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Hoy se presenta en el Auditorium José León Barandiarán del Colegio de Abogados de Lima el Libro-Homenaje a Mario Alzamora Valdez, uno de los más connotados y preclaros decanos de dicha institución, insigne jurista, filósofo, maestro universitario, político, proficuo publicista; humanista a cabalidad.
Después de la presentación de estilo del Comité Editor, que fuera presidido por el egregio patricio a quien está advocado el gran salón de conferencias de la Orden, el libro contiene una reseña biográfica del homenajeado, su bibliografía preparada por el profesor Carlos Fernández Sessarego, treinta y seis colaboraciones de sus amigos y discípulos y cuatro semblanzas sobre su personalidad y su obra. Entre los ensayos, destaca nítidamente el de Javier Pérez de Cuéllar, quien fue su alumno de Psicología, Lógica y Filosofía en la Universidad Católica del Perú. Nuestro ilustre compatriota recuerda que Alzamora explicaba estas tres disciplinas con claridad, fluidez y casi con persuasión. Agrega: "Y digo persuasión porque pienso que la enseñanza, particularmente la superior, requiere, no solamente la capacidad de exponer los conocimientos de manera ordenada y sistemática, sino también el don de la comunicación que despierta el interés y hasta lleva al convencimiento. Si bien la psicología me era más aprehensible por su mayor concreción, prefería yo la metafísica con su halo de misterio y poesía y tal vez porque Mario Alzamora dictaba con especial deleite". Finalmente, el Secretario General de Naciones Unidas nos dice : "Creo, en consecuencia, que nada en estos tiempos de crisis de valores morales e intelectuales es más justo y aleccionador que el rendir homenaje a una figura señera que tan cabalmente encarna la inteligencia peruana y que se le erija así en ejemplo para la juventud, a la que dedicó tan devotamente sus esfuerzos".
Continúa la obra con los artículos de León Barandiarán, Lanatta, Aramburú Menchaca, Arias Schreiber, Bramont Arias, del Busto, Fernández Arce, Fernández Sessarego, Herrera Paulsen, Mc Lean, Miró Quesada Cantuarias, Montoya Manfredi, Osterling, Pacheco Vélez, Puccinelli, Rodríguez Pastor, Roy Freyre, Ruiz Eldredge, Silva Salgado y Wagner de Reyna, entre los nacionales, y Julio López del Carril, José Melich Orsini, Víctor Pérez Vargas y Néstor Sagües, entre los extranjeros; así como los de otros jóvenes valores de la intelectualidad peruana.
León Barandiarán manifestó que "la vida y la obra de Alzamora Valdez demuestran que el maestro, frente a los prójimos, es quien se distingue por sus cualidades espirituales, y que dan testimonio de ello sus libros de notorio rigor científico, sus clases universitarias excelentes, según apreciación unánime, y otras varias manifestaciones de su permanente y decidida inclinación didáctica y de investigador científico".
Arias Schreiber observa, con precisión, que se equivocan quienes creen que Alzamora es un hombre adusto y hasta hosco y huraño ; pues, bajo la forma de una aparente frialdad se esconde un alma sensible y afectuosa, humilde y, eso sí, desdeñosa al halago y la genuflexión.
Bramont Arias destaca que Alzamora ha ejercitado poco la profesión de abogado y no obstante posee el requisito indispensable para el éxito que falta a muchos catedráticos: una mente dúctil y capacidad de aplicación de la norma general al caso particular. Acota que, como político, fue hombre probo, digno y sincero; valiente para expresar sus ideales y, asimismo, para asumir actividades en favor de la Universidad y de la juventud universitaria.
Pacheco Vélez resalta su labor política, indicando que al llegar por una sola vez al Parlamento, Mario Alzamora demostró con hechos elocuentes y definitivos su manera radicalmente distinta de concebir la función legislativa. Señala que "aunque no se prodigaba en los debates generales en el hemiciclo, varias de sus oraciones parlamentarias resultaron memorables por la elegancia de su retórica, sobria y contundente, en la que lucía su conocimiento profundo de los problemas que abordaba, su formación filosófica y jurídica, su admirable claridad didáctica y la eficacia de sus sólidas argumentaciones, con un énfasis no desprovisto de ironía y buen humor que resultaban verdaderamente incontrastables". Anota que "algunos de esos discursos merecen lugar de honor en la antología de la oratoria parlamentaria en el Perú".
La existencia de Alzamora se ve, en cierta forma, testimoniada por los escritos de sus contemporáneos en este Libro-Homenaje: existencia vital cargada de conocimientos y enriquecida con una profunda fe cristiana que, humildemente, con la trascendencia del mensaje divino, puede resumirse en estas palabras de inspiración machbethiana del mismo Alzamora: "La vida humana es una llama que se enciende, brilla en el tiempo unos instantes y se extingue en una inmensa oscuridad que no puede ser penetrada sino con la timidez de la fe".
* Artículo publicado en El Comercio el 2 de marzo de 1988.
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