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Una polémica desatada sobre las letras de unas canciones
trajo a mi mente ciertos detalles que han ocurrido con las letras de algunos
de los valses de nuestros bardos criollos, las cuales fueron cambiadas por
los intérpretes o por quienes las recopilaron en forma equivocada.
Los intérpretes son los que le dan vida y sentimiento a las canciones
volviéndolas populares cuando éstas logran llegar al corazón y el alma del
pueblo. El éxito de una canción depende mucho de la forma como sea
interpretada ésta.
Creo que uno de los mejores ejemplos de la influencia de los intérpretes en
una canción lo tenemos con "La Flor de la Canela" de Chabuca Granda. La
grabación que hicieron "Los Morochucos" de dicha canción no tuvo mucho éxito.
Sin embargo, cuando "Los Chamas" la grabaron, la consagraron y la volvieron
popular ya que ellos le impregnaron su estilo y sentimiento a la canción de
Chabuca que al poco tiempo se internacionalizó, tanto la canción como el
trío aquel.
Pero los intérpretes, a veces, suelen cambiar la letra o el sentido de una
canción desvirtuando lo que el autor de la misma quiso expresar. Chabuca
Granda solía decir que era casi imposible el poder evitar que los
intérpretes cambien la letra de las canciones. El cambio aquel no sólo se da
en la letra sino también en la manera como se interpreta una canción ya que,
si no se ejecuta correctamente, le puede cambiar el sentido de la letra.
Cuando Chabuca Granda cuenta la historia del vals "José Antonio", que la
conseguí hace varios años por intermedio de Teresa Fuller, hija de Chabuca
Granda, ella señala que dicho vals se lo dedicó a José Antonio de Lavalle y
García, quien falleció sin haber podido escuchar la canción aquella. A ello
se debe la fuga de la última estrofa que dice: "José Antonio, José Antonio /
¿Por qué me dejaste aquí?...". Algunas intérpretes entonaban con ira esta
parte y Chabuca solía decirles que no era así ya que la canción es de amor,
en homenaje al amigo que partió de este mundo.
Algo parecido sucedió cuando Ruben Blades grabó "Todos Vuelven" en ritmo de
salsa cambiándole algunas partes de la letra, no sé por que motivo. Blades
le quitó el sentido poético y ello no le gustó a César Miró quien, ante la
disculpa de Rubén Blades por los cambios efectuados, le dijo que no se
preocupara que el pueblo se iba a encargar de cambiar lo que Blades había
hecho.
Las canciones del bardo criollo Felipe Pinglo también han sufrido
variaciones que le han ido haciendo los intérpretes. Los cambios aquellos,
muchas veces, se han debido a los cancioneros que han reproducido las letras
en forma equivocada. "El Plebeyo", por ejemplo, ha sido recortado y algunas
palabras han sido cambiadas de la parte que se ha grabado. El recorte se ha
debido, en parte, no al deseo de los intérpretes sino de las disqueras que
recortaban algunas estrofas porque el espacio para grabar lo tenían limitado,
algo que no es problema en la actualidad.
El vals "Anita" de Pablo Casas también tiene sus anécdotas ya que van a
encontrar que en los cancioneros ponen "dicha entera", en vez de "dicha
eterna", en la parte que debe decir: "Feliz seré, / entre tus brazos me
enterneceré / y a los acordes de un modesto vals, / la dicha eterna te la
brindaré."
En las grabaciones del vals "Anita" que hicieron "Los Morochucos", "Los
Chamas" y otros intérpretes, se puede notar que ellos dicen "dicha entera";
lo cual está equivocado ya que en la letra original de Pablo Casas él
escribe "dicha eterna" y así es como lo cantaba Alfredo Leturia, amigo de
Pablo Casas, según me lo manifestó el amigo criollo Pepe Miranda hace unos
meses, contándome a la vez una anécdota de Pablo Casas al respecto.
La anécdota esta le fue narrada a Pepe Miranda por Gabriel Sabroso Prada,
Padrino del segundo matrimonio de Pablo Casas y socio del Fraternal
Surquillo, adonde solía concurrir Casas. Un día en que se hacía música en el
Fraternal Surquillo, el "Chino" Miguel Palma cantó el vals "Anita" sin darse
cuenta que entre los presentes se encontraba Pablo Casas. Cuando terminó de
cantar, Casas se le acercó y le dijo: "Muchacho, no es dicha entera, ES
DICHA ETERNA".
Y como acotó el amigo Pepe Miranda cuando me contó la anécdota aquella, de
que la dicha tiene que ser eterna y no entera, pues tiene toda la razón; al
igual que la tuvo Pablo Casas en reclamar para que se respete la verdadera
letra de su inmortable canción, el vals "Anita".
Dario Mejia
Melbourne, Australia |