Lo que un día fue, no será
de Dario Mejia  Melbourne, Australia

Hoy se cumplen dos semanas de estar visitando Lima, luego de haber pasado casi tres años desde la última vez que estuve en nuestra tres veces coronada villa. El calor familiar ha sido el común denominador en estos días, aunque debo reconocer que el clima limeño me afectó tanto que hasta casi hizo que me regresara, mucho antes de lo programado, a Melbourne, Australia, donde vivo. Pero algo que aprendí de la vida fue que mantener la mente sana y ocupada es el mejor remedio para cualquier mal, por lo que leyendo a nuestro gran historiador Jorge Basadre no sólo me acordé de lo que me propuse investigar en Lima sino que se me vinieron varias ideas a la mente sobre otros puntos a investigar, mientras me encuentre en Lima, y tomar los males como una especie de penitencia de Semana Santa que ya se están yendo, al igual que la semana religiosa.

Ayer, durante una reunión con mis hermanos, les comentaba que algo que me ha llamado mucho la atención en Lima es la música que los taxistas suelen escuchar mientras trabajan. En los taxis que he tomado, ya sea por la mañana, tarde o noche, el conductor se encontraba escuchando música romántica y como yo soy un romántico empedernido he disfrutado, durante el viaje, de hermosas baladas del recuerdo.

Como me gusta conversar mucho sobre cualquier tema, entablaba conversación con los taxistas y les preguntaba a que se debía que estaban escuchando esas baladas del recuerdo. La respuesta general que encontré fue que los relajaba de la presión que ejercen las calles de Lima, lo cual es comprensible ya que las calles de Lima están cerradas por muchos sectores debido a trabajos de mantenimiento y/o reparación, lo cual incrementa el caos vehicular que, de por si, hay a diario.

El otro motivo por el cual les gusta más las baladas del recuerdo a los taxistas es porque la letra de las mismas tienen cierto sentido, lo cual escasea en muchas canciones actuales, haciéndoles también recordar, con nostalgia, algún amor de juventud que pudo o no ser.

Hace dos días, cuando regresaba a la casa de mis padres en un taxi, empezó a sonar en la radio aquella balada en la voz de José José que dice: “Lo que un día fue, no será”. Esa canción me remeció completamente poniéndome pensativo. Pero luego de algunos minutos, ya recuperado, empecé a decirle al taxista que la letra de esa canción de José José no sólo se aplica a un amor perdido sino que también a ciertas costumbres y tradiciones que solía tener nuestra Lima querida.

Lo que un día fue la Semana Santa en Lima ya no lo es, ni creo que lo será. Recuerdo que de niño, durante el Jueves y Viernes Santo, no comíamos carne ni escuchábamos ningún tipo de música. Si alguien prendía la radio se encontraba con que las estaciones se encontraban mudas o transmitiendo el sermón de las siete horas. A lo más se podía encontrar alguna emisora transmitiendo música clásica, pero no otro tipo de música. Todos respetaban esa costumbre religiosa que nos inculcaron nuestros padres y abuelos, siendo muchos los que hasta ayunaban esos días en señal de penitencia.

Otra costumbre religiosa era que no se podía jugar, no se trabajaba, no se lavaba ropa, ni se limpiaba la casa en Viernes Santo. Ese día los muchachos, por más traviesos que éramos, nos portábamos como angelitos… aunque sea ese día solamente.

Desde el final de la tarde del Jueves Santo y todo el Viernes Santo se podía ver al pueblo limeño volcado en las calles recorriendo las siete estaciones, o iglesias. Ello era una tradición practicada por todo el pueblo pero que hoy en día ha disminuido ya que si muy bien pude observar a mucha gente recorriendo las iglesias el Jueves Santo, en el centro de Lima, pues años antes las calles del centro de Lima estaban invadidas de tanta gente que uno tenía que caminar por la pista porque las veredas no se abastecían.

Antes de iniciarse los días feriados, en un canal de televisión pude escuchar que empezaba la “Semana tranca”, en alusión a los miles de personas que suelen irse de campamento por los días feriados, habiéndose convertido dichos paseos en días de juerga y borrachera incontrolable. Creo que la fe religiosa ni se menciona en dichos campamentos, a pesar que, se supone, los feriados son para meditar y reflexionar sobre nuestras vidas, recordando a la vez el sacrificio de Jesús en la cruz.

La última Semana Santa que pasé en Lima fue en 1990, ya que al año siguiente emigré a Australia y a pesar de haber regresado a Lima en muchas ocasiones, nunca lo hice en Semana Santa. Por ello es que me ha llamado también la atención de que a pesar de que el pueblo peruano es católico, el respeto que antes se tenía por la Semana Santa se ha ido perdiendo y algunas radios, en Viernes Santo, estaban transmitiendo la música que suelen transmitir diariamente, como si se tratara de un día cualquiera.

Si muy bien creo en Dios a mi manera y me considero una persona de mente abierta y moderna en pensamiento, pienso que hay costumbres y tradiciones que no se pueden perder y debemos tratar de conservarlas y respetarlas porque, en cierta forma, influyen en la formación de nuestros niños y del pueblo peruano como sociedad. De otro modo seguiremos cantando aquella canción que en su letra dice: “Lo que un día fue, no será”.


Dario Mejia
Melbourne, Australia
dariomejia999@yahoo.com.au
(De visita en Lima)


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