Recuerdos de Arica
de Dario Mejia  Melbourne, Australia

El 7 de junio de 1880 se llevó a cabo la Batalla de Arica, donde se escribió, con sangre y muchísimas pérdidas humanas, una de las páginas más dignas de la historia del Perú.

Las fuerzas peruanas al mando del Coronel Francisco Bolognesi tenían dos opciones ante las fuerzas chilenas que las superaban tremendamente en hombres, armamento y apoyo naval: huir hacia el este dejando Arica a merced de los chilenos y, con ello, que tengan control total del sur o pelear hasta morir.

Ante el pedido de rendición por parte del enemigo, el Coronel Francisco Bolognesi contestó: "Tengo deberes sagrados y los cumpliré hasta quemar el último cartucho". La respuesta de Bolognesi fue apoyada por sus oficiales y el héroe del Morro de Arica nunca se rindió ya que peleó hasta que una bala en la cabeza acabó con su vida. Fueron muchos los héroes del Morro de Arica, quienes no vacilaron en dejar sus vidas en el campo de batalla en defensa del territorio patrio.

La musa popular no podía estar ausente ni dejar pasar por alto el sacrificio de nuestros héroes, por lo que hubieron varias composiciones que resaltaban el heroísmo de nuestros combatientes. De entre todos aquellos homenajes, destacó un hermoso vals compuesto a inicios del siglo XX por Nicanor Casas en honor a los que cayeron en el Morro. Dicho vals lo conocen como "El 7 de Junio" o "Recuerdos de Arica", pero el dúo Montes y Manrique lo grabó con el nombre de "Arica".

Nicanor Casas

Considerado como uno de los precursores de la música criolla, Nicanor Casas Aguayo nació el 14 de febrero de 1885 en la Calle del Prado de los Barrios Altos, Lima. En dicha calle también nacería, catorce años después, otro gran compositor, el bardo criollo Felipe Pinglo Alva.

Su vida transcurrió, mayormente, en los Barrios Altos, ya que de la Calle del Prado se fue después a vivir a la Calle del Chirimoyo donde transcurre la mayor parte de su existencia. Se sintió atraído por el culto hacia nuestro folklore en una época en que predominaba el gusto por lo extranjero, por lo que los méritos de Casas, por sacar adelante nuestra música popular, son dignos de destacarse.

Le pertenecen los valses "Amoroso", "El enamorado", "Elisa", "Esther", "Las guerrillas del amor", "Lejos del bien amado", "Noche encantadora", "Recuerdos de Arica" (conocido también como "El 7 de Junio"), "Sobre la puna" (dedicada al centenario de la Independencia del Perú); la polca "Ingrata palomita" y otras obras más.

Es autor, discutido, del vals "Idolo", que según algunos criollos de antaño le pertenece a Braulio Sancho Dávila. Esa polémica, sobre la autoría del vals "Idolo", ha durado muchísimos años.

Falleció el 5 de febrero de 1931 dejando muy sentidos a los amantes y cultores de la canción criolla. Pero el apellido Casas seguiría sonando en el ambiente musical criollo, ya que su sobrino y barrioaltino también, Pablo Casas Padilla, tomaría la posta de su afamado tío, destacando también como compositor.

La musa popular y los héroes de Arica

A fines de 1911, el dúo Montes y Manrique grabó en Nueva York un total de 91 discos dobles con 182 canciones, para la Columbia Phonograph & Company. Entre dichas grabaciones no podían faltar homenajes a los héroes del Morro de Arica. Es así como "Asalto en Arica", pieza imitativa que describe los momentos más significativos que se vivieron antes y durante la batalla de Arica, ocupa todo un disco ya que fue grabado en dos partes, la primera en el lado A y la segunda en el lado B, terminando con el sacrificio de Alfonso Ugarte arrojándose al mar con la bandera peruana para evitar que caiga en manos enemigas.

Montes y Manrique también grabaron, en esa oportunidad, un vals que Nicanor Casas compuso para los héroes de Arica. Dicha canción figura con los registros: Columbia P-15 // 21394. Habiendo figurado con el título de "Arica" en la legendaria grabación del dúo Montes y Manrique, aunque más se conozca a la canción aquella como "El 7 de Junio" o "Recuerdos de Arica".

Muchos años después, Arturo "Zambo" Cavero con Oscar Avilés lo grabaron en Lima en 1987, aunque la versión de Cavero y Avilés difiere en varias partes de la grabada por Montes y Manrique.

Por considerarlo de interés, no sólo musical sino también histórico, reproduzco la letra que transcribí de la grabación que hizo el dúo Montes y Manrique, en 1911, del vals "Arica" de Nicanor Casas. También reproduzco la letra de dicho vals que apareció con el nombre de "Recuerdos de Arica" en la edición No. 250 de "El Cancionero de Lima", en 1916. Debo dejar señalado de que la letra fue variada ligeramente, tal vez por los intérpretes, como muchas veces ha sucedido, por ello encontrarán ciertas diferencias entre las versiones señaladas.

Arica
(Vals Peruano)
Autor: Nicanor Casas
Versión grabada por Montes y Manrique en 1911

Un día siete de junio
de un año tan desgraciado,
un parlamento confiado
vino a intimar su rendición.

Eran las seis de la mañana
cuando un capitán se presentó,
a pedir la rendición de Arica
que Don Bolognesi no la aceptó.

"Tengo deberes sagrados
-repuso el gobernador-
y los cumpliré con honor,
es el deber de un soldado".

Bolognesi y Ugarte,
Moore, Sáenz Peña e Inclán,
otros más patriotas que van;
a todos se les oye su voz
con bizarro poder:
"¡soldados no hay que temer!" (Bis)

Ya salieron al combate
como los leones sedientos,
a defender la bandera
con heroísmo y con fervor.

Ya resuenan los clarines,
la corneta y el tambor,
yo defiendo mi bandera
con valor en el campo de honor.

Llora, llora, pobre corazón,
llora por esos seres queridos,
que en la batalla de Arica murieron,
por defender su gloriosa nación. (Bis)

Recuerdos de Arica
(Vals Peruano)
Autor: Nicanor Casas
Versión publicada en "El Cancionero de Lima" No. 250, Lima, 1916

Triste recuerdo de Arica
yo les voy a mencionar,
de esa tierra que hoy cautiva
no podemos rescatar.

El día siete de junio
de un año tan desdichado,
un parlamento confiado
fue a intimar su rendición.

"Tengo deberes sagrados
-repuso el gobernador-
que cumpliré con ardor
como un deber de soldados".

Mírenle, mírenle
ese genio y valor,
imitad, queridos soldados,
con fuerza de amor.

Todos salen al combate
como leones sedientos,
a defender a su patria
con regocijo y contentos.

Bolognesi y Ugarte,
Moore, Sáenz e Inclán,
Arias y más patriotas que van;
a todos se les oye su voz
y con bizarro poder:
"¡soldados no hay que temer!"

Ya suenan los clarines,
la corneta y el tambor,
yo defiendo mi bandera
con gusto en el campo de honor.

Llora, triste corazón,
llora por esos seres queridos,
que entre nubes de gloria han subido,
a la eterna y gloriosa mansión.

Dario Mejia
 

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