Los cines de barrio
de Dario Mejia  Melbourne, Australia

Durante gran parte del siglo XX, los cines de barrio han sido los más visitados por nuestros abuelos, padres y muchos de nosotros. El viejo cine del barrio no se puede olvidar, porque allí, de niños, empezamos a maravillarnos con su pantalla gigante que nos mostraba a los héroes que habíamos visto muchas veces en las revistas de historietas o "chistes", que era como se les solía llamarlos.

Barrios Altos ha sido el barrio con mayor número de cines en Lima. Eran doce los cines que funcionaban en su zona y, actualmente, no tiene ninguno funcionando. La debacle de los cines de barrio ocurrió en la segunda mitad de la década de los 80's, debido a la crisis económica por la que atravezó el país. Algunos fueron completamente derrumbados y otros fueron convertidos en templos evangelistas. El triste final del cine y Teatro Unión ha sido el ser convertido en playa de estacionamiento.

Como buen cinéfilo, al igual que muchos barrioaltinos, recuerdo haber visitado, de niño y adolescente, todos los cines de Barrios Altos, que fueron el Cinelandia al inicio del Puente Balta, en la esquina del Jr. Amazonas con el Jr. Andahuaylas, donde hay una feria de libros actualmente; el cine y Teatro Unión (llamado antes Teatro Mazzi) en la Plaza Italia, al igual que el cine Francisco Pizarro. También el cine Delicias en el Jr. Cangallo, al costado de la Maternidad de Lima; el Buenos Aires y el Conde de Lemos en el Jr. Huánuco, Plaza Buenos Aires; el cine y Teatro Continental en la Plazuela Ramón Espinoza, esquina del Jr. Ancash con el Jr. Maynas; el cine Bolívar en la Plazuela de Santa Catalina, en el Jr. Andahuaylas; el cine América en la antigua Calle El General, en el actual Jr. Andahuaylas, entre el Jr. Cusco y el Jr. Puno; el cine y Teatro Apolo en la Calle del Chirimoyo 941, actual cuadra nueve del Jr. Puno; el cine y Teatro Lima en la Calle Manuel Morales, actual Calle Matías Maestro; y el cine Huáscar (llamado antes Astor) en la ex Av. De los Incas 952, actual Av. Sebastián Lorente.

En el Teatro Lima, el 14 de abril de 1913, se estrenó la primera película peruana de ficción: "Negocio al agua".

En el Teatro Mazzi, llamado después Unión, se estrenó la zarzuela "El Cóndor Pasa" que Daniel Alomía Robles creara en 1913, siendo su estreno en diciembre de ese año. Dicha zarzuela tuvo un éxito tan extraordinario en el Teatro Mazzi que a lo largo de cinco años fue presentada tres mil veces.

El Teatro Lima fue escenario, el 8 de mayo de 1926, de un festival a beneficio del músico Nicolás Wetzell contándose con la participación de Felipe Pinglo, el dúo Montes y Manrique, los hermanos Vilela, Carlos Saco, Guillermo D'Acosta, Juan Araujo y otras figuras más del criollismo de la época aquella.

En el Teatro Apolo, Alcides Carreño estrenó el vals "Rosa Luz" de Felipe Pinglo en 1929. El mismo Carreño estrenó allí el vals "El espejo de mi vida" de Pinglo, el 14 de setiembre de 1935. También allí, Jesús Vásquez fue coronada como "Reina de la Canción Criolla" el 19 de julio de 1939.

En el cine Buenos Aires, Felipe Pinglo, con su conjunto “Mercedarias”, estrenó su vals “Mendicidad” en un concurso de cantores y guitarristas llevado a cabo en dicho cine. El grupo “Mercedarias” ganaría las medallas de oro del concurso aquel. Pinglo había creado el vals "Mendicidad" el 10 de agosto de 1934.

En el Teatro Continental, el 24 de abril de 1936, el compositor e intérprete Samuel Joya estrenó en público la polca "Los Tres Ases" de Felipe Pinglo. Dicha polca fue compuesta por Pinglo el 30 de diciembre de 1935, en homenaje al trío posterior de Alianza Lima que tuvo un excelente desempeño en su gira por Chile. Pinglo la entonaba en reuniones familiares, volviéndose popular.

Los cines América y Lima se encontraban en la lista de cines que, el 16 de junio de 1938, estrenaron la película peruana "Gallo de mi galpón", que tenía música y canciones de Felipe Pinglo y Pedro Espinel.

En los cines América, Cinelandia y Lima, junto a otros cines más, se estrenó la película "El guapo del pueblo", en setiembre de 1938. Dicha película tenía música de Felipe Pinglo y en ella actuó y cantó Jesús Vásquez, quien contaba con 15 años de edad, siendo ya toda una revelación del cancionero criollo.

Un mes después, el 27 de octubre de 1938, en el cine Delicias, y otras salas cinematográficas, se estrenó la película "Corazón criollo". El argumento de la película estaba basado en el vals "El Plebeyo" de Felipe Pinglo.

Los "chistes" en los cines de barrio

Me inicié como cinéfilo en el antiguo cine y Teatro Lima de los Barrios Altos. Una de las hermanas de mi padre vivía en la Quinta del Prado en el Jr. Junín. Una quinta muy hermosa, con tres patios, y que tenía dos entradas, la principal por el Jr. Junín y la otra por la Calle Manuel Morales. Los que vivían en la quinta aquella, se dirigían al cine Lima por el lado de la Calle Manuel Morales. Dicha entrada está clausurada desde hace muchos años.

Mis padres solían llevarnos, a mis hermanos y a mí, a pasar los días domingos y feriados en la casa de la hermana de mi padre. Al lado vivían también otros tíos nuestros. Un día de Semana Santa, uno de mis tíos nos llevó al cine Lima para ver una película sobre Jesucristo y quedé tan impresionado por la pantalla, y lo demás, que empezó a nacerme un gusto por el cine que me llevaría, más tarde, a visitar casi todos los cines de Lima y Callao.

Los cines que más visité durante mi infancia y adolescencia fueron los de los Barrios Altos, donde pude estar en todos ellos, especialmente en la parte llamada balcón, ya que era más barata y porque solía acudir con los amigos del barrio... ¿Qué muchacho barrioaltino, que visitó los cines de su zona, no habrá conocido el balcón?... Sus asientos eran, mayormente, bancas de madera y con los amigos del barrio buscábamos siempre la parte más alta.

La platea la llegué a conocer después de varios años de "balconazo" y fue cuando podía pagar la entrada sin que ello me represente problemas económicos o la quiebra.

La mayoría solía ponerse elegante para ir al cine del barrio. Los muchachos se ponían su ropa "dominguera" ya que ir al cine, más que un espectáculo, se volvió una especie de acontecimiento formal.

Los domingos, con un grupo de muchachos de mi barrio, solíamos también visitar una iglesia en el Rímac, por el Jr. Trujillo. No es que en ese tiempo tuviésemos vocación de acólito o de cura, sino que en dicha iglesia solían pasar películas gratis. Claro que ello sucedía después de haberte hecho escuchar misa y estudiar el catecismo.

Algo que caracterizaba a los cines de barrio era que en las afueras de muchos de ellos estaban colocados los puestos de alquiler de revistas de historietas o "chistes", como solíamos llamarlos. En estos puestos se alquilaban los "chistes" para lectura, los cuales se mostraban en una especie de paneles que servían, a la vez, de paredes que cubrían a los lectores, quienes sentados en bancas de madera daban rienda suelta a la pasión por la lectura de historietas.

Uno de los lugares donde más solía ir a leer los "chistes" era en las puertas del Cinelandia, cine que quedaba al inicio del Puente Balta. Quien alquilaba "chistes" en las afueras del Cinelandia era el papá de un amigo de la infancia que estudiaba con uno de mis hermanos y que vivía en mi antiguo barrio, en la Calle Tigre, muy cerca del mencionado cine. Como el dueño del puesto nos conocía a todos los del barrio, cada vez que ibamos a leer "chistes" a su puesto, nos daba de "yapa" uno o dos "chistes" más para leer.

Como uno "vivía" de propinas, que no siempre las recibía, pues nos buscábamos cualquier trabajo para poder satisfacer las inquietudes de todo muchacho. Fue así que con mis hermanos empezamos a comprar nuestros propios "chistes". Hacíamos una colecta con mis hermanos para comprarlos en una tienda de mayoristas que quedaba frente a la quinta donde vivía. Recuerdo que llegamos hasta a coleccionar los "chistes" y teníamos las historias completas de Tarzán, Batman, Superman, Roy Rogers, Hopalong Cassidy, El Llanero Solitario y otros héroes más de las historietas aquellas.

Pero, como también nos atraía el cine y no teníamos dinero para la entrada, empezamos a alquilar los "chistes" a las personas mayores del barrio. En la quinta donde vivíamos teníamos un "caserito" al cual todos le alquilábamos los "chistes". Abelito se llamaba y le gustaba tanto leer los "chistes" que, muchas veces, un mismo "chiste" se lo alquilaban mis hermanos y yo. Claro que el trato, con mis hermanos, era de que quien alquilaba el "chiste" dejaba algo para comprar más y se quedaba con el resto.

Cuando no teníamos a quien alquilar y queríamos ir al cine, nos poníamos a vender los "chistes" en la puerta de alguno de los cines con la finalidad de hacer algo de dinero para la entrada al cine. Pero teníamos que hacerlo en los cines donde no se alquilaba "chistes" en sus afueras, cosa que así no le hacíamos competencia a nadie, ni la teníamos. Sin saberlo, en ese tiempo, empezamos a aplicar la ley de la oferta y la demanda. Lo malo fue que nuestras colecciones empezaron a disminuir y poco a poco desaparecieron todas por completo.

Donde vivo actualmente, los asientos de algunos cines son tan cómodos y grandes que, fácilmente, uno puede hasta dormir allí. Cuando veo alguna revista de historietas mostrándose en librerías, me acuerdo de la época en que yo solía leerlas sentado en la banca del puesto de "chistes" del Cinelandia. En mi última visita al Perú, buscando libros en el Jr. Quilca, vi que en un solar habían varias personas sentadas en bancas leyendo libros y "chistes" que allí alquilaban. Un tipo de lectura al paso que, me di cuenta, todavía se practica en Lima, al igual que solía hacerse en las afueras de los viejos cines de barrio.


Dario Mejia
 

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