Dennis Biggs Santa Cruz, Cónsul General de Chile, acabó su
misión en nuestra ciudad, que la había empezado el 12 de marzo de 2002 y tiene
que dejarnos. ¡Qué rápido han pasado estos cinco años!
Dennis nació en Santiago. Está casado con Marcia Fuenzalida 0´ryan. Padre de
Gabriel, Victoria y Antonia y abuelo feliz de Lorena, Dominga y Soledad. Se
educó en el Colegio de los Padres Franceses, en su ciudad natal donde también
estudiaría Ciencias Políticas, en la Universidad de Chile para ingresar después
a la Academia Diplomática.
En el exterior ha servido a su país en la Embajada de Chile en Washington, como
Segundo Secretario; en la Misión de Chile, en las Naciones Unidas, en New York,
como Primer Secretario. Fue Consejero en la Delegación de Chile, ante la UNESCO,
en Paris y en la Embajada de Chile en Francia. Vivió algunos en la República
Popular China, en la Embajada de Chile desempeñándose como Consejero y como
Ministro Consejero en el Consulado General en Vancouver, Canadá.
En el Ministerio de Relaciones Exteriores, con sede en Santiago, asumió, en
distintos períodos, los cargos de Jefe de Gabinete del Sub Secretario y Sub
Director de Asuntos Culturales y de Planificación.
En cortos períodos de su carrera diplomática, que empezó hace 38 años, en agosto
de 1969, se especializó en el rubro de exportaciones, en Ginebra, Suiza, y en la
prestigiosa Universidad Jhon Jockings, en Washington D.C.
Mi amigo Dennis Biggs es un buen lector de novelas históricas. Tiene entre sus
autores chilenos, preferidos, a su colega Jorge Edwards, a Patricio Ampuero y,
lo confiesa sin rubor, por aquello de algunos la tratan como una autora light, a
Isabel Allende de quien ha leído casi todas sus obras.
En nuestra ciudad desarrolló una rica actividad cultural traducida en el
auspicio de la presentación de grupos de ballet; de conciertos de música clásica
y popular; coros polifónicos; grupos de teatro, de Santiago y de Arica;
presentación de libros; hasta dos veces auspició a la presentación de peñas
folklóricas y promovió encuentros literarios. Muchos recuerdan aquella noche de
poesía y música en la Estación de Janono y los sendos homenajes a Gabriela
Mistral y Pablo Neruda.
Siento tristeza en sus palabras. Dice que, en estos cinco años, en Tacna aprecia
no solamente su excelente clima, uno de los mejores de la costa del Pacífico,
sin duda, sino que extrañará a los buenos amigos y hasta un compadrazgo. Aquí ha
gustado de la vida provinciana, tan distinta al tráfago de las urbes.
Él que ha vivido en China y en Francia, qué sabe de gastronomía, pondera nuestra
cocina, tan rica, tan variada, de una sazón inigualable. Me dice que ha comido,
más de una vez, nuestra contundente patazca que es, sin duda, un reto para los
más fuertes estómagos y páncreas. Y, en lo deportivo, ha hinchado por nuestro
Club Bolognesi. Por ello lo veíamos el domingo en el estadio cuando jugaban los
muchachos de la casaquilla roja.
En un grupo de amigos, peruanos y chilenos, tacneños y ariqueños, que nos
reunimos de tarde en tardee, para aportar y mejorar lo que hay que mejorar en
pro de una real integración, que empieza con la amistad, hemos apreciado su
discreción, su buen tino para llevar adelante una misión en una frontera difícil
como es la nuestra. No nos engañemos. Hay asuntos de política internacional,
cuyo arreglo compete a los gobiernos y hay otros, menudos, domésticos, que se
pueden encarar, tratar con tacto para no ahondar las diferencias. No olvidemos
que vivimos, tacneños y ariqueños, en una región aymara. Es la verdad. Tenemos
un alma común, una cultura común, que debe contribuir a una real integración.
Integración que, desgraciadamente, no la veremos nosotros. Pero que sí la
anhelamos para nuestros hijos y para los hijos de nuestros hijos. Amen.
Dennis Biggs Santa Cruz ha sido testigo de nuestras alegrías y de nuestras no
pocas grandes tristezas. Recuerdo que se lo presenté a Juan Paulo Canepa, Agente
Consular de Italia, mi inolvidable amigo, que partiría poco después hacia el
arcano. Fue testigo de la partida de Ubaldo, el sacerdote jesuita, tan querido
por todos, del ingeniero Adawi Zarzar, a quien tanto apreció y de mi querida
compañera que se fue - ¿para siempre? - Lourdes, en una mañana del otoño pasado.
Por todo ello es propicio que dedique esta crónica a este buen ciudadano del
mundo que, con inteligencia, ha cumplido una misión tan positiva, entre
nosotros. Siendo un hombre culto hizo de la cultura un instrumento para la
integración. Esa gente es la que vale, realmente. Lo demás pasa, como todo en
esta vida.
Buen viaje amigo Dennis Biggs y hasta cada rato bajo el limpio cielo de este
mundo ancho y ajeno, para decirlo con el título de una de las novelas de uno de
nuestros más grandes novelistas, Ciro Alegría, que viviera parte de su destierro
en tu patria.
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