terribles en los que, como
nunca antes, gracias a la modernidad, precisamente, somos mudos, impávidos,
observadores de los horrores de la invasión, a una pobre nación, de parte de una
potencia, abusiva, comandada por un gobernante indigno de la especie humana.
Una invasión -no puedo decir guerra cuando casi no hay contrincante del otro lado-
que es movida por el deseo infinito de poder de Estados Unidos, por su ansia de
controlar el mundo, de apoderarse del petróleo de los árabes, de tenerlos bajo su
férula, bajo el pretexto de liberarlos de un tirano que, según ellos, los buenos
protectores, tiene armas químicas capaces de causar daño a sus gringuitos
angelicales.
Además de eso, y lo que es más grave, inician la invasión anunciando que lo hacen
en nombre de Dios (no sé si con mayúscula o sin ella). Aquí me detengo para citar a
Voltaire que, en su Diccionario filosófico, anota, refiriéndose a la guerra, "lo
maravilloso de esta empresa infernal es que cada jefe de asesinos hace bendecir sus
banderas e invoca solemnemente a Dios antes de correr a exterminar a su prójimo".
A propósito, cuento que mi menor hija me ha preguntado, cuando escucha o lee que
Sadam Hussein invoca también a Dios, ¿cuántos dioses hay? Fácil me sería
responderle, irónicamente, que los hay para todos los gustos. Sin embargo, ante la
gravedad de la situación, debo explicarle que hay un mundo, llamado "occidental y
cristiano", que Jesús fue judío, que los profetas fueron judíos y que a su dios le
llamaban Jehová y que hay otro, de muchos pueblos árabes que son musulmanes,
que llaman Alá a su Dios y que siguen las enseñanzas de Mahoma, el profeta, y que así como para los occidentales la Biblia, es el libro sagrado, así también para los
árabes lo es el Corán. Pero que, en mi modesto entender, uno solo es el Dios. Uno
para judíos, cristianos, musulmanes, budistas, hinduístas y cuanta gente crea en algo
bajo el sol y que nadie, absolutamente nadie, tiene la verdad, que lo que tienen es
fe, y eso es bastante.
Sin embargo, esto que parece simple, que se resume en unas líneas,
desgraciadamente no lo enseñan en los colegios donde se imparte una parcializada
enseñanza religiosa que impide todo discernimiento a los jóvenes y los confunde.
Presiento que, al final, la conflagración va a terminar en una guerra santa, que
creíamos pasada de moda. Ello porque hay que ser muy ingenuo e ignorante para
pensar que, con todas las armas del planeta, alguien podrá lavar el cerebro, ya no de
los 24 millones de iraquíes sino de muchos millones que, en todo el orbe, conforman
el llamado mundo árabe. En adelante, gracias a Mr. Bush, el frente de guerra ya no
estará en el Irak, ni siquiera en los territorios del Medio Oriente, sino que se
trasladará, inexorablemente, a las grandes metrópolis del "mundo occidental" y allí sí
que se oirán los lamentos y el chirriar de dientes.
Irak tiene el mismo número de habitantes que el Perú. En la Guerra del Golfo
murieron 110 mil civiles, de ellos 70 mil eran menores de 15 años; la mitad de la
población vive con 10 dólares al mes por familia. En 1990 el 92% de su población
accedía a los servicios básicos, hoy accede el 44%. En Irak al mes mueren 5 mil niños
menores de cinco años. En 1990 el 40% de la población era analfabeta, hoy lo es el
70%. En Bagdad, Basora, Karbala, Mosul o Kirkuk, mueren los niños por mala
nutrición y por consumir las infectadas aguas del río Tigris.
Y pese a todo tienen fuerzas -¿hasta cuándo?- para defenderse. Mientras tanto la
Consejera de Seguridad de Estados Unidos, Codoleezza Rice le pide, con todo
desparpajo, a Kofi Annan, que la ONU inicie pronto los programas de ayuda. Qué
desvergüenza, después que ellos arrasan y destruyen nosotros, que integramos las
Naciones Unidas, debemos enviar dinero para salvar a los inocentes y construir lo que
los abusivos destruyen.
Qué pena que la mayor potencia del mundo esté en las manos de un inepto, pero
malvado, como George W. Bush que, en su juventud, se negó a ir a pelear al
Vietnam, en otra de las invasiones de su amado país. El mismo que dice una sarta de
barbaridades como, por ejemplo, "Yo mantengo todas las declaraciones equivocadas
que hice" o "la mayoría de las importaciones vienen de fuera del país".
Creo que muchos, con el viejo Tupac Amaru, decimos en esta hora,"Ya no tengo
paciencia para aguantar todo esto".
Fredy Gambetta 2003©
por Peruan-Ità
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