UNA LIMA QUE SE FUE

 


Una de las características de las calles de la Lima de antaño era de que las cuadras tenían nombres que las diferenciaban unas de otras. No era como es ahora en que, por ejemplo, el Jirón Ayacucho tiene como 10 o 12 cuadras y a todas ellas se les conoce como el Jirón Ayacucho, diferenciándolas solamente por el número de la cuadra. En el mencionado Jirón Ayacucho, la cuadra uno se llamaba "Calle Tigre", la cuadra dos se llamaba "Calle de la Universidad" y así sucesivamente cada cuadra tenía un nombre diferente. 

Yo nací en la mencionada "Calle Tigre" la cual tomó su nombre de la Fábrica de Chocolates El Tigre que fue iniciada por italianos en dicha calle y posteriormente se trasladaron a otro lugar, habiendo, me parece, quebrado hace pocos años atrás. La "Calle de la Universidad" debió su nombre a que ahí estuvo ubicada la Universidad de San Marcos que fue demolida para construir el local de lo que ahora es el Congreso de la República. Con dicha construcción se cercenó, de paso, dicha calle. 

Del mismo modo, cada calle tenía su nombre e historia del por qué de su nombre, habiendo contado anteriormente la historia del nombre de otras calles como la Calle Piedra Horadada y la, no menos famosa, Calle Suspiro, pero para quienes no pudieron leer esa historia la resumiré diciendo que la Calle Peña Horadada está en el Jr. Junín entre el Jr. Huanta (Plaza Italia) y el Jr. Cangallo, siendo la calle de la izquierda, del Jr. Cangallo, la Calle Suspiro. Sus nombres provienen de una "diablura" cometida por el diablo, durante la colonia, en la esquina de dichas calles cuando escapando del fervor religioso de los limeños hacia las procesiones del Señor de los Milagros y de la Virgen del Carmen, perforó una peña grande ubicada en dicha esquina y al encontrarse, a salvo según él, en la otra calle, lanzó un suspiro fenomenal que todo Lima pudo escucharlo. Desde allí las calles aquellas quedaron bautizadas, una como la Calle Peña Horadada y la otra como la Calle Suspiro.

En esta oportunidad, rememorando aquella Lima que se fue, les contaré la historia de otra calle que también ha sido muy mentada por nuestros abuelos y padres, cuyo nombre también se debe a un hecho curioso que se cuenta entre callejones y lugares de reunión de la gente que habita en los antiguos solares que aún conserva nuestra tres veces coronada ciudad.

Se cuenta entre la gente barrioaltina de que la "Calle Matasiete", en el Jirón Cusco, Barrios Altos, debe su nombre al hecho de que siete avezados malhechores fueron enviados al infierno por una morena mazamorrera que era de armas tomar.

Lima siempre se ha caracterizado por el buen arte culinario de sus mujeres, y muchos hombres también, que preparan unos platillos y dulces que son la delicia de cualquier comensal. Hace muchísimos años vivía, en un solar de los Barrios Altos, una morena que preparaba una mazamorra morada y otros dulces que hacía "chupar los dedos" a todo aquel que los probaba. La morena aquella también preparaba unos tamales como, se cuenta, no se han vuelto a probar en toda Lima. Su exquisita sazón era muy conocida en todo Lima, especialmente entre gente adinerada que era su clientela de costumbre.

Un grupo de delincuentes que acababa de salir de prisión no encontró mejor plan, de reinicio de sus fechorías, que robar la casa de la morena, pensando que tenía mucho dinero guardado, debajo de la cama, producto de sus ventas de comida que mucho esfuerzo y trabajo le costaba realizar a la morena. Como las casas antiguas eran mayormente de adobe, los facinerosos decidieron abrir un forado en una de las paredes por donde se introducirían, fácilmente, en la casa. Llegada la noche, armados de herramientas se dirigieron a realizar su "gran plan" pensando que la morena se encontraba fuera vendiendo su comida. Por esas cosas del destino, aquella noche, el sexto sentido de la morena le aconsejó quedarse en casa y ahí se encontraba cuando escuchó los golpes de las herramientas perforando su pared.

Al terminar de hacer un forado lo suficientemente grande para que por allí pudieran ingresar al hogar de la morena, el primero en ingresar le dijo a los demás de que él les avisaría si el terreno estaba libre para que ingrese el resto. Cuando ingresó el primero, la morena lo esperaba preparada con un garrote entre las manos, así que de un garrotazo lo mandó al otro mundo. Como ella había estado escuchando todo, y aprovechando la oscuridad, se le ocurrió cambiar el tono de su voz y decirle a los delincuentes que esperaban: "Pasen nomás que no hay moros en la costa". Así que los cacos fueron pasando uno a uno, y uno a uno la morena los recibió "cariñosamente" a garrotazos. Fueron siete los facinerosos que la morena envió a conversar con Lucifer y desde ese día a dicha calle empezaron a llamarla como la "Calle Matasiete".


Dario Mejia
Melbourne, Australia


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