El primer libro que leo, en el todavía balbuceante 2008, se
titula GRANDES TESOROS OCULTOS – MISTERIOS Y MITOS URBANOS DE ARICA, TOMO VI,
escrito por Herman Mondaza Raiteri, que forma parte de la colección CRÓNICAS Y
LEYENDAS DE ARICA Y PARINACOTA, Basada en la Obra Inédita de don Antonio Raiteri
Cortés.
El apellido italiano Raiteri está vinculado a Tacna y Arica. Don Alfredo Raiteri
nació en 1888. Fue un ilustre ariqueño que se desempeñó como Alcalde, en 1929,
apenas entregada Arica a Chile; Gobernador en la década del 30, del pasado siglo
y Cónsul General de Chile en Lima. Fundó la Logia Masónica Morro de Arica y la
primera Biblioteca Pública en el puerto, además de ser aficionado a la
arqueología, la pintura y destacado y reconocido cronista de su ciudad.
Hermann Mondaca Raiteri es un ariqueño nacido en 1952. Estudió Trabajo Social,
Magíster en Ciencias Sociales. Ha producido más de 200 documentales y ganado
diversos premios en su país y el extranjero, además de ser jurado de video y
cine en Cuba, Brasil, Argentina, Italia y Escocia. Ganador de premios en su país
y el extranjero. Con el libro que comento inicia su carrera literaria.
En un capítulo el autor se refiere a lo que denomina la Época del Terror, en
Arica, centrando su interés en los años del frustrado plebiscito (1925-1926).
Para ello se basa en testimonios de personas que vivieron aquellos años. Entre
esos testimonios registra el de la señora Rosa Guisa, una dama afro
descendiente. Ella hace referencia a episodios que ocurrieron en un lugar
denominado La Chimba, ubicado hoy entre el Parque Brasil, el Casino de Arica y
el Hotel El Paso, donde vivían los “morenos”, que era así como les llamaban a
los negros. Otro sector, en el que moraba la gente morena, era el barrio
Lumbanga, ubicado entre la actual calle Maipú, entre las calles Patricio Lynch y
Vicuña Mackenna.
Los chilenizadores, que habían llegado del sur con el objetivo de “hacer
soberanía”, organizaron grupos ultra nacionalistas que se llamaban “Liga
Patriótica de Tacna”, “Mano Negra”, “Mazorqueros” y “Sociedad Estrella de
Chile”. Estos grupos expulsaban a los morenos, hacia Sama, y prohibían, a los
indígenas aymaras, hablar su lengua materna. Esta política tuvo se implantó a
partir de 1920.
El libro registra, entre otros testimonios, el de don Calos Leiva Salinas, un
chileno que llegó niño del sur, acompañando a sus padres. Un pasaje de su
narración lo cito textualmente. “En el matadero viejo (ubicado entre las hoy
calles Juan Noé con Patricio Lynch, espacio ocupado por el Liceo de Niñas Jovina
Naranjo) era prácticamente común que en las mañanas apareciera la gente colgada,
uno o dos personas a veces. Eso a vista y paciencia de la gente que andaba
espantada con lo que sucedía. A las cinco de la tarde a ninguno de los niños de
la época nos dejaban salir de nuestras casas. La gente vivía adentro de sus
casas con espanto esperando que cayera la noche ...”. (pág. 83)
Alfredo Chipana, ex Presidente del Consejo Nacional Aymara, dice en una parte de
su testimonio, que en Putre o Chapiquiña las hordas chilenizadoras recorrían
todos los parajes imponiendo el terror. “El temor del estado chileno era que en
el plebiscito los aymaras votaran por seguir perteneciendo al Perú”. (pág. 84).
Obligados por las amenazas los indios abandonaron sus tierra que pasaron a
formar parte del fisco chileno. La prohibición de hablar la lengua aymara, y de
celebrar sus fiestas, les hizo perder, poco a poco, su identidad.
Chile habría perdido el plebiscito de haberse realizado. Ese era el pensamiento
común. Por ello es que, al implantarse el terror, fue declarado impracticable.
La política gubernamental chilena, para convencer a los electores, no fue la más
inteligente. Así lo reconoció el delegado chileno, don Agustín Edwards, que
presidía la Comisión Plebiscitaria Chilena, en su libro “Recuerdos de mi
persecución”, (págs. 23-33), editado por Ediciones Ercilla, en el Nrº 5, Año 1,
de la serie Contemporáneos.
Hoy sería una locura buscar revanchas, enfrentamientos. Corren tiempos de
globalización, de buscar unir las economías pequeñas para abastecer los grandes
mercados y no sucumbir ante los poderosos transnacionales que, como pulpos,
abarcan los mercados en los cuatro puntos cardinales del planeta. Sin embargo la
memoria colectiva no olvida. Se puede perdonar, pero no olvidar.
La que con acierto el valiente autor, Hermann Mondaca Raiteri, denomina la
“época del terror” ha sido deliberadamente ocultada en la historia chilena. Las
nuevas generaciones la desconocen. Por eso es importante la edición de libros
como los de esta colección en la que encontramos, por primera vez, con asombro y
emoción, que un escritor chileno abogue porque su país pida públicas disculpas a
los descendientes de tacneños y ariqueños que sufrieron esos años tremendos.
Dice el autor, con toda razón, que “la Época del Terror marca una de las etapas
más oprobiosas e inhumanas que registra la historia de la ciudad de Arica en más
de 10.000 años de civilización ancestral. La Época del Terror duró en la ciudad
de Arica casi medio siglo de su historia moderna” (1880-1929).(pág. 85).
Más adelante este gran humanista, ciudadano del mundo, escribe : “Mis excusas
son como chileno y como ariqueño, para que nunca más ocurra en estas tierras lo
que ocurrió en la Época del Terror. Mis excusas públicas a los antiguos
habitantes de Arica y Tacna y a todos sus descendientes. Nunca más intolerancia,
discriminación, negación de derechos, racismo y nacionalismos estrechos” (Pág.
88)
Esto que parece una ilusión, un espejismo, está publicado, escrito por su autor
para quien lo quiera leer en un libro publicado con el auspicio del Gobierno de
Chile, de sus Consejos Nacionales de la Cultura y las Artes y del Libro y la
lectura; por el diario LA ESTRELLA DE ARICA; por la Ilustre Municipalidad de
Arica y por la Universidad de Tarapacá. A testimonio de parte, relevo de
pruebas. Amén.
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