RACISMO Y SEXUALIDAD
A TRES HORAS DE LIMA,
 LA CAPITAL DEL PERU


 di Vanessa Verastegui Ollé
Estudiante de maestría de antropología de la Pontificia Universidad Católica del Perú Integrante de LUNDU-
 Centro de Estudios y Promoción Afroperuana

EL Invierno se puso negro. Conozca a las nuevas vírgenes de El Carmen(1).

Este fue el titular de un semanario limeño que presentaba a una joven afroperuana en su portada hace aproximadamente tres años. Anunciaba, además, que en el interior de esta revista sabatina se podían encontrar las fotos y un reportaje sobre siete jovencitas, entre 14 y 17 años, con el siguiente subtítulo:

La zona campesina de Chincha muestra con orgullo a sus jóvenes princesas”.

En esta y otras portadas de la aludida revista, y también en algunos medios televisivos, se han difundido las fiestas tradicionales de aquel distrito chinchano. El estilo superficial (light) de los reportajes pone de manifiesto el propósito de comercializar la imagen de las mujeres afroperuanas como chicas que reúnen belleza y encanto pese a vivir en anexos y poblados rurales pobres de Chincha, y que casualmente fueron descubiertas en concursos tipo los carnavales negros. Por este medio, se intenta vender la belleza de la mujer negra bajo el retrato de exotismo, sensualidad y pobreza.

La localidad de El Carmen del distrito de Chincha es el principal foco donde se concentra el turismo en sus conocidas celebraciones locales como el Festival Carnaval Negro (verano), La Navidad Negra, Virgen del Carmen (16 de julio), Fiestas Patrias (28 y 29 de julio), Día de la canción criolla ( 31 de octubre); Año Nuevo (31 de diciembre).

La gente que llega a estas fiestas o al mismo centro de Chincha procede en gran mayoría de los estratos medios y altos limeños y lo hace con el ánimo de salir del entorno monótono y cotidiano de la capital. Otros llegan también para conocer el folklore y la cultura negra expresada en las danzas, en el tradicional plato de sopa seca o en el arte del zapateo de los niños más pequeños en la plaza de El Carmen a cambio de unas cuantas monedas. Finalmente, hay quienes van para visitar la Hacienda de San José, convertida hoy en un hotel con reminiscencias del pasado esclavista, con salas de castigos y sótanos de donde se fugaban los cimarrones.

Los testimonios de los jóvenes Astrit, Juan Enrique, María del Carmen, Daniel Mauricio y Héctor Luis nos hablan sobre las imágenes de la zona de Chincha como un espacio de exotismo, sensualidad y diversión:

En el Carmen siempre son más en las fiestas, pero no siempre es así, también vienen los fines de semanas, encuentran a alguien, se divierten, y vienen solo por algo al respecto. Tienen la idea que las negras son fogosas. (Juan Enrique, 21 años)

Sí, cuando hay fiestas. Llegan a Chincha y preguntan en qué ciudad hay mujeres bonitas y les dicen: en El Carmen todas son calientes. (Astrit Herrera Acevedo, 16 años)

Yo creo que vienen para divertirse en las fiestas y para divertirse con las chicas… para no pasarla mal en ese día. No todos llegan a tener relaciones. Te sacan las chelas y se esfuman: “me desaparezco, ya me dio de chupar, me voy”. O sea así he visto. Hay casos en que también ha habido relaciones. Yo creo que como al día siguiente están como si nada, creo que lo hacen por divertirse. ” (María del Carmen Mercedes Ormeño, 21 años)

Mayormente vienen con drogas, a buscar diversión. Normalmente vienen a buscar diversión, sexo para eso nomás vienen. (Daniel Mauricio Sánchez Canales, 14 años)

Creo que vienen a divertirse, y a veces en fiestas, después de bailes cada uno sale con un moreno porque a veces en fiestas, como yo voy a las peñas, me doy cuenta. (Héctor Luis Jereda Zapata, 17 años)

De los turistas que arriban al lugar, algunos entablan diálogo con las y los jóvenes de origen afrodescendiente y, luego de los bailes y las cervezas, a veces terminan teniendo relaciones sexuales. Al término de las fiestas, los limeños regresan a la ciudad y los residentes del lugar permanecen en sus comunidades -El Carmen, El Guayabo, San José u otros anexos aledaños a Chincha- y retoman sus actividades de la vida diaria, como si nada hubiera pasado. A este patrón de comportamiento se le denomina turismo sexual y es semejante al que se practica en Cuba o en Jamaica, pues a estos países del Caribe llegan de vacaciones turistas europeos blancos -hombres y mujeres- que en su imaginario comparten el mito de la sensualidad de los afrodescendientes. Se podría denominar turismo sexual a la objetivación de un “Otro” sexualizado y racializado(2). Según la académica Jacqueline Sánchez Taylor, los turistas que viajan a esos lugares están motivados por la exotización del “Otro” natural/primitivo/nativo: “El estereotipo racista de la mujer negra, exótica y erótica también es una imagen que se usa para vender turismo sexual en países como República Dominicana y Cuba”(3).

Los testimonios de las jóvenes Astrit, Mercedes Ormeño y Juan Enrique responden a esta objetivación del “Otro” sexualizado y racializado ante la interrogante si habían recibido un comentario racista de denotación sexual:

Esa morena tiene buen tarrazo., cosas así en Lima No me siento bien ni me siento mal pero en sí me da un poco de risa, en la calle, uno va pasando, te dicen: oye qué tal negrón y son cosas que a uno le afecta. Es como que pase alguna persona paisana y uno diga: ay ese paisano A uno le afecta por más que se lo digan porque uno tiene un bonito cuerpo. Y digan: mira esa negra. Son pareceres para mí, porque son las personas igual que la otra. Si no tuviera ese cuerpo, o sea yo decía si no fuera negra no me dijeran eso, pero yo soy orgullosa de ser negra, pero me afecta. (Astrit)

Si, sobre el cuerpo, de esas cosas, sobre el trasero. O sea, no simplemente te dicen qué lindo trasero sino qué harían con tu trasero- (María Mercedes Ormeño)

Y cuando bailas, y si bailas cómo te mueves, siempre es así, porque si se mueve bien, si eres negro y se mueve bien, o es divertido, en la cama también es así. (Juan Enrique)

…Hay algunas mujeres, no todas vienen con este estereotipo. Un día en el Bambú, en un local, una chica dijo: qué buen poto tiene ese moreno y ¡pum! le dieron un palmazo. (Astrit )

Luego de su respuesta se le preguntó cómo era esa chica con el fin de saber su apariencia física y dijo:

De ojos verdes, blanca, rubia.

En el Perú, concretamente en la zona de El Carmen, en Chincha, el turismo sexual es una realidad social difícil de asumir por los jóvenes del lugar. Algunos de los entrevistados aseguraron no conocer el término turismo sexual; no obstante cuando se trató el tema de las relaciones entre los turistas y los/las jóvenes mujeres y varones afroperuanos de la localidad demostraron conocer esta problemática.
Cuando se les pidió que expusieran las causas o los motivos de las prácticas del turismo sexual, las distintas posiciones se debatían entre los factores económicos y el racismo endógeno existente en el imaginario ante el paradigma del mejoramiento de la raza:

¿Sabes lo qué pasa?, acá hay racismo entre nosotros mismos. El que no conoce sus rasgos, sus antepasados, el quiere limpiar su raza, por decirte así para que me entiendas más, ¿y cómo limpian (sus) rasgos?, estando con un blanco, quedándose con un blanco. El otro tipo de racismo es que negro con negro no, no se juntan… Sí, porque entre nosotros mismos se negrean, entre nosotros mismos se negrean. Por decirte, uno te dice yo no soy negro, soy moreno, yo soy zamba, blanca…. Si es así, en lo personal, mi mama no quería que estuviera con mi pareja y mi mamá es negra, no aceptaba, que no, que no porque era negro, y mi mamá también.. En El Carmen es bien fuerte. (Mercedes del Carmen Ormeño Acevedo, 21 años)

Yo me imagino que un punto es mejorar la raza, otro punto es el factor económico y querer salir de acá, son tres puntos que siempre influyen pero el más importante es el mejorar la raza. Digamos, yo soy negro y me junto con otro, va a ser igual que yo. No hay en El Carmen una educación y frente a eso la gente negra busca a un blanco, entre comillas, para mejorar la raza… Porque los blancos también le metieron esa idea, a golpes, a palos. Y te dicen si eres blanco eres mejor. Hay un dicho: chancho con chancho no pueden estar, o sea, negro con negro no pueden estar. (Juan Enrique Robles Huertas, 21 años)


Marfil Francke y Verena Stolcke refieren que la ideología de la pureza de la raza y de la sangre caló entre los españoles para ejercer la dominación en las mujeres de los grupos dominados: indígenas y esclavas, así como en el grupo étnico, en general, de los esclavos. La construcción de los estereotipos sexuales es un ejemplo de la forma discursiva de dominación sobre los grupos subalternos que hoy representan a la población afroperuana.(4)


Como lo han señalado Mirko Lauer y Marfil Francke, en el Perú la población afrodescendiente se encuentra en la última escala social con escasas posibilidades de superación personal, profesional y económica. Constituye un grupo cuantitativo menor en relación a la población mestiza o indígena y es sólo una elite la que ha podido salir de la base de la pirámide de la estructura social en el país (Lauer, 1977(5)) . Lauer señala que la base de la pirámide es siempre de color y el vértice blanco, europeo, occidental. Al respecto, Marfil Francke sostiene que “el poder cambia de manos pero no de color, tampoco se diluye en una verdadera democracia. La dominación se reproduce bajo nuevas formas, pero sus ejes estructurales siguen siendo los mismos.(6)

Esta afirmación aparece en “Género, clase, etnia: la trenza de dominación” para secundar el argumento de Denyz Cuche sobre el patrón jerárquico en el siglo XVIII y XIX según el cual la clase patronal era la blanca; la clase media, mestiza y la clase trabajadora, negra. Ello nos recuerda la realidad socioeconómica del grupo afroperuano en Chincha, sobre todo, en El Carmen y otros distritos como San José, El Guayabo y sus comunidades rurales y anexos más distanciados del centro de Chincha. Los jóvenes afroperuanos de estas zonas se encuentran fuera del mercado de trabajo sin perspectivas de vida futura ni de movilidad social.

El poder y dominación en la elaboración de los discursos y el conocimiento del “otro” son abordados desde la teoría de los estudios subalternos. Para Homi K. Babba, por ejemplo, el estereotipo es una estrategia del discurso colonial para la construcción de la otredad, y una de sus características es la fijeza como signo de la diferencia cultural/histórica/racial. Además, señala que el estereotipo se caracteriza por la ambivalencia, es decir, por un lado estigmatiza, encasilla en un lugar rígido al “otro”, dando por supuesto que lo conoce sin necesidad de mostrar pruebas que prueben la veracidad del conocimiento del “otro” o desconocido. Y por el otro, asegura su repetición:

El estereotipo… vacila entre lo que siempre está en su lugar, ya conocido y algo que debe ser repetido ansiosamente como si la esencial duplicidad del asiático y la bestial licencia sexual del africano que no necesita pruebas, nunca pudieran ser probadas en el discurso(7).

Para Homi Babba, el valor del estereotipo es el esquema contradictorio entre el placer y el displacer, entre el reconocimiento de las diferencias y a la vez su renegación de estas. El estereotipo apela a la fijeza y a la fantasía en busca de la originalidad, del escencialismo, del exotismo, de la pureza; no obstante, se encuentra amenazado por la heterogeneidad, por las diferencias culturales y raciales. Homi Babba devela la complejidad del estereotipo que determina la fijeza con el objeto de asentar las diferencias en aras de discriminar y marginalizar: “el discurso colonial produce al colonizado como una realidad social que es a la vez el “otro” y sin embargo enteramente conocible y visible estereotipo(8)”.

Los estereotipos sexuales sobre la población afroperuana habrían sido construidos debido a varios factores señalados en la historiografía especializada de la esclavitud. Uno de ellos, la convivencia y cercanía de los amos blancos con sus esclavas domésticas, que dio origen al mito de la Venus Negra, es decir la sensualización de la mujer negra(9). Eran ellas las libertinas, las carentes de moral y de honra. Denys Cuche señala que: “gracias a las negras, las hijas de buenas familias blancas eran protegidas, la sensualidad de los señoritos podía desviarse hacia las primeras. Se condenaba a todo un grupo étnico para salvar la virginidad de las mujeres de otro grupo(10).
En cuanto al estereotipo relacionado a los varones y su virilidad y su potencia sexual, Denyz Cuche menciona la tesis sobre cuestiones de raza de Clemente Palma, en la que señala que el varón negro tenía los órganos sexuales más desarrollados que el blanco(11). Sobre esta tesis Patricia Oliart opina que “Clemente Palma considera a la raza negra como inferior pero perfectible (excepto por su marcada sensualidad) pues podría aportar su vigor físico, al no ser una raza gastada(12)”.

Denyz Cuche señala, asimismo, que el esclavo fue visto únicamente como reproductor, por lo que sus amos controlaban su sexualidad mediante uniones continuas con otras esclavas:

…ni siquiera podía tener relaciones sexuales con la negra esclava, ya que el amo blanco intervenía siempre en la vida íntima de sus esclavos. Ellos no eran sino simples instrumentos de reproducción. El amo convertido en una especie de proxeneta, seleccionaba entre sus esclavos a los más vigorosos y los unía a la fuerza para aumentar y mejorar su capital de brazos(13)-

Christine Hunefeldt refiere que la cercanía entre los amos y sus esclavas determinó que estas últimas apelaran al uso de su sexualidad como estrategia con el fin de acceder a bienes como ropa o comida y,, principalmente, a su libertad, la cual era otorgada por sus propios amos como señal de agradecimiento o adquirida mediante acciones legales por parte de ellas mismas en los tribunales ante promesas incumplidas de sus amos de la dación de la libertad(14). Por ello, el investigador peruano Marcel Velásquez señala que “las mujeres son menos negras”, en el sentido de que las esclavas tenían más armas para alcanzar la libertad o ascender socialmente que los varones esclavos y así salir de su condición social y servil.

Retomando al argumento de Hommi Babba sobre la ambivalencia del discurso de los estereotipos, placer y displacer; reconocimiento y renegación, este esquema contradictorio es representado por Maruja Barrig en su ensayo “Pitucas y marocas en la narrativa urbana posterior a los años 1950”, en el que señala la persistencia del doble comportamiento sexual en los varones de la aristocracia de los años cincuenta. Barrig pasa revista a los textos literarios de escritores como Alfredo Bryce, Mario Vargas Llosa, Julio Ramón Ribeyro, quienes presentan la doble moral de los jóvenes varones de clase media alta. Ellos tendrían un comportamiento sexual distinto para cada chica de acuerdo a su fenotipo y estrato social, tal como lo han señalado los estudiosos de la trata esclavista durante la colonia en el Perú: “el honor de las mujeres españolas es protegido a costa del goce sexual de los hombres blancos, españoles o criollos con sus esclavas negras”. Maruja Barrig nos presenta a las marocas como las mujeres de clase media de los barrios populares de Jesús María y Lince, y afirma que representan la voluptuosidad:

…las marocas serán definidas como lomazo, hembrón, zamba guapísima, palabras que nos sugieren siempre una imagen contemplada del cuello hacia abajo. Una Pituca no tiene sexo, están desprovistas de él, porque finalmente, las pitucas(15) son para lucirlas; las marocas para tirárselas(16).

Asimismo, Maruja Barrig señala que las marocas son “apetitosas” para los varones por cierto color aceitunado, ellas aceptan subirse a los carros de último modelo y ser llevadas a esquinas oscuras porque creen o quieren creer en sus promesas: de sacarlas de sus barrios.(17)

El ensayo de Maruja Barrig podría ser compararse con el esquema de Hommi Babba sobre reconocimiento y rechazo; placer y displacer. El doble comportamiento sexual según la chica determina que la atracción hacia la belleza exótica, las fantasías sexuales de los varones de la oligarquía hace que recurran a las “marocas”, pero que sólo las consideren para el placer sexual, mientras que a las lindas, las “pitucas” son consideradas como las reales novias ante la sociedad limeña. Lo que nos recuerda la realidad del turismo sexual en Chincha según las respuestas de nuestros entrevistados, quienes definen la condición de los turistas que llegan al Carmen o al centro mismo de Chincha, en su mayoría, como gente con dinero y con buenos carros; blancos y rubios. Aunque los mestizos también visitan el lugar con la misma idea: la de que mujeres y hombres afrosdescendientes son ardientes y fogosos. Atraídos por esta idea, todos llegan mayormente a divertirse. El placer sexual y la diversión no pasan de una noche o dos:


Los turistas blancos buscan siempre a las mujeres de color, de raza negra. Y entre los hombres, entre hombres tratan de buscar la droga. (Mauricio Daniel Sánchez Canales)


Hay un 90% exclusivamente a tener sexo, hay también que vienen a divertirse y por ahí si…, pero todo acaba en eso. Porque dicen que son fáciles, las negras son fáciles, bailan bien son espontáneos…( Juan Enrique)

No para nada, es solo una noche. (Astrit)

La siguiente cita del joven Juan Enrique nos muestra la función que cumplen los estereotipos sexuales, placer/displacer; reconocimiento y renegación; inclusión y exclusión en términos de la investigadora Mary Lilia Congolino para la gente externa que ve la “Otro” sexualizado y racializado
Yo creo que la gente si viniera, vendría a conocer sino viene a tener un momento de placer, un momento de gozo. Si la gente viniera a conocer pero a gente que viene acá es adinerada, con carros, vienen a la plaza, están ahí, a tomar, están una noche y dos días, conocen a una chica y la chica caen, vienen y se van, vienen a estar con la chica una vez mas. La gente ve dinero, ve carro y pum… (Juan Enrique)

En la cita de María Mercedes también nos refiere acerca de las ventajas del capital corporal que aprovecha el “Otro” - es decir el joven o la joven Chincha- en la decisión del ejercicio de las prácticas de turismo sexual las cuales se encuentran guiados por el “mejoramiento de la raza” y/o por el deseo de salir de Chincha:

En algunos casos, como te digo, son contaditas, los puedes contar con las manos. En todo barrio hay chicas que le gusta y chicas que no les gusta. Se saben quiénes son las chicas que están esperando que llegue un carrito o un pata blanconcito para que les invite unas chelas.(18) (María Mercedes)

Mary Lilia Congolino, en su estudio de los estereotipos sexuales sobre las mujeres afrodescendientes de Colombia, concluye que los estereotipos cumplen la función de inclusión-exclusión. Inclusión porque las mujeres participan del mercado erótico–sexual de su cuerpo como capital:

“De inclusión cuando se pone a disposición del placer y las mujeres participan del mercado erótico- sexual con ciertas ventajas ligadas a su capital corporal(19)”.

Según la autora las mujeres afrocolombianas son conscientes de su sensualidad y erotismo como armas de seducción y sacan ventaja de ello. En cuanto a exclusión, Mary Lilia Congolino señala que:

De exclusión, cuando su valoración como sujetas predominantemente sexuales, con todos los calificativos que se asocia a ello, se convierte en una limitante para valoraciones y vinculaciones más favorables o respetables en otras esferas sociales del mercado afectivo(20).

Exclusión es, entonces, el impedimento de una relación afectiva que trascienda el placer corporal por el que, al parecer, la población afrodescendiente de El Carmen es sólo valorada. En suma, la función inclusión- exclusión que propone Mary Lilia Congolino valida la propuesta del modelo ambiguo y contradictorio de Hommi Babba, a saber, placer/displacer; reconocimiento y renegación, para explicar cómo en los estereotipos sexuales se entrecruzan las categorías de género, raza y clase.

NOTE
1 Revista Somos. El Comercio. Año XVI Nº 862. Junio del 2003
2 Jacqueline Sánchez Taylor. Turismo Sexual en el Caribe... Capítulo “Turismo, viajes y Sexo”. Univesity of Leiceste.
3 Ibídem.
4 Revisar a Verena Stolcke. En: “Sexo es a género lo que raza es a etnicidad”.
5 Citado por Marfil Francke. En Género, clase, etnia: la trenza de dominación:84
6 Ibidem.
7 Homi Babba. “La otra pregunta. El estereotipo, la discriminación y el discurso del colonialismo”. En El lugar de la cultura:
  91, 1994.
8 Ibidem.
9 Denyz Cuche. Poder blanco y resistencia negra en el Perú.
10 Denyz Cuche. Ibidem: 122
11 Ibidem:126
12 Patricia Oliart. “Poniendo a cada quien en su lugar: estereotipos raciales”. En: Mundos Interiores: 277
13 Denyz Cuche. Opcit: 127
14 Revisar a Chistine Hunefeldt. En: Mujeres, esclavitud, emociones y libertad. Lima 1800-1854, 1988
15 El termino “pituco”(a) se aplica a las personas que tienen determinados rasgos físicos de origen europeo o anglosajón:
    blancos y rubios. En el Perú conforman una minoría que ostenta poder económico.
16 El ensayo de Maruja Barrig “pitucas y marocas en la narrativa urbana posterior a los años de 1950”. Publicado por primera
    vez en la Revista Húmero N º 9, en 1981. Ha sido publicado nuevamente en el libro Detrás de la Puerta, hombres y
    mujeres en el Perú de hoy, editado por el Fondo de la Pontificia Universidad Católica, 1996: 91-104. Esta cita se encuentra
    en el texto “Género, clase, etnia: la trenza de dominación: 93
17 Marfil Francke. Opcit: 93-94.
18 El término “chela” significa cerveza en lenguaje coloquial juvenil en el Perú.
19 Mary Lilia Congolino Sinisterra. Opcit: 6
20 Ibidem.

BIBLIOGRAFIA
BHABHA Homi K. “El estereotipo, la discriminación y el discurso del colonialismo”. En: El Lugar de la Cultura. Editorial Manantial. Buenos Aires: 2002.
BARRIG, Maruja “Pitucas y marrocas en la nueva narrativa peruana”. En: Detrás de la Puerta. Hombres y mujeres en el Perú de hoy. Editores Patricia Ruiiz Bravo. Programa de Estudios de Género. Facultad de Ciencias Sociales. Pontificia Universidad Católica del Perú. 91- 101
CUCHE, Denys “Mestizaje y discriminación racial”. En: Poder blanco y resistencia negra en el Perú. Instituto Nacional de Cultura, Lima, 1975. “La dimensión sexual del conflicto racial”.En: Poder blanco y resistencia negra en el Perú. Instituto Nacional de Cultura, Lima, 1975
DORIVAL C. Rosa “Algo acerca de la mujer negra. Reseña del documento Mujeres: Esclavitud, y libertad”. 1989
FRANCKE, Marfil “Género, clase y etnia: La trenza de la dominación”. En: Tiempos de ira y amor. Nuevos actores para viejos problemas. Desco. Centro de Estudios y Promoción del Desarrollo, 1990.
HUNEFELDT, Christine Mujeres. Esclavitud, emociones y libertad. Lima 1800-1854. Documento de Trabajo, Nº 24. Instituto de Estudios Peruanos- IEP. Serie Historia Nº 4. Marzo 1988.
OLIART, Patricia “Poniendo a cada quien en su lugar: estereotipos raciales y sexuales en la Lima del siglo XIX”. En: Mundos Interiores: Lima 1850-1950. Universidad del Pacífico. Centro de Investigación CIUP.
STOCKE, Verena  “Sexo es a género lo que raza es a etnicidad”. En: Márgenes, Año V. Nº 9, 1992.
VELASQUEZ CASTRO, Marcel “Las mujeres son menos negras: el caso de las mujeres esclavas en la Lima del siglo XIX”. En Henríquez, Narda (comp), el Hechizo de las imágenes. Estatus Social, género y etnicidad en la historia peruana. Lima. Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica.
Otras referencias
Revistas impresas “El invierno se puso negro. Conozca las Nuevas Vírgenes de El Carmen”. En: Revista Somos. Año XVI. Nº 862. Del Periódico El Comercio. Junio del 2003. Pp. 46-52.
Sanos y Zambos”. En: Revista Somos. Año XVI. Nº 848. Del Periódico El Comercio. Marzo del 2003. Pp. 39-43
Etiqueta Negra”. En: En: Revista Somos. Año XVI. Nº 848. Del Periódico El Comercio. Abril del 2003.
Virtuales
Jacqueline Sánchez Taylor. “Turismo sexual en el Caribe”. Editado y traducido de “Sex tourism in the caribbean”. The Universitu of Leicester. Capítulo “Turismo, Viajes y Sexo”. Ed, Stephen Clift and Simon Carter (1999), Casell.
En: http://sexualidad.wordpress.com/2007/07/26/turismo_sexual_en el caribe/ 
Mary Lilia Congolino Sinisterra. ¿Mujeres candentes? Un análisis de los estereotipos sexuales en un grupo de universitarios de Cali, Colombia. Universidad del Valle Cali-Colombia. Investigadora asociada al CIDSL.
En: http://www.fazendogero7.ufsc/artigo/M/Mary_lilia_congolino_13_B.pdf

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