CONFESIÓN DE PARTE
 
de FREDY GAMBETTA
(3 parte)


BREVE HISTORIA DE ALGUNAS CAMPAÑAS

La triunfante Revolución Cubana significó, de alguna manera, el triunfo de la juventud. Por doquier, los jóvenes americanos tomábamos como propias las banderas de los rebeldes barbudos que bajaron triunfantes de la Sierra Maestra, comandados por el doctor Fidel Castro Ruz. Esas banderas se agitaban en las universidades, en los sindicatos, en los mitines populares y hasta en los colegios secundarios.

En los primeros años de la década de los 60 era incontenible el deseo de la juventud por participar en la solución que se debería dar a los múltiples problemas de nuestras pobres repúblicas.  En ese contexto los jóvenes tacneños que habían emigrado para estudiar en las universidades de Lima, Arequipa, Cuzco e Ica, regresaban en las vacaciones y organizaban Congresos de Juventudes. Finalizaba el período del segundo gobierno constitucional del doctor Manuel Prado Ugarteche.

En el Primer Congreso de Juventudes, se aprobaron, como puntos principales de la agenda, solicitar la nacionalización del petróleo de la Brea y Pariñas; rechazar las pretensiones del Ecuador de ocupar Tumbes, Jaén y Maynas y, en el plano local, la creación de la Universidad para Tacna. En los congresos de juventudes intervenían una centena de estudiantes universitarios y secundarios. Éstos últimos asistían a las asambleas con derecho a voz.
Desde afuera el ilustre patricio tacneño, doctor Guillermo Auza Arce, en sendos editoriales, que escribía en el diario AHORA, nos alentaba en nuestros propósitos.

Al finalizar el Segundo Congreso de Juventudes se organizó un mitin popular en la Plaza de Armas. Se convocó a una preconcentración en la plaza Zela de la cual bajamos, hasta la plaza de Armas, portando banderas y cartelones, y pidiendo a gritos universidad, nacionalización del petróleo y otros lemas.  La comunidad tacneña que, en aquellos años, no llegaba a 40 mil habitantes, poco acostumbrada a las manifestaciones ruidosas, observaba expectante.

En la plaza se dijeron discursos de variados matices. Habló el periodista Carlos Nalvarte Cevallos, viejo luchador por la reincorporación de Tacna al Perú y, en esos momentos, dirigente del Partido Comunista Peruano. No puedo precisar quien habló representando a los participantes del Congreso de Juventudes. Yo hablé a nombre de los estudiantes secundarios. Ese año empezaba a cursar el quinto año de secundaria, tenía dieciséis años y un primer amor. Mi discurso se limitó a expresar el clamor de los jóvenes porque se creara la Universidad de Tacna.
Aquel mitin tuvo consecuencias. El gobierno inició una gran redada en contra de todos aquellos a quienes se identificaban con la izquierda a los que, sin excepción, se les colocaba el, entonces, terrible sambenito de comunista. De Tacna fueron conducidos a El Frontón y el Sepa, ergástulas infernales, políticos y dirigentes sindicales. En la caravana de detenidos marchó el luchador social Carlos Nalvarte Zevallos.

Los dirigentes del congreso regresaron a sus universidades. Yo, por buen tiempo, sufrí los efectos de una no muy soterrada caza de brujas. Me pusieron el primer mote de mi vida, ?comunista?. Porque, en esos años, pedir la mínima reivindicación social era suficiente para ganarse el mote. En mi casa, por mi causa, sufrieron meses de angustia. La Universidad Nacional de Tacna se crearía once años después.

Algunos años más tarde ocupó la Alcaldía de Tacna, como segundo Alcalde elegido por el voto popular, Rómulo Boluarte Ponce de León. Hombre enérgico, batallador. Había sido militar. Se ocupaba del cultivo de una chacra y de hacer política en la Unión Nacional Odriísta. Precisamente como candidato de la llamada Coalición del Pueblo, que la conformaban los otrora enemigos Partido Aprista Peruano y la Unión Nacional Odriísta, fue elegido burgomaestre. Era una muestra del agradecimiento que, hasta esos años, manifestaban en
las ánforas los tacneños al General Manuel A. Odría, a quien en 1954, el Concejo Provincial le había dado el título de Benefactor de Tacna por haber construido obras públicas de importancia.

El Alcalde Boluarte creyó oportuno añadir al emblema de la ciudad un par de aguiluchos que, según él, son oriundos de la zona. De tal manera que un emblema republicano, cuyos únicos adornos son la corona de laurel y una cinta bicolor, resultaba burdamente adulterado para dar la ilusión de que Tacna era una ciudad de prosapia española. Nada más falso. Tacna no tiene
acta de fundación, a mucha honra.  Fue preciso organizarnos. Con mi dilecto amigo Luis Cavagnaro Orellana redactamos un memorial que lo hicimos firmar por tacneños de cepa, algunos de ellos habían participado en las campañas plebiscitarias de 1925-1926. El documento lo dirigimos al Alcalde, el 28 de Febrero de 1967. En los párrafos más resaltantes decíamos: ? Como es de conocimiento público esta ciudad no fue fundada por conquistadores españoles como lo fueron las ciudades de Lima, Trujillo, Arequipa, Piura o Huanuco. (De ésta última ciudad era oriundo el Alcalde). En consecuencia, no puede hablarse de un Escudo de Armas, gracia que fue concedida por la Corona de España a estas ciudades, dentro de la costumbre imperante en aquella época colonial.

El llamado Escudo de Tacna fue creado por un grupo de intelectuales y artistas y aprobado por una Junta de Notables reunido en el antiguo Palacio Municipal.

Los elementos constitutivos de este Escudo representan el título de Heroica Ciudad, el nombre de su Patrono religioso, la figura del león rampante como símbolo de la nobleza y la bravura; la flor del granado como símbolo de la fecundidad del suelo tacneño y de la belleza singular de su campiña; y la corona cívica entrelazada con la cinta bicolor peruana, como máximo galardón de la República. Conviene subrayar que esta última alegoría, que sustituyó a los yelmos, águilas y coronas de los escudos de los pueblos conquistados, no puede faltar en el Emblema de un pueblo libérrimo como Tacna.

De acuerdo con los preceptos de la Heráldica, ciencia del blasón, no es  imprescindible adoptar para un emblema o escudo representaciones de elementos telúricos típicos del lugar, sino más bien, símbolos que ostenten las virtudes y méritos del pueblo.

En este cuarto de siglo de existencia de este emblema, muchas generaciones tacneñas han grabado en su conciencia estos símbolos haciéndoles parte integrante de su espíritu cívico y de la tradición histórica de este gran pueblo; y la tradición de una comunidad es algo sagrado, inmutable e intangible. En este sentido, el propósito de paragonar a Tacna con ciudades que tienen mayor valor que el deber de mantener incólume la personalidad de este pueblo que exhibe como blasones, de elevado prestigio, su origen humilde y democrático, así como su gran espíritu libertario y su inclaudicable amor a la Patria.? 
Por un supuesto comité de defensa del emblema de Tacna firmábamos Luis Cavagnaro, el Profesor Hermilio Hinojosa Rubio, que nos ilustró sobre heráldica, y yo. Nos acompañaban, entre otros, los siguientes ilustres tacneños: Juan Auza Arce, Dora Arce Liendo, Agustina Berríos Liendo, Guillermo Sañudo, Rosa Alina González Tapia, María Cadima Tapia, Víctor Liendo Figueroa, Blanca Carvajal Pons, Gladis Céspedes Quelopana, Daysi Flores Quelopana y Lastenia Rejas de Castañón.

Los agregados al emblema de la ciudad nunca fueron aprobados. Sin embargo, el Alcalde ordenó que sea pintado, con los aguiluchos, en algunos carteles que promocionaban las obras que ejecutaba la comuna y en unos modernos carros destinados a la baja policía.

Mi buen amigo, el doctor José Jiménez Borja me contó que el doctor Raúl Porras Barrenechea, en el Club Nacional, le había solicitado el Escudo de Tacna para colocarlo, en el mencionado club, como parte de u8n homenaje que harían a los Departamentos del país. Jiménez Borja le contestó que Tacna no tenía escudo de armas por no haber sido fundada por los españoles. A partir de ese pedido, se reunieron el doctor Jiménez Borja y el profesor
Enrique Gamarra Hernández, que conocía de heráldica. Jiménez Borja aportaba ideas y los elementos que se deberían colocar en los distintos campos, con los colores de estilo. El emblema de Tacna, creado por Jiménez Borja y Gamarra Hernández, se puede apreciar en un vitral que adorna un friso interior de la Catedral de la Heroica Ciudad.

El emblema lo entregó a Tacna, el doctor José Jiménez Borja, el viernes 11 de enero de 1946, en una sesión solemne que tuvo lugar en el Concejo Provincial que presidía el Alcalde Filidor Cavagnaro. En esa reunión estuvieron presentes el Prefecto del Departamento, doctor Guillermo Auza Arce; el primer Obispo de la Diócesis de Tacna y Moquegua, Monseñor Carlos Alberto Arce Masías y el doctor Miguel Angel Cornejo, Presidente de la Corte Superior
de Justicia de Tacna y Moquegua, además de gran cantidad de vecinos que fueron testigos de tan significativo acto cívico.  
Pese a ello, inexplicablemente, algunos se empeñaron en negar su autoría, a tan brillante hijo de Tacna y, más aún, hasta que escribo estas notas, - octubre de 2001- el Concejo Provincial no ha oficializado el emblema de la ciudad decretando, como debe ser, la intangibilidad de su forma y la distribución y características de sus campos.

Unos años más tarde, en la carátula del libro Estampas y Episodios de la Vida Tacneña, del periodista Segundo Morales Villagra, apareció el emblema de Tacna con adornos orientales y una antorcha en la parte superior, sobre la cinta bicolor, en medio de la corona cívica de laurel. El autor de estos nuevos agregados era el profesor arequipeño Eduardo Núñez Núñez, excelente pintor y dibujante. El autor del libro dice que el emblema ? ?(es) una genial producción, concebida en la mente ilustrada y creadora del consagrado artista nacional, profesor Eduardo Núñez Núñez, quien a solicitud del Dr. Enrique Gamarra Hernández, trazó el mencionado proyecto??(Pág. 119) Lo probable es que Gamarra Hernández le entregara el contenido, ideado por Jiménez Borja, a Núñez Núñez para que lo dibujara. Después de algunos años, el dibujante le agregó lo elementos citados que, finalmente, nunca se han considerado en el emblema o escudo que conocemos.

El escudo quedó tal cual lo conocimos. Al asumir el cargo de Alcalde, el odontólogo Guillermo Silva Flor, del partido Acción Popular. En 1980, observé que el sillón que ocupaba tenía en el espaldar grabado el emblema con los aguiluchos que había dejado Rómulo Boluarte Ponce de León. Entonces llamé su atención para que se quitaran las mencionadas aves que habían sido motivo de una de nuestras campañas ganadas, hacía más de diez años. Silva Flor accedió de inmediato con lo que, para siempre, desaparecieron volando los aguiluchos de marras.

La tercera campaña la libramos, sin éxito, en defensa de la hermosa casa quinta, residencia del Obispo de Tacna y Moquegua, que estaba ubicada al inicio de la alameda Bolognesi. Esa casona fue construida a mediados del siglo XIX, en una época de bonanza, vivida por la ciudad, truncada por la guerra. El doctor Jorge Basadre, el arquitecto Héctor Velarde, autor de
la Historia de la Arquitectura Republicana y el Director del Centro de Investigaciones y Restauración de Bienes monumentales, del Instituto Nacional de Cultura, abogaron desde Lima para que se conservara la casona sugiriendo su restauración. Todos protestamos. Sin embargo su ocupante, el Obispo de la Diócesis de Tacna y Moquegua, que no era tacneño, hizo mutis y aceptó que el estado le ofreciera, a cambio de su tranquilidad y silencio, una casa en la misma avenida Bolognesi. 

Firmamos cartas abiertas, dirigidas a la opinión pública. Una de ellas fue suscrita por el historiador Luis Cavagnaro Orellana; Eliana Céspedes Quelopana, educadora; Luis Cohaíla Tamayo, profesor; Güido Fernández de Córdova, pintor, poeta y escritor; Virginia Lázaro Villarroel, Directora de la Filial del Instituto Nacional de Cultura y Gróver Pango Vildoso, entonces Director de Estudios del Colegio Parroquial Cristo Rey.

Con otro grupo redactamos y suscribimos una carta de rechazo a la medida que el gobierno iba a tomar. Era una decisión política del Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada, y no del Concejo Provincial que, aunque lo hubiera querido, nada podía hacer para oponerse. Sin demora, ayayeros visibles del régimen militar trataron de confundir la intención de nuestras gestiones presentándonos como voceros de posiciones políticas adversas al gobierno.
Esto agravó la situación cuando reparamos que el Comandante General del Destacamento Tacna y Director de la Oficina Regional del Sistema Nacional de Movilización Social, SINAMOS, Eduardo Salhuana Mac Kee. 

Un día, entre gallos y medianoche, los tractores ingresaron a los jardines de la bella casona y la derribaron. A causa de ello renuncié al cargo de Inspector de Cultura y Espectáculos para  el que había sido designado en el cuerpo de concejales que presidía Güido Rossi Loureiro.

El lugar que ocupaba ?el Obispado?, como se le conocía, que podía haber sido destinada a Pinacoteca o Museo de la Ciudad, como se sugería, se levantó un parque a un costo superior a los seis millones de soles en una época dura para la economía del municipio local. En medio del parque instalaron una locomotora que, según afirmaron, era la máquina que movía el tren usado por el Coronel Francisco Bolognesi para trasladarse a la defensa de Arica. Ese dato es absolutamente falso porque el héroe no partió de Tacna al campo de batalla. Si es cierto que esa máquina fue usada para trasladar a las tropas peruanas hacia el puerto como también es cierto que, durante muchos años, sirvió para transportar a los soldados chilenos que venían a reforzar la plaza tacneña en la que, en una época, alrededor del año 1920, había ocho mil militares distribuidos en cinco regimientos. 

Perdimos la campaña por recuperar para Tacna un monumento histórico de primer orden y tuvimos la certeza, una vez más, que el poder es casi siempre sordo a las razones que se esgrimen en nombre de la cultura y de la preservación del patrimonio nacional.
Por aquellos años trabajé en la Sub Dirección de Reforma Agraria, de la Zona VII, del Ministerio de Agricultura y después fui Coordinador de la Oficina Local de Pueblos Jóvenes. Eran los tiempos del Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada que presidía el General Juan Velasco Alvarado. No niego que me entusiasmé, como muchos. También integré varios equipos que formaron las Cooperativas Agrarias de Santa Rita, en Calana, La Yarada y Los Palos. Era, y aun a esta mi edad creo que sigo siendo, bastante ingenuo, crédulo. Nunca he pensado con malicia.  Entregué lo mejor de mi esfuerzo en largas jornadas con los campesinos y con los pobladores de los barrios marginales que crecían, aceleradamente,
en Tacna, producto de la inmigración.

La Oficina de Pueblos Jóvenes, que tenía dependencias en todo el territorio, y las Corporaciones de Fomento y Desarrollo Económico, se unieron para formar el Sistema Nacional de Apoyo a la Movilización Social, cuyas siglas eran SINAMOS. De esa forma, de la noche a la mañana, me vi involucrado en la maquinaria política del gobierno. Me enviaron a Lima, a cursos de ? concientización ? en los que conocí, entre otros, a Carlos Delgado Olivera, Sociólogo, ex aprista, ideólogo del gobierno presidido por Velasco Alvarado. En aquellas
reuniones estuve cerca de Héctor Béjar, que había sido integrante de las guerrillas, en el primer gobierno del Arquitecto Fernando Belaúnde Terry. Estaba en terreno minado, en la cosa política de la que siempre he sido ajeno, que nunca me ha interesado.

Por eso no duré mucho. De regreso a Tacna trabajé en la Oficina Regional de Apoyo a la Movilizaciòn Social, ORAMS XI . Aquello era un nido de intrigas, de ? serruchadas de piso ?, de acusaciones. Pronto, gente que llegó de afuera, a ganar excelentes sueldos, ? para hacer la revolución ?, se dio cuenta de que mi presencia estorbaba. Averiguaron que era miembro del Grupo Teatral Tacna, en su mejor época, dirigida por un anarquista genial, el argentino Líber Forti y que uno de mis mejores amigos, Gróver Pango, además de aprista, era dirigente del Sindicato Único de Trabajadores de la Educación Peruana. Eso bastó para que me acusaran de reaccionario, y me quitaran toda responsabilidad burocrática, para obligarme a renunciar. Me hicieron un grandísimo favor. 

... continua >>>


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