José E. Briceño B.

Biografia

Nací en un pueblo lejano en el tiempo y en el espacio peruano de entonces. Le llamaban ciudad pero Chulucanas era casi como una aldea, no había calles pavimentadas, ni luz eléctrica ni servicios de agua y alcantarillado. Había sí, lámparas de mesa al comedor y candiles en las cocinas, el agua potable era transportada en carretas haladas por burros o mulos y en carretillas dirigidas por la gente, la basura llevada por los vecinos al basural que en mi pueblo llamaban "barranco”. Se trabajaba duro y yo, como un pionero, desde temprana edad ayudaba en la satisfacción de todos estos autoservicios caseros. Por las noches mi padre nos contaba cuentos de oriente y occidente y fábulas de Esopo, de Iriarte y Samaniego. En las horas más tardías, sentado o echado a un petate sobre la vereda, en la más profunda obscuridad me transportaba al fantástico mundo del zodíaco y navegaba entre las estrellas, al alcance de mi mano, como un puñado infinito de brillantes y diamantes. El cielo era un negro telón con billones de perlas como dijes.

Mi padre, director de escuela de cuya biblioteca devoré gran parte de sus libros. Mi madre, dedicada a su casa ayudaba también a la economía de la familia: fue costurera, tendera, artesana (hacía bellìsimas muñecas de trapo) y enseño a leer a muchos hijos de campesinos. A Chulucanas le faltaba todo, pero su cielo era terso, y su aire puro y transparente; nos brindaba el olor matinal de los jazmines, los limoneros y los naranjales, y nos deleitaba con el cromatismo de sus serenas tardes crepusculares. Su agua era dulce, agradabe e incontaminada, y su cielo sobre todo, me regalaba el placer de visitar mundos inimaginables.

Ahora vivo en una gran ciudad: el agua llega con sus tuberías a mi casa, pero no puedo beberla con tranquilidad; a la radio de antaño se ha substituido la televisión que, entre uno y otro programa de cierto interés, me ametralla con cápsulas de idiotez, mediocridad y pornografía. La gran ciudad no conoce una calle sin asfalto, pero no puedo caminar en ellas y paradójicamente en sus veredas, duermen tranquilamente horrendas máquinas motorizadas; hay también acá tanto aire, no faltaba más, pero ese aire no me deja ver espléndidas montañas a pocos pasos de Milán, y en los días más nublados de invierno ni la cara misma de mis vecinos a unos cuantos metros; pero sobre todo, su cielo no me brinda su mágico manto de estrellas, de ellas me llegan sólo pabilos en extinción. Soy muy terco: me cuesta trabajo convencerme de que mi vida ha dado un gran salto de calidad.
(José E. Briceño B. )

 BREVE ANTOLOGIA >>>
Uno de los trabajos más interesantes que han escrito sobre mi poesía.
Es el de la ensayista y académica uruguaya Mariel Rodés de Clérico. Este trabajo ha sido publicado por Mundo Latino Americano en enero de este año (2005). 
>>>

PERUAN-ITÀ © Copyright 2001- 2006
No part of this site may be reproduced 
or stored in a retrieval system. 
All rights reserved