CONFESIÓN DE PARTE
 
de FREDY GAMBETTA
(4 parte)


SINAMOS, UNA AMARGA EXPERIENCIA

Los jóvenes de mi generación obtuvimos la carta de ciudadanía a los 21 años, poco antes de que se convocaran las elecciones generales de 1969. Nos ilusionaba el poder hacer uso pleno de nuestros derechos para elegir al Presidente de la República y los representantes al Congreso. El gobierno del Arquitecto Fernando Belaúnde Terry había tenido una persistente
oposición de la alianza parlamentaria que formaron el Partido Aprista Peruano y la Unión Nacional Odriísta, que se llamó la Coalición APRA-UNO y que tenía mayoría en el Congreso. El quinto año del gobierno de Acción Popular fue muy accidentado. Se producían por doquier huelgas, paros, levantamientos de campesinos y de obreros. El petróleo, que ofreciera ser nacionalizado en 90 días, por Belaúnde, al comenzar su mandato, recién en 1968 se empezó
a dar muestras de que sería recuperado del poder de la compañía estadounidense International Petroleum Company.

El gobierno, contando con el aval del Congreso, firmó un documento con los representantes de la compañía extranjera. Ese documento, que se llamó el Acta de Talara, adolecía de graves irregularidades, según funcionarios de la propia empresa fiscal de petróleo entre las que destacaba la pérdida de la página 11 que contemplaba nuevas concesiones a la IPC por parte del gobierno peruano.  Los rumores de un golpe de estado eran insistentes. En nuestro país suele cumplirse, al pie de la letra, el dicho que dice cuando el río suena es porque piedras trae.

Entre gallos y medianoche el 3 de Octubre de 1968 los militares ingresaron al Palacio de Gobierno, como Pedro en su casa, y expulsaron del gobierno y del país al Arquitecto Fernando Belaúnde Terry. A causa de ese golpe de estado, uno más en nuestra larga historia de golpes militares, dijimos adiós a nuestros anhelos de cumplir con ejercer el voto electoral. Quién nos
hubiera dicho entonces que tendríamos que esperar once años para cumplir nuestro deseo ciudadano. Egresado de la Universidad Nacional de San Agustín, de la Facultad de Letras
y de la entonces Escuela Profesional de Servicio Social, con estudios de Sociología y Sicología Social, ingresé a trabajar en la Zona Agraria VII, del Ministerio de Agricultura, en Tacna, asignado al Área de Organizaciones Campesinas, de la Sub Dirección de Reforma Agraria y Asentamiento Rural. Fue un trabajo que realicé a gusto pues me permitió estar en permanente contacto con los campesinos del Valle Viejo y con los de Palca y contribuir
con los estudios sociales en la ex hacienda Santa Rita, ubicada en el distrito de Calana y en la ex hacienda Para, en el Anexo del mismo nombre, que tenían por objeto formar Cooperativas Agrarias de Producción y de Servicios.

Los campesinos de Palca y de otros anexos de la parte andina de Tacna fueron asentados en La Yarada, en el litoral tacneño, muy cerca del mar. Esta decisión política, que respondía a lo estipulado en la Ley de Reforma Agraria, me pareció un error y así lo hice saber en mis informes de trabajo. Pero, donde manda capitán no manda marinero y menos un marinero novato. Las modalidades del trabajo agrícola en la sierra no son iguales a las de la costa. El promedio de edad de los campesinos, trasladados a la costa, era de 30 años. Seres acostumbrados a vivir y trabajar durante toda su existencia en clima seco pasaban a radicar en clima húmedo. La tuberculosis hizo pronto fácil presa de muchos de ellos.

En octubre de 1970 viajé a Lima a seguir cursos de ?Sociedad y Culturas Campesinas? y ?Métodos y Técnicas de Investigación Social?, en el flamante Centro Nacional de Capacitación e Investigación para la Reforma Agraria. Egresamos de ese curso conociendo técnicas de Encuesta Participación y otros métodos en boga a base de las propuestas del brasileño Paulo Freire que, después de tantos años, sigo pensando que son los que mejor se ajustan para ser aplicados en nuestra compleja realidad de países subdesarrollados. 

Retorné a Tacna con nuevas ideas y proyectos que pensaba aplicar en los grupos campesinos con los que debía trabajar. Sin embargo pronto fue grande mi decepción al comprobar que a los burócratas provincianos poco o nada les interesa aquello que los saque de su rutina y, más aún, si viene como propuesta de los jóvenes que pueden desplazarlos. 
En el Perú se repite con frecuencia el ver como gasta el estado en pasajes, viáticos, profesores, material de enseñanza para que lo impartido solamente sea un certificado más en el currículo de los participantes.

En los primeros meses de 1971 apareció un aviso convocando a concurso para una plaza vacante de Coordinador de la Oficina Local de Desarrollo de Pueblos Jóvenes, entidad creada por el Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada. Entre otras cosas, el sueldo era tentador. Tenía entonces 23 años. Me presenté y gané.
La tarea no era sencilla. Tacna ya contaba con 14 Pueblos Jóvenes ? denominación que les había adjudicado el Gobierno Revolucionario a las ?barriadas? ? que albergaban más de 15 mil habitantes que provenían, en su mayoría, del departamento de Puno.

La Oficina Local de Desarrollo de Pueblos Jóvenes tenía por misión encargarse del empadronamiento de los moradores, organizarlos y resolver litigios referentes a la propiedad. El empadronamiento era el primer paso para que, posteriormente, el Ministerio de Vivienda entregara los títulos a los moradores. Tan vastas y delicadas funciones las cumplíamos un Secretario, Manuel Rejas Vildoso, mi ex condiscípulo en la educación secundaria, eficiente, responsable en su cargo, un oficial de la Policía de Investigaciones que se encargaba de los asuntos contenciosos y yo que, como Coordinador, informaba diariamente al Director, un Coronel de Caballería, Jefe del Estado Mayor del Destacamento Tacna, del avance del trabajo. La organización vecinal era democrática. Partía de la base del Pueblo Joven. Un cierto número de Manzanas elegía un Comité Vecinal. Los representantes de los comités formaban una Junta Directiva Central que elegía a un Secretario General. Los secretarios generales elegían un Presidente de la Asociación que agrupaba a las 14 comunidades urbanas. 

Ese trabajo me dio la oportunidad, muy joven, de relacionarme con gente humilde, sencilla y marginal. Conocí a líderes comunales y también a truhanes que se aprovechaban de la buena fe de los pobladores para traficar con los lotes de terreno y cobrar cuotas ofreciendo la instalación de los servicios de luz y de agua. 
Dejo constancia de que pese a haber tenido la potestad de adjudicar lotes de terreno, a quienes no poseían propiedades, jamás me adjudiqué ni un centímetro de tierra, ni lo hice para mis familiares, pese a que yo no poseía casa propia ni terreno alguno.

En los últimos años de 1971 se empezó a hablar de que el Gobierno Revolucionario tenía entre sus objetivos la formación de un partido político, o de una organización gubernamental, que se encargaría de llevar adelante sus objetivos en los diversos campos de la actividad nacional.
El organismo gubernamental se llamó Sistema Nacional de Apoyo a la Movilización Social, SINAMOS.

En Tacna funcionaba la Corporación de Fomento y Desarrollo Económico, creada en el segundo gobierno constitucional del doctor Manuel Prado Ugarteche. Era un organismo muy combatido pese a ser el primer serio intento para alcanzar la ansiada descentralización. La más grande obra de la Corporación fue la construcción de las Centrales Hidroeléctricas de Aricota 1 y 2 que formaban parte de un ambicioso Plan Tacna.
Si bien es cierto que esas obras se hicieron durante el primer gobierno del Presidente Fernando Belaúnde es justo reconocer que fue durante el gobierno del doctor Prado que se iniciaron. Si bien es cierto el gobierno del General Manuel A. Odría había embellecido la ciudad, construyendo una serie de obras que le cambiaron el rostro, es injusto que se desconozca el esfuerzo de Prado por dar a Tacna un Plan de desarrollo que tuviera continuidad en el tiempo.

Tanto fue así que el gobierno de Chile, para lograr el progreso de Arica, que había quedado a la zaga de su hermana Tacna, crea la Junta de Adelanto que se mantuvo, por varios años, con los impuestos que se quedaban en el puerto para invertirlos en obras de desarrollo.
En 1971 funcionaba aun la Corporación de Fomento y Desarrollo Económico de Tacna COFDET. Un alto directivo de ella y el Coordinador de la Oficina Local de Desarrollo de Pueblos Jóvenes viajamos a Lima para participar del Primer Seminario Informativo del SINAMOS.

En una ceremonia solemne se inauguró el Seminario en Huampaní, el 8 de diciembre. El auditorio estaba repleto de delegados de todo el país. Presidía la mesa directiva el General Leonidas Chávez Figueroa militar que, con el grado de Coronel, había conspirado con Velasco Alvarado. Lo acompañaba, a su diestra, el doctor Carlos Delgado Olivera y a la siniestra el Coronel Oscar Torres Llosa, personaje de segundo orden pero de gran participación en las campañas de adoctrinamiento y concientización de la población.Carlos Delgado Olivera, el sociólogo mentor del SINAMOS, había sido en una época un discípulo predilecto del líder y fundador del APRA, Víctor Raúl Haya de la Torre. Decían que era considerado uno de los delfines formados por el viejo político. Juan Vicente Requejo, un periodista norteño, que
después fuera uno de los primeros Decanos del Colegio Nacional de Periodistas,
me dijo que todos conocían a Delgado Olivera con el apodo de ?Calín?.

?Calín? era uno de los principales escritores de los discursos que leía el Presidente Velasco Alvarado. Algunos, con mala fe, decían que era un perfecto Walt Disney criollo.
En aquel primer seminario se formaron once grupos de trabajo. Yo integraba el grupo número 2. Los organizadores tuvieron la precaución de colocar, en cada uno de ellos, a uno de los ideólogos de la nueva organización. En el grupo 6 apareció Héctor Béjar, marxista, guerrillero que se levantó contra el gobierno de Belaúnde, en el año 1965.Gozaba de un indulto decretado por el Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada. En el grupo 4 ubicaron al antropólogo Mario Vásquez, encargado de las organizaciones campesinas. Francisco Guerra García, que más tarde ocuparía la dirección del diario Última Hora, integraba el grupo 7. El Coronel Torres Llosa era la figura central delgrupo 9. Jaime Llosa Larraburre, ex líder y ex candidato a una diputación por Lima, en el partido Acción Popular, técnico en cooperativas, se ubicó en el grupo 10. En el grupo 11, colocaron a José Luis Alvarado, marxista leninista, de la línea moscovita. A él le encargarían posteriormente el Área de las Organizaciones Laborales.

En mi grupo se encontraba Juan Vicente Requejo, citado líneas arriba, hombre joven de pensamiento claro y tolerante. Algunos años más tarde ocuparía un alto cargo directivo en el diario EL COMERCIO. Entre todos, destacaba Helan Jaworski. Hombre de baja estatura y brazos muy cortos, que ocuparía la dirección de EL COMERCIO, apenas el gobierno puso en vigencia el denominado Estatuto de la Prensa que confisco los medios para ponerlos a disposición ?de la sociedad organizada? dentro de lo que denominaban el binomio ?pueblo-fuerza armada?.
El ex guerrillero Héctor Béjar, más tarde Director del Área de Organizaciones Juveniles; Guerra García, Alvarado, Llosa y Jaworski, a los que se les uniría el sociólogo Carlos Franco, formaron lo que se llamó la famosa ?aplanadora? del SINAMOS. Tenían todo el poder y el dinero para hacer y deshacer en nombre de la revolución ?de la participación plena?. 

Sin mayor dilación deshicieron las Corporaciones de Fomento y Desarrollo Económico que funcionaban en el país para que, con personal y partidas, pasaran a formar parte de la maquinaria política de concientización. Con el mismo fin desintegraron las Oficinas Locales que integraban la OficinaNacional de Pueblos Jóvenes ? ONDEJOV. Terminado el seminario informativo todo estuvo listo para para que el SINAMOS entrara a trabajar con fuerza en las áreas laboral, campesina, juvenil, cultural, vecinal y de pueblos jóvenes. La intención era no dejar ningún campo de la actividad nacional, ninguna organización, fuera del alcance
de la burocracia estatal que empezaría, por toda la república, a vender la idea de lo que era el SINAMOS.  Se copiaron modelos cubanos de propaganda. Uno de los afiches que decía
SINAMOS ERES TÚ sintetizaba el deseo del gobierno revolucionario de la fuerza armada de abarcar a todos los peruanos y comprometerlos dentro de las fronteras de la organización destinada, en primer término, a difundir la confusa ideología de la revolución que pregonaba no ser capitalista ni comunista y que tendía, según sus ideólogos, a buscar la participación plena
de los ciudadanos en una también confusa democracia social. En realidad era un zafarrancho de ideas y de propuestas entre las que se mezclaban los aportes de la social democracia con los del marxismo y hasta del tronskismo. No en vano, entre los jóvenes líderes, se encontraban apristas y marxistas. Al final en ellos, en sus confrontaciones, estuvo el germen de la destrucción del monstruoso ente en el que, salvo los jefes de alto rango, se veía a los militares como seres extraños navegando, perdidos, en el proceloso mar de la política criolla.

La Oficina Local de Desarrollo de Pueblos Jóvenes pasó a formar parte del Área de Pueblos Jóvenes y fue incrementada con un abogado, un ingeniero civil y varios promotores dedicados a la organización comunal.  El militar de más alto rango, en las capitales de los departamentos o en las provincias eran los jefes de las oficinas regionales o zonales del SINAMOS.
Debajo de ellos tenían a un Sub Director que era un civil con formación en las ciencias sociales.     Tacna, al crearse el SINAMOS, era una oficina Zonal, dependiente de la oficina
regional que tenía su sede en Arequipa. A base de los reclamos de la población tacneña, que aun no tenía claro de que se ocuparía el nuevo ente burocrático, pensando con buena fe que propendería al desarrollo económico y social, Tacna se convirtió en sede de la región Xi, que abarcaba a los departamentos de Tacna y Moquegua.

Recuerdo que el día de la creación de la Oficina Regional XI salieron caravanas a las calles para agradecer al gobierno el habernos ?independizado? de los requipeños. En un tabladillo, levantado en la plaza de Armas habló, a nombre de los jóvenes, Francisco Basili Domínguez, que en su adultez sería destacado funcionario de la UNICEF.

Desde el Área de Pueblos Jóvenes organizamos un proyecto de difusión de lo que era SINAMOS. Fueron duros días en los que por las noches explicábamos a los pobladores antecedentes de la realidad peruana, metas y objetivos de la organización y les presentábamos cuadros de la realidad nacional, regional y local y hacíamos que priorizaran sus problemas con el fin de que se creara conciencia de que los pobladores deberían participar en las decisiones del gobierno. Después de años de aquella experiencia, sin tomar en cuenta los momentos amargos que vendrían después, pienso que ese trabajo, realizado con la sinceridad y la verdadera entrega de la juventud, rindió sus frutos.

Yo no he tenido formación política, no la tengo ni es mi deseo alcanzarla. Creo que así como la guerra es el arte de matar la política es el arte de engañar. Me repugnan los políticos que se llena la boca con la palabra pueblo y que buscan el poder solamente para enriquecerse o disponer de vidas y haciendas mientras buscan el aplauso de los adulones. Creo que el poder
corrompe. Ya lo decía el viejo Sófocles, si quieres conocer el verdadero corazón de un hombre otórgale poder. Esa manera de pensar y mi manera de decir las cosas en voz alta, sin guardarme las espaldas, en una sociedad en la que reina el chisme, la puñalada artera, y el ?serrucho?, me granjearon pronto enemigos sobre todo en los ?señoritos revolucionarios golondrinos? que llegaban de otras localidades para hacerse cargo de los puestos vacantes en el SINAMOS.
Como el régimen se proclamaba pluralista y libertario, tal vez una disimulada máscara anarquista, los mentados señoritos aparecían sin partido, no mostraban sus tendencias políticas en una ciudad en la que eran extraños. Decían que estaban comprometidos con el proceso y punto. Todos los demás, que no pensaran como ellos, eran simples y silvestres reaccionarios.  No tardaron mucho en cambiarme del Área de Pueblos Jóvenes, en la que tenía cierta experiencia, al Área Juvenil, como asistente del jefe. El cambio fue de la noche a la mañana. Sin embargo me agradó el nuevo encargo. Cuando había preparado el Plan de Trabajo y el presupuesto anual del área, para 1973, llegó desde Lima un señorito joven, displicente, revolucionario y velasquista hasta las cachas. A este jovenzuelo, José Ubillús Escurra, chiclayano, que decían que era íntimo, léase envarado, del ex guerrillero Héctor Béjar
le importó un pito mi plan de trabajo que fue a dar al basurero.

El Área Juvenil ocupaba el sexto piso del edificio Ayacucho, en el centro de la ciudad. El mencionado Ubillús llegaba siempre apurado a leer los diarios. Por más de un mes me limité a sentarme en el escritorio. Me habían decretado la ley del hielo. Opté por solicitar vacaciones las que aproveché para conocer Trujillo y Chiclayo.  Al regresar, en una de las tantas reuniones de crítica y autocrítica, copiadas al modelo cubano, el mencionado Ubillús públicamente me acusó de haber viajado a Chiclayo para investigar sobre sus antecedentes. Esta ridiculez que cabe solamente en la mente de un intrigante fue seguida con acusaciones referidas a que era integrante del Grupo Teatral Tacna, dirigido entonces por el argentino-boliviano Líber Forti, conocido anarquista. Decían que el mencionado grupo era un nido de contrarrevolucionarios, de apristas, que boicoteaban al gobierno revolucionario. Lo más doloroso para mí fue el hecho de que mudos testigos de ese cargamontón fueron tacneños como el ingeniero Miguel Aranda Burgos, el profesor Jesús Pilco Copaja, que avaló las opiniones de Ubillús, respecto al Grupo Teatral Tacna y el periodista Alejandro Alvarez Flores que durante las dos fases del Gobierno Revolucionario, con Velasco y con Morales Bermúdez, ofició de ?analista político? y luego, en el segundo gobierno constitucional del Presidente Belaúnde Terry ocupó el cargo de Jefe de Comunicaciones del Organismo Regional de Desarrollo de Tacna y Moquegua, luego de haber sido desactivado el SINAMOS. Los tacneños, repito, no dijeron esta boca es mía en mi defensa. Primero estaba la codiciada pitanza, sin duda.

Los señoritos revolucionarios vestían lujosas casacas de negro cuero, bolsitos de mano, del mismo material y olían a perfume importado. En sus automóviles, con calcomanías del Ché Guevara y escape libre, cruzaban raudos la frontera para traer cuanto podían del empobrecido Chile. Eran los tiempos del gobierno de la Unidad Popular, en ese país. Allí la gente no tenía que comer, había un notorio desabastecimiento. Los pocos productos importados y los libros
y la buena música estaban al alcance de una minoría y de los señoritos revolucionarios que llegaban de Tacna, los fines de semana. Cargados de ropa, de alimentos, de gasolina importada, los señoritos colaboraban al desabastecimiento de un pueblo acosado por el imperialismo norteamericano que ellos enseñaban a despreciar. 

Las acusaciones de Ubillús no merecieron mi respuesta. Comprendí que formaban parte de un plan concertado para alejarme del sistema. Días más tarde se me acercaron dos funcionarios del Departamento de Planificación ofreciéndome un puesto, de bajo nivel, como promotor en el anexo de Palca, en el área rural. A causa de que no lo aceptara en otra reunión el ingeniero Sócrates Reynaga Rivas, que en nada hacía honor a su clásico homónimo, rompiendo a troche y moche el castellano, trató públicamente de demostrar que no era yo un auténtico revolucionario puesto que prefería la comodidad de la ciudad antes que radicar en la sierra. Era evidente la ojeriza contra mi persona. No me quedó otro camino que la renuncia. En la misma situación se encontraban empleados tacneños de otras áreas. El ambiente era irrespirable. Las diferencias y discusiones se proyectaban a los centros comunales, a las cooperativas, a los sindicatos. SINAMOS era una palabra que causaba desconfianza y malestar. Decir que se trabajaba allí era una mala carta de presentación.

Mas como en todo grupo siempre hay gente generosa, buena. Es la gente que ocupa cargos menores. Ellos, en los pasadizos, en el ascensor, subiendo una escalera, me decían una palabra de aliento, de apoyo, siempre en voz baja, con temor de ser escuchados.
Algún tiempo más tarde un taxista se negó a recibirme el importe de su servicio  diciéndome que el había trabajado en el SINAMOS y que allí me había conocido. Me repitió las palabras que entonces le dijera al mencionado ingeniero Reynaga y que yo había olvidado. Solamente recordaba que le dije que mucho más temprano que tarde retornaría al mismo edificio. Palabras de poeta, palabras de profeta. Tres años más tarde, desaparecido el SINAMOS, ocuparía en el mismo edificio, arrendado por la empresa ELECTROPERU, la jefatura de Relaciones Públicas.  Del pequeño ingeniero zootecnista nunca más se supo como no se supo jamás qué sería del destino de los señoritos al acabarse su revolución. Mi renuncia la presenté al General Juan Sánchez Gonzáles, entonces jefe de la plaza y Director Regional del SINAMOS y más tarde Ministro de Energía y Minas. Él tuvo la gentileza de invitarme a su despacho. Me pidió que reconsiderara mi renuncia. Le di los motivos porqué no lo haría. ?Si esa es su decisión, la respeto? ? me contestó el militar.

El Área Juvenil, hasta el fin de SINAMOS, pasó con más pena que gloria. Ubillús fue cambiado a otra región y reapareció en Tacna, durante el gobierno del General Morales Bermúdez, a quien acusaban de derechista, fascista y reaccionario, como Jefe de la Oficina Zonal de Información. Ubillús, velasquista y revolucionario, trabajando en ambas fases del llamado proceso revolucionario demostró, como sus otros camaradas, no tener bandera.  Mi renuncia, aunque me dejaba sin trabajo, me ofrecía libertad para el espíritu, paz interior para vivir civilizadamente. Atrás quedaron las intrigas, el cuidarse las espaldas, el ser obligado a marchar ordenadamente por las calles, en las manifestaciones en apoyo al régimen, mientras un gordo y rozagante empleado adulón filmaba los desfiles para comprobar después, en la intimidad de las sesiones de crítica y autocrítica ?revolucionaria?, quienes eran los más entusiastas en vivar al líder indiscutido e indiscutible y a su proceso de democracia social participación plena. Algunos de aquellos entusiastas aprendices de camarógrafo y jefes de áreas de trabajo revolucionario los encontraría más tarde muy tranquilos en la burocracia estatal del nuevo régimen democrático. Son ?los que ayer nomás decían?.

La experiencia llamada SINAMOS nos marcó por algún tiempo. Para mí fue una gran decepción y una prueba de que las ?revoluciones? no se hacen de arriba apara abajo, por decretos, así se cuente con todo el poder en lo económico, lo político y lo militar. Éramos jóvenes y como todos los jóvenes idealistas, hasta ingenuos. Muy pronto nos habíamos decepcionado de los ?partidos tradicionales?. Habíamos bebido la rebeldía de los años 60. Nos entusiasmamos con los barbudos cubanos, de la primera época. Sentimos como propias las rebeldías de los jóvenes franceses y de los argentinos que con sus protestas conmocionaron el mundo. Ingresamos a la vida ciudadana, apenas egresados de la Universidad, cuando en varios países de América gobernaban partidos de izquierda. Creímos que ese era el camino. Nos equivocamos, nos frustramos. No sería la primera ni la última vez.

Fruto de aquella experiencia laboral, altamente frustrante, es mi primer poemario, EPIGRAMAS & EPITAFIOS, publicado en el año 1975 en el que empecé a trabajar, en junio, en el área de Relaciones Públicas e Información, en ELECTROPERU, para mi tranquilidad.

... continua >>>


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