El sabor criollo
de Dario Mejia  Melbourne, Australia

En una oportunidad en que entrevisté por teléfono al gran Oscar Avilés, me mencionó que uno nace con el sabor criollo, ya que ello no se aprende. El ingenio, la picardía y "chispa", que tenían los criollos de antaño, se ha ido perdiendo con el tiempo debido a que no ha habido una adecuada difusión, fue lo que me comentó la "Primera Guitarra del Perú".

Las palabras de una de las glorias vivientes de nuestro criollismo y digno representante de esa definición, verdadera, de lo que es ser criollo, debe hacernos meditar sobre la esencia del criollo y lo que lo identificaba, y sigue identificando, para tratar de conservar esa especie de "don" que Dios le otorgó a muchos peruanos al traerlos al mundo con ese sabor criollo.

El concepto, real, que se tenía del criollo en los tiempos de la colonia ha variado tremendamente con el concepto que se tiene actualmente. Lo mismo ha sucedido con el concepto de la palabra "cholo", que antes era despectivo, pero que en la actualidad también sirve para llamar a alguien en forma cariñosa. Tenemos como ejemplo al Cholo Sotil, el Cholo Luis Abanto Morales y el Cholo Berrocal, a quienes, cuando nos referimos a ellos, en forma cariñosa se les llama cholos. Los tiempos evolucionan y nuestro idioma no ha escapado a ello puesto que ha evolucionado mucho también.

La definición sobre criollo que nos da la Real Academia de la Lengua es muy genérica ya que el término criollo es utilizado en varios países. Dicha definición ha variado muy poco con la que se tenía desde fines del siglo XVI. Es por ello que al hablar del criollo en el Perú, debemos basarnos, mejor, en lo que ello representó para nosotros en gran parte del siglo XX y que todavía se mantiene entre muchos de los que se sienten criollos, porque ello es lo que heredamos de nuestros padres y abuelos. Siendo también ello lo que nos dejaron muchas glorias del criollismo, de las cuales tenemos todavía algunas con nosotros para que podamos entender el verdadero significado de lo que es ser criollo en el Perú.

El criollo verdadero es aquel educado, respetuoso, ingenioso, con la "chispa" siempre presente y pícaro como nadie, a la vez. El criollo es el que no necesita levantar la voz ni proferir groserías, insultos u ofensas para hacerse escuchar. Es aquel que sabe ser culpable e inocente a la vez. Es quien puede hacer volar la imaginación de las personas volviéndolas cómplices de sus picardías, sin necesidad de expresar éstas directamente.

Criollo es ser alegre, coqueto y soñador; pero serlo con encanto, con gracia, con ese toque de sabor y salero que contagia a los demás y hace soltar una risa o un suspiro a las otras personas, dependiendo de quien se trate.

El criollo es servicial, pone el hombro cuando se le necesita, está con el amigo en las buenas y las malas, sonríe con las ocurrencias y bromas de los demás y también llora cuando la desgracia los golpea.

El criollo sabe saborear un buen Seviche, se deleita con una Papa a la Huancaína o una Carapulcra, deja el plato limpio cuando degusta un Arroz con Pollo. Se endulza la vida y el gusto con un plato de picarones, se siente en el paraíso con una mazamorra morada y puede morir tranquilo después de haber saboreado unos anticuchos.

Criollo es aquel que cuando escucha la guitarra y el cajón siente más al Perú dentro de su corazón... es el que entona un vals con Alma, Corazón y Vida... el que saca "pecho" por Mi Perú... aquel que goza y disfruta cuando La Flor de la Canela derrama lisura y estremece las veredas al ritmo de sus caderas... el que se jaranea así esté en un Callejón de un Solo Caño... el que sabe ser humilde y sencillo como El Plebeyo... el que sube a la palma como el Palmero... aquel que prende la vela pa' quemar el Alcatraz... también el que al estar lejos y siente Nostalgia Chalaca se toma una copa de Pisco con gusto... porque sabe que tarde o temprano Todos Vuelven a la tierra en que nacieron.

Ese es el verdadero criollo, según mi parecer, aquel del que Oscar Avilés me comentó con una ligera tristeza y añoranza, porque, lamentablemente, en los últimos tiempos se ha tergiversado el concepto del criollo relacionándolo con la "viveza". El verdadero criollo no tenía, ni tiene, eso de malo. La falta de difusión de lo que significa, y se siente, ser un criollo es lo que ha hecho que se vaya perdiendo esa esencia y orgullo de sentirse criollo; algo que Avilés nos quiere hacer recuperar a través de sus palabras, estando en las manos de nosotros el que las nuevas generaciones, si es que nacen con ese sabor criollo, se sientan verdaderos criollos... y a mucha honra.

Dario Mejia
Melbourne, Australia

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