Gli Articoli del Dr. Augusto Ferrero Costa
 
NUEVOS COLORES EN EL ARTE*

Dr. Augusto Ferrero Costa

Estuvimos acostumbrados a reconocer en Miguel Angel al gran escultor y arquitecto que supo volcar su extraordinario conocimiento de estos oficios para dejar una huella imperecedera en los majestuosos murales y el techo pintados en la Capilla Sixtina. En ellos destacaba nítidamente la fuerza de los personajes, casi como si se salieran de los frescos ; así como los esclavos que hacen antesala al David en la Academia de Florencia parecen querer escapar del mármol.

El gran genio del renacimiento y del barroco reconocía el ligamen de las artes, recomendando que todo escultor debía además pintar así como todo pintor había de esculpir, pues en la escultura se quita y en la pintura se agrega; considerando la primera como su vocación real. Siempre nos ha impresionado mucho cómo las más bellas estatuas de mármol están preconstituidas, siendo la creación del artista el descubrimiento de sus formas.

La pintura de Buonarotti fue, hasta hoy, escultórica y hasta arquitectónica. Pero, ha aparecido un nuevo elemento que cambia por completo la perspectiva para juzgarla : los colores. Durante trece años, una empresa japonesa -con gran orgullo al haber ganado una licitación internacional- ha invertido casi quince millones de dólares y treinta mil horas hombre de trabajo en la restauración de la Capilla Sixtina.

Resulta verdaderamente grandioso ver emerger de la oscurana tonalidades escondidas durante siglos. El restauro ha sido concluido en parte. Las paredes lucen a las sibilas y los profetas relucientes, y el techo a todo el proceso de la creación radiante, en el cual Miguel Angel utilizó esmalte de vidrio con cobalto; una gran innovación técnica entonces.

Ante esta visión, los libros de arte conocidos sobre el tema resultan obsoletos, o cuando menos, incompletos. Ahora, los restauradores descubren el Juicio Final. Según los técnicos, con la limpieza ha renacido un infierno todavía más tenebroso y tétrico bajo la luz de la resurrección.

La única polémica, resucitada del siglo XVI, ha sido en relación a si deben mantenerse las bragas que el Vaticano encomendó pintar a Daniel Ricciarelli -conocido por el nombre de su tierra natal Volterra -para cubrir las partes íntimas de los personajes, como consecuencia del Concilio de Trento, así como otras adicionadas en el siglo XVIII y en épocas más tardías, que velaron innecesariamente las intimidades de algunos personajes. Según los japoneses, debían eliminarse todas en nombre del arte; sobre todo, pues ahora se notan más con la restauración, causando un efecto antiestético. Las coperturas moralistas son treintiséis. Algunas exhiben hojas extravagantes cual modernas tangas, lo cual es considerado irritante por muchos críticos, resultando atuendos algo extraños. 

No obstante, la intemperancia de los puritanos ha vencido en parte y la mitad de las bragas permanecerán. Un criterio que debe haber pesado para esta decisión es que Volterra fue el más calificado de los discípulos de Miguel Angel y trabajó con él en el Vaticano, cubriendo las figuras viviendo su maestro, y siempre guardó por él especial respeto y afecto que plasmó dibujando su rostro en uno de los personajes de su pintura "La Asunción", la cual se encuentra en la Iglesia de Trinita dei Monti en Roma, subiendo la hermosísima escalinata de la Plaza de España. Aquellas que fueron agregadas más tarde han desaparecido. Así, han sido descubiertas diecisiete. 

El Juicio Final es un fresco de ciento setenta metros cuadrados en la pared del altar, que fue pintado veinticinco años más tarde que la Creación del Mundo. Con los nuevos trabajos, ha reaparecido el célebre azul obtenido por Miguel Angel del costosísimo lapislázuli, material que era adquirido en Venecia, de probable proveniencia afgana. Es más: se han rehallado por lo menos a una decena de personajes después de siglos de oscurecimiento por el humo negro de las velas del altar, que había logrado eclipsarlos totalmente.

Sin duda, la nueva coloración y la frescura de las imágenes contribuirán, aún más, a acrecentar la admiración y la fama del "Divino", expresión con la que ha quedado inmortalizado el gran artista, al igual que Dante, en todas las placas de Florencia que reseñan los lugares donde transcurrió su vida en ella. De otro lado, además de los trabajos de restauración, se ha instalado un sistema que evita las filtraciones de aguas que tanto daño hicieron anteriormente, así como un equipo especial de aire acondicionado.

Como ha dicho Juan Pablo II, cuando se ve el cuerpo humano a la luz de la creación, conserva el esplendor y la dignidad.

También causan verdadero estupor por su "new look" las obras inmortales de Sandro Botticelli El nacimiento de Venus y La Primavera, cuadros que iluminan la galería de los Oficios en Florencia. Efectivamente, se considera que la restauración ha sido hecha con gran competencia, limpiando trabajos anteriores que habían comprometido y hasta dañado los lienzos. Hoy, resalta la técnica del autor en el uso de la tempera ligera que le da la tonalidad transparente de azul perlaceo y que anuncia cual preludio el manierismo florentino. 

¿Ha quedado identificado algún pintor al igual que Rembrandt como el genio de las figuras ocultadas en la lobreguez? Creemos que no. Empero, ello no resulta tan cierto a la luz de la restauración de sus pinturas iniciada hace tres años por el Rijkmuseum de Amsterdam, descubriéndose que esa opacidad no era sino el polvo, la suciedad y la brea acumuladas durante los siglos. La crítica ha quedado absorta con los resultados, regresando las grandes obras a su esplendor original, siendo los colores mucho más brillantes que lo esperado.

Lo mismo ocurrió ya hace algunos años en España, donde el cuadro de "Las Meninas" de Velásquez ha dejado de ser únicamente una gran composición en la cual resaltan los personajes, para dar aparición a un colorido desconocido y que sale a luz después de siglos de tinieblas.

La pintura lleva el nombre de las damas de compañía de la familia real, y son llamadas así porque en portugués dicho vocablo significa "niñas". Por ella han pasado a la posteridad la infanta Margarita y la alemana Mari-Bárbola, enana deforme que llama la atención al lado del perro, cuya reciedumbre contrasta con la delicadeza y la simplicidad del conjunto. La obra ha destacado siempre por la forma como se va ensombreciendo en la altura, apareciendo allí dos cuadros que han sido identificados como "Palas y Aragné" de Rubens y "Apolo y Marsias" de Jordaens. Esta parte alta, hundida en la penumbra, ha recuperado su colorido ganando en armonía. Seguramente, ahora luce como fue pintada en el siglo diecisiete, o como salió de su primera restauración en la siguiente centuria. El misterio de los reyes que figuran al fondo en un espejo, en el sentido de si éste refleja a ellos en el lienzo que Velásquez aparece pintando en el cuadro o a los monarcas posando, ha pasado a segundo plano frente a la majestad que ofrece la pintura gracias a la recuperación de los colores.

Recuerdo haber comprado una vez un cuadro muy oscuro, y cómo al mandarlo limpiar, el artista decidió restaurar sólo la mitad, para exhibirme así la diferencia. Era impresionante. Conservo la fotografía. Celestes y rojos reemplazaron grises y marrones. Me explicaron que las pinturas, una vez terminadas, eran cubiertas por un barniz que al cabo de un tiempo se ensuciaba y quemaba con el ambiente, como ocurre con el aceite en los automóviles, y que la conservación consistía en lavarlo y untar material nuevo.

Las técnicas empleadas han hecho renacer grandes obras del mundo artístico que, para poder apreciarlas a cabalidad, debemos verlas en reproducciones nuevas y compararlas con las antiguas. Es el triunfo del color.


* Artículo publicado en El Comercio el 12 de noviembre de 1993.


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