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FREDY GAMBETTA
En la calle Unanue, a media cuadra de la Plaza de Armas, en una inmensa
casona de dos pisos, vivía la familia Rejas – Chávez. Conocí al padre,
don Angel Rejas Neira, a quien lo recuerdo como un venerable anciano,
bonachón, que usaba, si mi memoria no me juega una mala pasada, una
boina, al estilo vasco. No conocí a la madre, doña Petronila Chávez a la
que llamaban Petita. El esposo, para todos, era don Angelito. Esos
diminutivos bastarían para darnos a conocer el cariño que inspiraban
entre sus conocidos y familiares y, en realidad, en toda la comunidad
tacneña que era, en esos años, sobre todo en el centro, muy pequeña en
la cual, prácticamente, todos se conocían.
Por eso era que cuando por la radio la música clásica anunciaba el
deceso de un vecino, en el hogar se imponía silencio para enterarse de
quien se trataba. Si no sonaba muy conocido el nombre del difunto, se
esperaba que el locutor leyera la dirección donde era el velorio para
ubicar al desaparecido parroquiano.
Doña Petita y don Angelito formaron, lo que se dice, un hogar modelo, de
virtudes cristianas y con códigos morales sólidos. Fueron seis los hijos
que procrearon. De ellos decían que eran muy inteligentes y, lo que es
más importante, buenas personas. Uno de los hermanos, a quien recuerdo,
entre brumas, se llamaba Enrique y, con su partida, enlutó a esa familia
tan unida.
El 26 de febrero de 1950 nació la menor de los hijos, Carmen Rosa, que
vivió su infancia feliz en el hogar y en la Escuela Nr° 999, que se
llamaría años más tarde República Argentina. Su maestra de Primaria fue
Graciela Cúneo. Los estudios secundarios, como la mayoría de las chicas
tacneñas, los cursó en la Gran Unidad Escolar Francisco Antonio de Zela.
Culminados éstos estudió pedagogía, primero en la Escuela Normal
Superior de Mujeres y los culminó en la Escuela Normal Superior “María
Auxiliadora”, en Lima, graduándose en la especialidad de Matemáticas y
Física. Su vocación por las ciencias fue alentada por sus maestras Lucy
Céspedes Quelopana, Nora Flores Torres y Luisa Koc Vargas.
Fue una joven de espíritu alegre, juguetona, con un gran sentido el
humor y aficionada a la música. Tanto es así que debe haber sido una de
las pocas jóvenes que gustaban de tocar la batería, además de la
guitarra.
No le he preguntado como descubrió su vocación religiosa. Solamente se
que ingresó a la Congregación Religiosa de las Hermanas Franciscanas de
la Inmaculada pronunciando sus votos definitivos el 9 de marzo de 1980,
después de haber cumplido con una dura experiencia como misionera en la
selva, en el pueblo de Mazamari. Dura, es un decir, para nosotros, pero
no para ella pues esos años le hicieron sentir que realmente estaba
destinada a servir la causa de Cristo.
Siempre estudiosa obtiene la Maestría en Educación, en la Universidad
Latinoamericana de Puerto Rico y se especializó en la Universidad
Femenina, en Lima.
Lo más destacable, lo más hermoso de su vida de servicio, entregada a la
enseñanza, es que dirigió su labor a los discapacitados, trabajando con
niños sordos en Barranco, con niños ciegos en Arequipa y en el Cusco. Y
también en Venezuela y en Puerto Rico.
Tal era su vocación que buscó y obtuvo los medios para especializarse en
educación especial en Alemania, Brasil, España, Argentina y Cuba. Lo que
aprendió lo compartió, en nuestro país, con docentes de Educación
Especial, como Coordinadora Itinerante de la Fundación CBM, de Alemania.
En Arequipa, la Hermana Carmen fundó el Centro de Rehabilitación CERCIA,
para atender a ciegos adultos formando un Coro Polifónico de Ciegos, con
los que alguna vez llegó a esta su tierra natal.
Gracias a su iniciativa se creó, en la Universidad Nacional San Antonio
Abad, del Cusco, como segunda especialización la Educación Especial que,
a la sazón, es la única en el Perú. Para ello la mencionada Universidad
firmó un convenio con la Congregación de Hermanas Franciscanas ECOSOL,
de España y la Universidad Autónoma de Madrid.
En la Región Cusco nuestra querida y buena paisana no solamente ha
trabajado por los discapacitados sino que ha desarrollado una fructífera
labor de proyección social en bien de comunidades como Conchalla,
Uspabamba, Huacoto, Zuncho, Picol Orcconpugio, San Jerónimo y Catca.
Usted, como yo, si no es cuzqueño, jamás habrá tenido noticia de que
existían esos remotos lugares en lo que ella fundó, construyó o instauró
centros de salud, viviendas unifamiliares, talleres artesanales,
farmacias comunales, granjas, riego por aspersión, criadero de truchas y
hasta una molinera agroindustrial. También ha equipado, con computadoras
especiales, varios centros de informática para ciegos. Para realizar
esta gran obra ha tenido que buscar la ayuda internacional de
fundaciones españolas y alemanas.
En convenio con la Universidad Tecnológica Metropolitana de Chile ha
conseguido que el Centro de Educación Especial del Cusco se integre al
proyecto de la Organización de Estados Americanos: “ Integrando los
sentidos en el manejo de la información Geoespacial con énfasis en las
personas ciegas y sordas de América Latina”.
Su interés por difundir la Educación Especial la ha llevado a editar
tres importantes revistas de circulación internacional. Una de ellas
tiene un título conmovedor “Asumiendo la riqueza de la diversidad”
La obra de esta excelente mujer, de esta tacneña sin par, ha sido
reconocida por la Municipalidad Provincial de Tacna designándola HIJA
PREDILECTA, en sesión Solemne. De aquí, ella va a España como Consejera
General de la Congregación de las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada,
en el ámbito mundial. Sin duda un reconocimiento a una cristiana íntegra
que prestigia a la mujer tacneña y que nos prueba, con su obra, que el
bien existe.
da Freddy Gambetta-Tacna 2008©
por Peruan-Ità
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