El espejo de mi vida
de Dario Mejia Melbourne, Australia
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La obra de Felipe Pinglo, el filósofo de la canción ciudadana, es tan grande y hermosa que se sigue, y seguirá, estudiando y entonando a pesar de haber pasado muchísimos años de haber sido creada. En ella podemos encontrar poesía, romanticismo, una manera especial de narrarnos lo que sucedía alrededor de la gente, la sociedad, las costumbres y el amor. También nos hace reflexionar, como es el caso del vals "El espejo de mi vida" que fue compuesto hace 70 años por nuestro inmortal bardo criollo. Con "El espejo de mi vida", Felipe Pinglo nos hace meditar y que veamos nuestra vida como reflejada en un espejo para que si no supimos aprovechar de ella en forma positiva, despertemos ante la realidad de la vida y nos demos cuenta, de una vez, que los años no pasan en vano ni que toda la vida seremos los mismos, luciendo bien o con la misma fuerza de la juventud. A través de "El Espejo de mi Vida", Pinglo nos mandó su mensaje para que cambiemos a tiempo y sembremos valores que perduren a través del tiempo y de la muerte. El músico, cantor y compositor Alcides Carreño fue quien, a pedido de Pinglo, estrenó el vals "El espejo de mi vida" en el Teatro Apolo, situado en la Calle del Chirimoyo 941 (actual novena cuadra del Jr. Puno), Barrios Altos. Carreño conservaba el apunte de puño y letra suscrito por Felipe Pinglo, dedicándole su vals "El espejo de mi vida", el cual tenía la firma de Pinglo y tenía la fecha 14 de setiembre de 1935. Dicho apunte fue apreciado por Roberto Martín quien entrevistó a Alcides Carreño, apareciendo dicha entrevista, "El Pentadrama de Alcides Carreño", en la página 11 del suplemento VSD de La República del viernes 1 de octubre de 1982. Según Aurelio Collantes, cuando Pinglo se encontraba guardando cama debido a los primeros espasmos asfixiantes, desde su lecho de enfermo pidió un espejo para peinarse. Al contemplar su rostro demacrado Pinglo comenta: "Ya estoy viejo, hay arrugas en mi frente". Tomando su cuaderno de apuntes que guardaba bajo la almohada escribe la letra del valse (Pinglo Inmortal, Lima 1977). Pero Collantes también señala de que en torno a este maravilloso vals, el sastre Jorge Lázaro Loayza, que tenía su sastrería en la Calle Trinitarias (actual séptima cuadra del Jr. Ancash), ha sido objeto de reportajes donde declara tener la guitarra del maestro y que en su espejo de prueba brotó repentista la evocación de los años mozos. A pesar de haber transcurrido 69 años de la desaparición física de Felipe Pinglo, el inmortal bardo criollo sigue siendo el más grande compositor de música criolla del Perú, por ello se mantiene siempre presente en la memoria de todos los que gustan y aman nuestro acervo criollo.
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