El cementerio de Tacna es uno de los más bellos del país.
Debería ser incluido dentro de un circuito turístico urbano. Mas, para ello, se
debe, como dicen los restauradores, "ponerlo en valor".
Nuestro cementerio se inauguró el 17 de agosto de 1848, en una época de oro de
Tacna, en pleno auge del comercio que se mantenía con el Alto Perú y el norte
argentino. Su construcción se debe a la iniciativa de uno de los sacerdotes más
brillantes que llegaron a Tacna, el español Sebastián Ramón Sors. Sors era un
cura buenísimo, pero de fuerte carácter, que no solamente impulsó varias obras
públicas sino que tuvo una actuación heroica atendiendo
a los enfermos de la terrible fiebre amarilla que acabó con un tercio de la
población tacneña, en 1868. Los tacneños agradecidos erigieron un mausoleo,
en el que reposan sus restos, con un busto que lo recuerda. Esta obra,
construida en fino mármol, se inauguró el 29 de junio de 1885, apenas
concluida la Guerra con Chile, en los primeros años del cautiverio de Tacna
cuando peruanos y chilenos vivían la relativa paz que sucede a las
tempestades.
Mi querido maestro Azorín escribió que los viajeros cuando llegan a una
ciudad, y realmente quieren conocer su esencia, visitan los mercados, donde
la vida bulle y los cementerios en los que reposan los que en el mundo han
sido.
Desde niño me ha resultado placentero recorrer el cementerio tacneño. La
costumbre me ha quedado hasta hoy en el que, con los años vividos, tengo más
motivos para hacerlo. Antes, en los años felices, era una simple curiosidad
descubrir nichos con hermosas lápidas que recuerdan que allí están
enterrados tacneños como también extranjeros. Los hay, entre otros,
alemanes, ingleses, franceses, italianos, dinamarqueses, polacos, españoles,
chilenos, bolivianos.
He descubierto que hay lápidas artísticas, trabajadas en mármol importado.
Las más antiguas provenían de Carrara, la ciudad italiana que es famosa por
sus mármoles. Sin embargo no hay muchos epitafios notables, originales. El
más bello, el más profundo, el más poético, es el que escribió Omar Zilbert,
el autor de la letra de la polka MI TACNA HERMOSA, a su madre doña Trinidad
Salas. Otro es aquel que se lee en la lápida de la niñita Gabrielita
Gambetta Vera. Dice "Caminante no hagas ruido,/ baja el tono de tu voz /
Gabrielita no se ha ido/ solamente se ha dormido/ en las rodillas de Dios".
Simple, poético, bello.
Escribía, líneas arriba, que el cementerio de Tacna debe ser puesto en
valor. Escribo ello porque observo, con gran pesar, como delante del campo
santo, el principal de la ciudad, existe un sub mundo que lo integran locos,
ebrios, chicos - algunos, no todos- que se especializan en cazar lagartos y
que se drogan con terokal- ladrones. Esos seres marginales están
convirtiendo nuestro otrora apacible cementerio en una zona peligrosa.
Hace algunos días después de acompañar hasta su última morada a esa buena
mujer, maestra, que fue María Bahamondes, observábamos, con otros tacneños,
como en el centro del cementerio, delante de un lujoso mausoleo, se
encontraba un grupo de personas, todas de riguroso luto, bebiendo guisqui,
seguro etiqueta negra, y sentados todos en cómodas sillas de plástico. ¿Qué
les parece? Ni siquiera cuando rendimos homenaje a Vigil o a Barreto somos
capaces de llevar sillas. Sin embargo esas gentes, en las que no vi un solo
rostro conocido, eran todos distinguidos inmigrantes, con más plata que
Atahualpa, se daban el lujo de brindar cómodamente sentados, sin orden ni
concierto. ¿Es posible aceptar, en nuestro cementerio, esos cuadros que van
contra toda regla de urbanidad? Alguien me dijo, entonces, que había llegado
la hora de formar el Club Tacna, en Tacna, para los tacneños que quieren a
su tierra.
Otro detalle que anoto es el que se refiere a la pintura de los nichos. Esa
no ha sido jamás una costumbre tacneña. Las lápidas de los nichos son
blancas sobre las que se escriben letras con color negro. Hemos observado
nichos celestes, rosados, azules. Una huachafería, una mixtura desagradable
a la vista, impropia de nuestras costumbres y del buen gusto.
Por otro lado es inaguantable la presencia de los rezadores. Algunos se
acompañan, para recitar unas letanías que son una mezcla de español, latín y
aymara, con algún instrumento musical.
Ni qué decir de los círculos que forman algunos deudos, fuera del
cementerio, acompañados de un camión con cervezas porque para ello si hay
plata y es un deber despedir al muerto con alegría para que se vaya contento
de este valle de lágrimas. Algunos de estos insignes deudos, ufanamente
ebrios después, son los mismos que se acercaron, el día anterior a pedir por
favor que los exoneren del pago de los derechos del nicho o que, por lo
menos, por el amor de Dios o de Baco les hagan una rebajita. Esto me lo ha
contado gente que tiene que lidiar diariamente con esa clase de gente que
don Quijote llamaría "de ánimo vil y bajo".
Todos sabemos que la Beneficencia Pública tiene, en el cementerio, su mayor
fuente de ingreso. Pues empleen el dinero en arreglar los jardines, que no
sigan siendo campos eriazos. Ordenen un poco lo que sucede dentro y fuera
del cementerio. Contraten policías particulares. En una palabra, trabajen
como empresa. Desgraciadamente, también lo sé, como se trata de cargos
políticos lo que unos empiezan con una mano lo borra el próximo que viene.
Así sucede casi siempre con lo que tiene que ver con la administración
pública.
Por el bien de Tacna, porque el cementerio se convierta en un atractivo
turístico, pues tiene todo para serlo, trabajemos y trabajemos pronto.
Estamos todos prestos a ayudar a la Beneficencia. Estoy seguro que la
Municipalidad Provincial, aunque no sea su campo, tiene una palabra por el
bien de quienes queremos a la ciudad. Así sea.
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