LILY SILVA NO CANTA BOLEROS

 di FREDY GAMBETTA

Lily Silva ha sido mi vecina por más de un año. La oficina que ocupo, en la calle Zela, en el centro de la ciudad, colinda con la Beneficencia Pública en cuyo patio, justamente a espaldas de donde está la computadora en la que escribo, pared por medio, en las cuatro estaciones, Lily, estoicamente, ha soportado los rigores del tiempo.
Ella vivía en medio de cartones. Muy aseada, hasta se bañaba públicamente, libre de prejuicios, después de cuyo ejercicio de aseo preparaba unos brebajes increíbles consistentes en exprimir el jugo de más de treinta limones y veinte tomates. Lily Silva es morena, bajita, de ojos vivaces, siempre vestida de azul, tanto que me hacía evocar la canción azul pintada de azul, que cantaba, allá por los años cincuenta, del siglo pasado, el inolvidable Domenico Modugno.
Como he dicho, Lily Silva tuvo su residencia en la Beneficencia Pública. Cuando mi gentil amigo Angel Barea, Presidente de tan noble institución, la invitaba, con toda cortesía por lo demás, a que buscara un nuevo lugar de residencia ella se negaba, siempre se negaba. El buen Angel hacía honor no solamente a su nombre sino que se armaba de una paciencia digna de Job. A lo más que llegó fue a proponerle pagar un arriendo, para ver si, de ese modo, la mujer vestida de azul por fin se marcharía.
Su respuesta inmediata, con una lógica capaz de desarmar al más pintado siquiatra fue que si ella había escogido la Beneficencia, para morar, no se equivocaba puesto que era la institución indicada, aquí o en la quebrada del ají, para socorrer a los desamparados, amparar a los huérfanos y a las viudas. 
Mi amigo Angel Barea le señaló 40 nuevos soles, como "merced conductiva" por su alojamiento. Lily Silva, al final del primer mes, se acercó a la oficina del señor Presidente, previa cita por supuesto, porque tenía que guardar las formas burocráticas y protocolares, y le pidió que le prestara 40 nuevos soles. "¿Para qué quiere usted ese dinero, señorita?" -preguntó Angel, entre curioso e intrigado. Lily, muy seria, contestó, "para pagarte, pues hombre".
La cosa se iba poniendo de castaño a oscuro. Lily no abandonaba su precaria vivienda en el patio delantero de la Beneficencia Pública de Tacna y no había forma de convencer a la inquilina de que se fuera a buscar otro lugar para habitar.
Hasta Job hubiera perdido la paciencia. Angel Barea, una mañana de tantas, la perdió.
Lo primero que hizo fue conversar con los médicos de la Sanidad Policial y coordinar con el Pabellón Psiquiátrico, ubicado en el viejo Hospital San Ramón.
Una mañana, de este crudo invierno, se armó un operativo, como se dice en el argot policial. Después de cerrar el tránsito por la calle Zela, a la altura de la esquina con 28 de Julio, se presentó una dotación de policías, entre los que habían damas. Convencieron a Lily de que se vaya. Ella, contra todos pronóstico, aceptó la propuesta. Previamente, como todo desalojado que se respete, pidió algunos momentos para una última diligencia que consistió en acercarse hasta un afiche, en el que estaba el rostro del candidato Toledo. Susurró algo, que nadie escuchó que era, y subió a la ambulancia que la llevaría a su nuevo destino.
A los pocos días, Lily Silva, otra vez caminaba por las calles de Tacna, siempre vestida de azul. Se había escapado del viejo hospital San Ramón. Mientras tanto Angel Barea, apurado y precavido, aprovechó el tiempo para levantar una alta reja, imposible de ser traspasada sin pedir permiso.
Una de las primera cosas que hizo ella, al recobrar su ansiada libertad, fue volver, armada de un gran cuchillo de cocina, ubicarse frente al poste en el que estaba la foto de Alejandro Toledo, ahora convertido en Presidente de la República, y proceder a destrozar el afiche mientras decía, a media voz, eso si debemos reconocerlo, sin hacer escándalo, " ¡me traicionaste, bandido¡ ¡ me has traicionado¡".
Lily Silva ha vuelto a recorrer las calles de Tacna. En buena hora, porque se hacía extrañar. Ya no vive en el patio de la Beneficencia Pública. A pesar de tener un nombre tan sugerente, ella no canta boleros.

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