La gente que me conoce, y mis amigos en especial, saben que
por propia decisión no escucho las emisoras locales. Ello desde hace años cuando
renuncié a ELECTROSUR - donde pasé los mejores años de mi vida, sin duda -,
cuando por el terrorismo estábamos más idiotas que conejos con las amenazas, los
apagones, las bombas y otras perlas que caracterizaron aquellos endiablados
años.
Mas, lo confieso, en el poco tiempo que tengo, apenas abro los ojos, sintonizo
RADIO PROGRAMAS DEL PERÚ. Allí la noticia se da sobriamente, se recurre a las
fuentes, cuando es preciso, la noticia internacional es puntual y, sobre todo,
es un placer escuchar a mi caro amigo Raúl Vargas Vega, el hombre que ha
colocado al pisco y a la cocina peruana, especialmente, en el lugar que merecía,
por propio derecho. O, en otras facetas, al tan bien mi querido amigo, "Chema"
Salcedo. Un español que es más peruano que el manto de Paracas.
Así vivo mis días, que tal vez ya sean pocos, en este terreno mundo, tranquilo,
sin amargarme la existencia ni escuchando desatinos, griteríos, calumnias de
sabios provincianos que creen tener la verdad absoluta y que, desde una radio
cualquiera, ahora que se ha tugurizado el dial, piensan que son jueces,
perfectos moralistas, incapaces de autocríticas y prestos siempre a ver la paja
en el ojo ajeno. Y, lo que es peor, a llenar espacios subvencionados por quienes
les temen apenas inician una campaña que no tiene más fin que unos cuantos soles
o dólares, según sea el caso o el cliente.
Claro que, en esta realidad que comento tiene que haber, y de hecho lo hay,
gente que no se ensucia a costa del chantaje y que piensa que tiene una familia
que puede pagar caro sus excesos. No hay que olvidar aquello de que justos pagan
por pecadores. El insultar, difamar, calumniar, amparándose en un micrófono y
repitiendo letanías basados en ese infame dicho que dice "miente, miente que
algo queda", es la peor de las cobardías. Por eso es que muchos se exponen a
que, los agraviados, como no existe una ley del Periodista, que se cumpla; como
se zurran en los códigos de ética y en el Poder Judicial, los busquen y, en una
esquina cualquiera, les endilguen lo que merecen los cobardes, un par, o más, de
buenas trompadas. Parece que en este asunto hemos llegado al extremo de hacernos
justicia con mano propia. O tal vez con mano ajena pues hay varios, y los
conozco, que por unos billetes bajan al nivel de los calumniadores, están
dispuestos ahorrarnos el trabajo.
El domingo pasado, tal vez por un corte de energía eléctrica, no pude sintonizar
RADIOPROGRAMAS. De casualidad, entonces, sintonicé una radio en la que hablaban
de cultura, de poesía. Como ese es mi campo me detuve a seguir escuchando. No
pasó mucho cuando el conductor del espacio afirmaba, con la más grande
seguridad, de que en Tacna no se hacía nada por la cultura. Dijo que el Proyecto
Cultural de la Región era dirigido por una persona que ya pensaba "en el más
allá". Felizmente no era yo, que aún pienso en el más acá. Qué el mencionado
Proyecto se dedicaba a editar libros que no tenían ningún valor, ni importancia.
Allí si no supe si reírme o amargarme. Se puede ser malo, mal intencionado, pero
no calumniar. Nunca en Tacna se ha dado tanto apoyo a las publicaciones. Ese
Proyecto, del que me precio haber sido su primer Jefe, hoy lo lleva con
solvencia Luis Cohaíla Tamayo y los títulos que se publican abarcan temas de
investigación o de creación de valiosos autores tacneños contemporáneos. O sea,
destruir por destruir y confundir a los pobres oyentes.
Después, el notable y cultísimo conductor de ese espacio dijo que el ilustre
escritor tacneño Fredy Gambetta, que soy yo, querido amigo lector, era un
ilustre escritor, entre comillas. O sea, mucho ruido y pocas nueces. No sé
entonces donde qué servirán todos los títulos que he publicado, los géneros que
he cultivado y mi obra intelectual dedicada a mi ciudad natal.
Peor, ahí no acabó su diatriba. Dijo que ese ilustre entrecomillado, o sea yo,
promocionaba solamente el canto y que así lo había confesado. Bueno, frente a
esa calumnia, a poner palabras que no he dicho no me quedaba más, contra mi
costumbre, que contestar al malhadado resentido. Nunca dio un número de teléfono
ni siquiera la señal de la cueva de la que transmitía. O sea, si podía atacar,
difamar, hablar sandeces con plena libertad. Un dictadorcillo que, cada cierto
tiempo, repetía que él era poeta y que escribía para las anticucheras, los
lustrabotas y los vendedores del mercado. Pero que, ¡oh tristeza ¡, nadie lo
reconocía. Este individuo no sabe que el reclamar reconocimiento demuestra, a
las claras, una falta absoluta de talento, cuando no de dignidad. Porqué no me
reconocen lo que hago todo lo demás es basura, no sirve. Pobrecito.
Tendríamos que decirle a este promotor cultural, él si entrecomillado y
subrayado, que nunca se ha hecho tanto por la cultura. Le informaré que, si aun
estoy en el cargo que ocupo en el Municipio Provincial, el próximo año iniciamos
un Proyecto Cultural que promoverá y difundirá la cultura local pero con gente
colaboradora, con artistas que, como todo artista, sea generoso. No puede
llamarse artista, poeta, aquel que pretende escribir cosas bellas pero que es un
difamador, un verde de envidia.
Ese locutor también decía que algún día gobernarán los indios, en especial los
aymaras. Yo me preguntaba dónde estaba este ciudadano o ignora que Toledo, un
indio como él gusta llamarse o Jacinto Gómez, un aymará, ocupó uno la
Presidencia del país y el otro la Alcaldía local. ¿Qué son? O tal vez eran
indios entre comillas o gringos camuflados.
Se dan cuenta caros lectores. No escucho radio local, vivo feliz. Pero a la
primera que lo hago me encuentro con estas sorpresas. Ahora, después de lo que
les he contado ¿ me dan la razón?. Felizmente tengo ancha correa y espíritu y
fuerza de tacneño.
Nota.- Si alguien se siente tocado y está en una radio no se ocupe de mí pues
pierde su tiempo. No lo escucharé, jamás. Con mis amigos y la buena gente
tacneña que me conoce, me basta y sobra. Amen.
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