RUMOR DEL CAPLINA
Calles de Tacna
de FREDY GAMBETTA

Los nevados, los cerros tutelares, la verde campiña de angostos y perfumados callejones, el río pequeño, juguetón, travieso, que recorre la ciudad cobijado en el regazo de la madre tierra, y las calles forman el paisaje que recrea nuestra vista, desde que llegamos al mundo.

Ese paisaje acompañará nuestros sueños, nuestras ansias, nuestras esperanzas y nuestros amores hasta que un día, como quería Federico, nos entierren de bruces para besar el polvo del suelo tacneño. En esta breve crónica haremos un recorrido por algunas calles de la vieja Tacna.

De esta Tacna que no tiene acta de fundación española y que, por eso mismo, se siente orgullosa de su mestizaje. De esta, nuestra ciudad, que luce un escudo, mejor diría un emblema, en el que la corona real ha sido reemplazada por la corona cívica, de laurel.

LOS ORIGENES
Diego de Almagro, en su viaje a Chile, pasó por Tacna en 1536. Fue la primera visita de los españoles que, seguramente, encontraron un pueblo pequeño, un pueblo de indios, cuyo núcleo, creen algunos, se encontraba en el espacio que hoy ocupan las calles Fermín Nacarino y Julio Mac Lean, que se conociera más tarde como «Ranchería del Caramolle».
El 22 de noviembre de 1538 se dio a Tacna, en Encomienda, al conquistador Pedro Pizarro.

El historiador Luis Cavagnaro Orellana escribe que nuestra ciudad tiene su origen en el pueblo que, posiblemente, estableciera con el nombre de San Pedro de Tacna el Capitán Juan Maldonado de Buendía. Al establecerse el pueblo español, se trazó una calle principal. Esa calle fue Zela. Por eso se explica su trazo recto, lineal. En esta angosta calle, paralela a la calle San Martín, nacieron dos ilustres tacneños, ambos en la cuarta cuadra. El sabio Francisco de Paula Gonzáles Vigil, en un solar que hoy ocupa la Beneficia Pública, y el Héroe de Arica Coronel José Joaquín Inclán, en una bella casona hoy propiedad de la empresa de electricidad, ELECTROSUR, y declarada monumento histórico.

Aprovecho la crónica para hacer notar que desde hace más de dos años que robaron la placa, de la casona de Inclán, la empresa no la ha repuesto. Hay que hacerlo. En la quinta cuadra de la calle Zela se encuentra ubicada la casa en la que morara el prócer Francisco Antonio de Zela y Arizaga, totalmente restaurada por el Banco Industrial del Perú y convertida en Casa Museo.

Una mirada, a vuelo de pájaro, por los ambientes de esa casona, nos remonta al siglo XIX. En sus salones y en su patio interior creemos percibir aún el espíritu del patriota criollo que, acompañado por el indígena cacique José Rosa Ara y un grupo de criollos tacneños, saliera de ese recinto, el 20 de junio de 1811, a lanzar el Primer Grito de Libertad, diez años antes de la proclamación de la Independencia.
Por ese acto heroico Tacna ganó el título de Heroica Ciudad en 1828. Siempre en la angosta calle Zela, que a veces se nos antoja podría llamarse también calle Tacora, pues parece que terminara en el volcán tutelar de la ciudad, vivió muchos años el Cantor del Cautiverio, Federico Barreto. Calles transversales atraviesan Zela. Una de las más importantes es la que recuerda la memoria del Héroe de Arica Coronel Justo Arias y Aragüez. Esta calle, en tiempos de la Colonia y en los primeros de la República, era muy corta.

Al construirse el nuevo cementerio, en 1848, se alargó prolongándose hasta las faldas del Cerro Intiorko. Entonces la llamaron «calle de la conformidad». Por ella, tarde o temprano, haremos el postrer recorrido, conformes y resignados ante lo inevitable. Al este, el barrio Alto Lima, popular, alegre, adornado por hermosas muchachas y gente alegre, cuna de deportistas, bullicioso, dispuesto a extender una mano amiga, cálida y fraterna. Muchos suponen que Alto Lima debe su nombre a la capital de la República. Eso no es cierto, es una suposición errada. Alto Lima es traducción de «lima pata», que significa alto pedregoso.

El Libertador Simón Bolívar ingresó a Tacna por el barrio Alto Lima, en medio de arcos de flores, el 30 de enero de 1826. El poeta Federico Barreto, en una crónica, describe ese acontecimiento registrando que una niña, llamada Isabel Palón, de 8 años, recitó un poema en honor del ilustre visitante que había llegado montando una mula ricamente enjaezada y portando rico poncho de lana de vicuña, sombrero de jipijapa y altas botas con espuelas de oro.

El libertador se alojó en casa del señor Stevenson, ubicada en el lugar que hoy ocupa la Municipalidad. Por esos años la hoy calle San Martín terminaba dos cuadras más debajo de la Capilla del Espíritu Santo. Un tajamar de defensa, para evitar que las aguas del Caplina se desbordaran, inundando la ciudad, separaba a San Martín, entonces Calle del Medio, de Alto Lima.
Alto Lima conserva el tradicional sabor de Tacna. Aún luce casas con techo de mojinete tacneño que tiene la forma de pirámide trunca, hecho para soportar finas garúas y no aguaceros serranos. En otra crónica seguiremos con estas descripciones del paisaje urbano del casco viejo tacneño.

Crónica de 1946

Nota.- Querido lector, le entrego la segunda parte de una crónica de lo que sucedía en Tacna hace 50 años, cuando nuestra ciudad no tenía más de 30 mil habitantes.
Hoy se acerca a los 300 mil. Se estaba construyendo el edificio de la Ford, en la esquina de Arias y Aragüez con Dos de Mayo. Mientras se abrían las zanjas se derrumbó una pared que colindaba con el templo de la Logia Masónica.
Murió asfixiado el obrero César Cruz. Un mes más tarde, el 27 de febrero, otro obrero de la construcción, Jacinto Janepa Mamani, fue muerto por un volquete que extraía desmonte.
La Voz de Tacna se hizo eco de una campaña periodística nacional de apoyo a las denuncias que se presentaban en la Cámara de Diputados contra representantes del gobierno de Prado.

El periodista tacneño escribe que ningún pueblo, como Tacna, sufrió tanto con la presencia de Roberto Mac Lean, llamado el Cacique, a quien debían lealtad el prefecto, el alcalde, el tesorero fiscal y otras autoridades de menor nivel. Había llegado la hora de la revancha, que es implacable en la política provinciana. En esos años se decía que en Tacna «hasta las piedras eran apristas».
Con grandes titulares el diario anunciaba la llegada del Secretario General del Comité del Sur, Carlos García Ronceros, futuro padre de Alan García Pérez, para juramentar al comité de Tacna que lo presidía Julio Urbina y al que acompañaban los probados apristas Andrés Gonzáles, Carlos Arenas, Germán Pango, Lizardo Velarde, Wenceslao Morales, Guillermo Kuong Cabello, Amadeo Zarzuri, Fortunato Zora Carvajal, Gustavo Liendo Firpo, Alberto Valdez y el periodista Eduardo Carbajal Soto, director de La Voz de Tacna quien, en 1963, fuera electo diputado por Tacna en la lista de la Unión Nacional Odriísta (UNO).

El intelectual tacneño José Jiménez Borja, que había pasado por Tacna, fue condecorado por el Gobierno de Chile con la Orden al Mérito en el grado de Comendador.
Para la fiesta de Carnaval, que se celebraba durante tres días y se remataba en el Domingo de Tentación, con el entierro de Ño Carnavalón, se formaba una comisión especial.
Aquel año se presentaron varias candidatas para el reinado de la Ciudad y del Trabajo. La reina fue la señorita Dora Carbajal Soto, elegida con más de 21 mil votos. Sus damas, distinguidas princesas de la rosas, jazmines, violetas, buganvillas, claveles y dalias fueron Carmen Muzzo, Edda Foppiano, Carmen Rosa Luque, Rosa Pitaluga, Irma Vargas Méndez y Elena Giglio. Reina del Trabajo fue elegida Isabel Angelats, pese que había renunciado a candidatear, ofendida porque escuchara rumores que la vinculaban con el Partido Comunista.
El Rey Feo fue Eleuterio Fuentes, Culí I. A Isabel Angelats la acompañaron, en la Corte de Honor, Leila Villanueva, Irma Arce Pozo, Ruth Flores y Nelly Alay. La primera de ellas ocupó la secretaría de la Juventud Aprista tacneña y viajó a Lima como delegada. Estudiaba el Primer Año en la Escuela Normal.
Sus bonos subieron al ser entrevistada en La Tribuna, diario aprista. El cumpleaños de Haya de la Torre se festejaba en Tacna toda la semana. La Voz de Tacna le dedicaba sus primeras páginas. El cronista decía que se trataba «de la fiesta cívica del nuevo Perú». Se levantaban quioscos en la avenida Bolognesi, entre Miller y Junín; se organizaban paseos de antorchas; se iluminaban los paseos y se encendían fogatas en los cerros Arunta e Intiorko. En la semana Haya de la Torre disertaba, por Radio Tacna, la señorita Zoila Sabel Cáceres y leían artículos escritos por Fortunato Zora Carbajal. Mientras tanto seguía la campaña contra Roberto Mac Lean Estenós, a quien acusaban no solamente de haber perseguido a los apristas sino de haberse apropiado de 13 mil soles.

Los padres de familia y vecindario elevaron memoriales, al Ministro de Educación, para que separen de sus puestos a los docentes Carmen Julia Carreño y Augusto Rodríguez Larraín, directores de los Colegios Nacionales Francisco Antonio de Zela y Coronel Bolognesi, no solamente porque, según decían, eran malos administradores, sino por haber sido designados, para variar, por el diputado Mac Lean. Estaban por concluir la construcción del edificio de la municipalidad, que el humor popular bautizó como LA CASA DE LAS MUÑECAS, ubicada entre San Martín y Apurímac.

El periodista Villena Quelopana decía que debían expropiarse o comprarse las áreas vecinas, pensando en ampliaciones futuras. No le hicieron caso. Como siempre sucede con quien tiene la razón. Las consecuencias las pagamos nosotros, después de cincuenta años, al ver el horrendo edificio que hoy ocupa el Concejo Provincial, frente al antiguo Hospital San Ramón, cuyo Salón Consistorial parece una barraca. El 4 de abril se enfrentaron la selección de Tacna y el Alianza Lima. Los tacneños ganaron por 3 goles a 1. Dos goles anotó el moreno Pedro Quiroga y uno Fuenzalida. El arco aliancista lo custodiaba el legendario Legario.

Un cronista deportivo, que firmaba con el seudónimo Tiro Libre, hace un elogio del joven Jorge «Choche» Flores Torres que, con solamente 17 años, destacaba como futbolista, en el Club Alianza Lima, y también como basquetbolista.
FREDY GAMBETTA 


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