LA SOMBRA DEL ESCRITOR.
Por FREDDY BRAVO ESPINOZA

En los años 1960, había un joven escritor que acostumbraba trabajar hasta muy avanzada la noche a pesar del frío y la humedad que invadían su vivienda. Escribía cuentos de terror y se hallaba inmerso en el inquietante clima de sus propias fantasías. La vieja casona de aspecto fantasmal, construida en 1905, situada en la cuadra dos de la antigua calle Domeyer en el distrito de Barranco, al sur de Lima, en la que vivía; así como las solitarias y silenciosas calles, callejas y callejuelas del distrito y las historias de penas que los ancianos contaban a sus descendientes; le inspiraban historias en las que inocentes personas, distraídas en sus quehaceres, de pronto conocían el horror de enfrentar lo desconocido, lo sobrenatural. 
Él sostenía que los cuentos de terror suelen tener generalmente dos protagonistas: uno que es la víctima y a la vez testigo, y otro que es la encarnación del mal. El así llamado "malo" puede ser un muerto 
que regresa a la vida, un fantasma capaz de apoderarse de la mente de un pobre mortal, alguna criatura de otro mundo que trata de ocupar un cuerpo que no es el suyo, un hechicero con poderes diabólicos o un ser infernal disfrazado de niña angelical.

Ese escritor sentado en su cómodo sillón, frente a una antigua máquina de escribir de marca “Underwood”, trabajando a medianoche acompañado del silencio y la nostalgia, en un enorme caserón que él habitaba sólo, se parecía bastante a las indefensas personas que de pronto se ven envueltas en esas situaciones de horror inesperado. Totalmente absorto en su trabajo, de espaldas a la gran sala de techos altos, con muebles sombríos y una lúgubre iluminación, bien podría resultar él también una de esas infortunadas víctimas que no advierten a su agresor sino hasta un 
segundo antes de que ocurra la fatalidad.

Juan Freddy, que así se llamaba el escritor, intentaba crear aquella noche un cuento que trataba sobre un muerto que, al cumplirse cien años de su fallecimiento, regresaba a la antigua casa donde había vivido o, mejor dicho, donde lo habían asesinado. El cometido del muerto que regresaba era el de vengarse de quien lo había matado. Pero, ¿Cómo podía vengarse de quien seguramente estaba muerto? Lo cierto es que el muerto del cuento se iba a vengar de un 
descendiente de su asesino. Con la finalidad de dotar al cuento con detalles realistas, al escritor se le había ocurrido describir su propia casa. Era de aquellos que piensan que para escribir hay que sentir en carne propia lo que siente el o los personajes de sus historias. Por ello, tomó un cuaderno, apagó las luces de la sala donde se encontraba y lentamente recorrió el otrora hermoso caserón llevando un oxidado candelabro con dos largas velas encendidas que más bien parecían huesos humanos. A él se le había metido la idea de que debía experimentar las impresiones del 
personaje-víctima, ver con sus ojos, percibir los sonidos extraños y los pasos misteriosos e inquietarse como él personaje de su historia. Como se sabe, los detalles precisos de un acontecimiento dan a los cuentos cierto efecto de verosimilitud: una historia increíble puede parecer verdadera debido a la lógica atinada de los eslabones con que se va armando y a los vívidos detalles que crean el escenario en que ocurre.

La casa del joven escritor era un antiguo rancho de estilo republicano construido a principios del siglo XX heredado de un tío – hermano de su padre- que había muerto de un modo macabro en la Bajada a los Baños del distrito de Barranco hacía muchos años atrás. Los parientes más viejos, que pertenecían a la época en que ocurrió el hecho de sangre, no se ponían de acuerdo en cómo había ocurrido el crimen, pero todos coincidían en un detalle: el cuerpo había sido encontrado en el sótano de la casona, sin la cabeza. Era un ser humano sin cabeza, igual que el cura sin cabeza de la capilla de La Ermita de Barranco. Cuando era niño, el escritor había escuchado esa historia decenas de veces, debido a lo cual muchas noches de su corta infancia las había pasado despierto, echado en su cama aterrorizado, muy atento a los más insignificantes ruidos que se daban en la casa. Nadie dudaba, que esa remota impresión infantil influyó en el oficio que Juan Freddy terminó adoptando siendo ya adulto. 

Proyectada por la luz de las velas, la sombra del escritor reflejada en las altas paredes de la sala parecía un monstruo informe que se movía al lento compás de una danza fantasmal. Cuando Juan Freddy se acercaba a las velas, su sombra se agrandaba ocupando toda la pared y el techo; cuando se alejaba unos centímetros, su silueta se proyectaba en la pared pero...sin la cabeza. 
Cuando se dio cuenta de ese detalle sintió que un extraño estremecimiento recorría su cuerpo y se sobrecogió. ¿Cómo 
podía aparecer su sombra proyectada en la pared sin la cabeza? Tardó un instante en darse cuenta de que sólo se trataba de un efecto de la proyección de la sombra: su cuerpo aparecía en la pared y la cabeza en el techo, pero la primera impresión era la de un cuerpo sin cabeza. Anotó en su cuaderno ese incidente, que le pareció interesante: el protagonista de su historia caminaba alumbrándose con velas y, como algo premonitorio, observa que en su sombra falta la cabeza. El personaje no se asusta por aquello, es solamente un hecho curioso producto de la proyección de la luz. No se asusta porque él no sabe que en minutos su destino tendrá relación con un hombre sin cabeza. Y no se asusta -pensó Juan Freddy- porque así se asustará más al lector quien así se interesará más en leer el cuento.

Cuando el escritor terminó de anotar esa idea en su cuaderno, cerró este y decidió bajar al sótano. Los apolillados peldaños de la vieja escalera de madera emitían extraños sonidos que parecían aullidos de algún animal herido de muerte a cada pie que él apoyaba en ella. Recordó que en un año de vivir allí en esa añeja casona sólo una vez se había asomado al sótano, y debido a las telas de araña, al sofocante olor a humedad, a la cantidad de diversos objetos cubiertos por una capa de polvo y la desagradable sensación de encierro que le provocaba el lugar no había permanecido en él más de dos minutos. Muchas veces se había dicho: 
"Debo bajar al sótano a poner orden todos aquellos cachivaches que dejó mi tío al morir". Pasaba el tiempo pero jamás lo hacía, quizá por desidia, quizá por temor. 
Cuando llegó, se detuvo en el medio del sótano y alzó el candelabro para distinguir mejor aquel lúgubre lugar. 

Enseguida percibió el olor a humedad y a moho, ello lo asustó y enseguida decidió regresar a la escalera. Al girar, pateó involuntariamente el pie de un maniquí y, en su afán de tomarlo antes de que cayera, derribó una pila de cajones llenos de objetos antiguos que le cerraron el paso hacia la escalera. Fastidiado, intentó caminar por encima de las cosas, pero terminó trastabillando y cayó sobre un sillón desfondado y con él se volteó el candelabro y las velas se apagaron. 

Mientras trataba de orientarse, Juan Freddy experimentó, como a menudo les ocurría a los protagonistas de sus cuentos e historias, la más pura desesperación. Estaba totalmente a oscuras, se puso muy nervioso pues no encontraba la salida de aquel inhóspito sótano. Tratando de apartar las telas de araña que colgaban del techo y con las cuales tropezó, movió sus manos con violencia pero éstas quedaban adheridas a sus dedos y a su cara. No tuvo más remedio que dar rienda suelta a su desesperación y terminó gritando, sin embargo, el eco de su propio grito tuvo el efecto de asustarlo más aún. Nunca supo cuánto tiempo le llevó dar con la escalera y con la puerta. Cuando al fin llegó a la salida, transpirando y sintiendo como el sudor resbalaba por todo su cuerpo, temblando de miedo, quiso cerrar con llave la puerta que conducía al sótano. Pero su nerviosismo era tal que no le permitía meter la llave en la cerradura. De pronto, corrió hasta cada uno de los interruptores de electricidad y a manotazos encendió todas las luces. “Ya estoy harto de crear un clima propicio al terror" para inspirarme en los cuentos, se dijo. Estaba visto que en la vida real él toleraba muchísimo menos que alguno de sus personajes capaces de explorar catacumbas en un cementerio en noches silenciosas y misteriosas con el viento haciendo crujir los troncos de los árboles que parecían esqueletos de pie esperando al demonio.

Luego de subir nuevamente por aquellas escaleras que producían extraños sonidos por fin llegó al acogedor estudio donde escribía, se sentó en su cómodo sillón y se puso a llorar como un niño. Se había pegado un gran susto que luego de un rato una gran taza con café hizo desaparecer. Se sentó ante la máquina de escribir y escribió el cuento de un tirón, como si se tratara de una lección aprendida: Un muerto sin cabeza salía del cementerio en una espantosa noche de tormenta. Había "despertado" de su muerte gracias a una profecía que le permitía llevar a cabo la deseada venganza pensada en los últimos instantes de su agonía: asesinar, cortándole la cabeza, a la descendencia, al hijo de quien había sido su asesino: su propio hermano.

Después de hilvanas fantasías, tejer ideas y pensamientos, el escritor puso el punto final a su cuento y sintió el alivio típico de esos casos. Se dejó resbalar unos centímetros en el sillón, apoyó la cabeza en el respaldo y cerró los ojos. Ya había terminado de escribir el cuento que se había propuesto hacer. Dedicaría el día siguiente a pasear y a encontrarse con algún amigo a tomar un café en el restaurante “Las almas perdidas” del japonés Shimabukuro situado en la quinta cuadra de la avenida Grau de Barranco. 
De pronto tuvo un extraño presentimiento. Pensó que era una fantasía casi infantil, una estupidez, quizá la tontería más absurda que pudiera pensarse. Estaba seguro de que había alguien detrás de él. En ese momento no supo si era cobardía o desesperación, pues no se animaba a abrir los ojos y volverse para mirar si detrás de él efectivamente había alguien. Permaneció todavía con los ojos cerrados, y llegó a pensar que en realidad no necesitaba darse vuelta si abría los ojos pues delante tenía una ventana cuyo vidrio, con esa noche cerrada, funcionaba como un espejo perfecto. Pensó con terror que, si había alguien detrás de él, lo vería no bien abriera los ojos. Demoró una eternidad en abrirlos. Cuando lo hizo, en cierta forma vio lo que esperaba, aunque hubo un instante durante el cual se dijo que no podía ser cierto. Pero era indiscutible: "eso" que estaba reflejado en el vidrio de la ventana, lo que estaba detrás de él, era un hombre sin cabeza. Y lo que tenía en la mano era un largo y filoso cuchillo...

LA TIERRA DEL RECUERDO. 
Por FREDDY BRAVO ESPINOZA.
Derechos Reservados. Copyright. Lima, Perú. Se autoriza la reproducción citando al autor. 
A veces, la vida se ensaña con algunas personas y hace que estas sufran permanentemente. Rosaura era una de ellas y por ello no era una mujer afortunada. Mucho tiempo atrás, en los años 1950/60, había sido muy bella, ahora eso era tan solo un vago recuerdo de la época en que era envidiada por las mujeres y admirada y asediada por los hombres. Ahora, su antigua hermosura estaba tan sólo plasmada en viejas fotografías de color sepia que tenían impresas las gotas de lágrimas derramadas por ella en sus momentos de recuerdos y que conservaba, junto a muchísimas cartas de amor de sus admiradores, en una cajita de madera de color negro finamente labrada por un adorador suyo en los viejos tiempos de gloria de aquella mujer. Como siguiendo un antiguo ritual, la cajita era abierta una vez a la semana, y así lo hacía semana tras semana, mes tras mes, año tras año. El sólo hecho de abrir aquel cofre de recuerdos era capaz de devolver momentáneamente la belleza a su dueña quien en esos íntimos instantes se sentía nuevamente bella y… deseada. 
Los sábados por la tarde, realizaba su ritual semanal cuando abría la cajita donde guardaba sus adorados tesoros: Sus fotos antiguas y sus cartas de amor. Después de hacer la siesta, costumbre adquirida de sus abuelos españoles, Iba hacia un estante de madera que estaba carcomido por las polillas y abría la puerta de este con una solemnidad que parecía un acto religioso. Tomaba la cajita, le quitaba el polvo acumulado en la semana, con un trapo de color marrón que luego de usarlo dejaba a un lado para lavarlo después. Se sentaba en su mullido sofá, se acomodaba y enseguida leía las cartas, luego miraba embelesada las fotos y después cerraba los ojos y con las manos llenas de fotos y cartas empezaba su vuelo hacia la Tierra del Recuerdo como si fuera una paloma enardecida en busca de su amante. Cuando llegaba a ese, para ella dichoso lugar, veía como si fuera una película, otros tiempos y lugares en los que su ego era constantemente reforzado por sus admiradores quienes hasta le suplicaban una sola mirada para sentir la felicidad en sus corazones. En la Tierra del Recuerdo, su imaginación la trasladaba a la época cuando escuchaba palabras amables que acariciaban sus oídos. También contemplaba los hermosos recuerdos de su niñez y juventud que fueron aderezados con cuentos y leyendas sobre países mágicos y misteriosos, de príncipes y palacios de cristal. Pero por momentos sentía una opresión en el corazón, pues su conciencia le hacía darse cuenta que aquellos días estaban lejos, muy lejos y que ya no existían. Sin embargo, se resistía y volvía a la Tierra del Recuerdo y allí se percataba de que si no fuera por ese singular ritual semanal sus recuerdos hubieran quedado adormecidos en el Valle del Olvido, mucho tiempo atrás. 
Después de solazarse cerca de dos horas, con los recuerdos de tiempos idos, regresaba de la Tierra del Recuerdo y cuando llegaba a la Tierra del Presente, se daba cuenta de que ese ritual, que ella realizaba hacía muchos años, no era capaz de desterrar la pertinaz tristeza que Rosaura llevaba a cuestas y que muchas veces la postraba en la Tierra de la Melancolía donde solía deambular por unos caminos solitarios rodeada de seres misteriosos que la miraban con curiosidad cuando ella pasaba por aquellos lugares. Ello ocurría porque, si bien la visión de aquellas antiguas fotografías de sepia hacía que su mente se alborozaba con el recuerdo de tiempos mejores, no podía evitar que la Tristeza la invadiera y la hiciera deambulara por los senderos más oscuros de su historia personal. 
Durante su dorada juventud tuvo varias relaciones amorosas que siempre le habían dejado con una insatisfacción grande pues ella era muy perfeccionista y por ello siempre criticaba a sus parejas buscando a menudo en ellas lo que siempre había detestado: la imperfección, los defectos del otro. Ayudaba a su estado de dominadora de hombres, su muy escasa educación, pues con las justas había terminado la Primaria y, a pesar de los continuos ruegos de sus progenitores, no quiso estudiar más, pues ella estaba firmemente convencida de que solamente con su belleza lograría todo lo que quisiese en la vida: matrimonio, fortuna, viajes y todo aquello que produce placer mundano. Por ello, cuando recordaba los viejos tiempos ella percibía que, aparte de su perfeccionismo, era su escasa educación, otra de las causantes de muchos de sus errores: sus varios fracasos matrimoniales, sus vanos intentos de encontrar una felicidad que le era ajena y su imposibilidad para mantener unas amistades que si bien le eran fieles eran criticadas a menudo por Rosaura, y que esta, con su terrible vanidad y terquedad había alejado. 
Vivía sola, la pensión de su padre, que él había logrado con su trabajo de Oficial Mayor del Congreso Nacional, era el sustento económico que la ayudaba a sobrevivir. En su vida tenía pocas cosas, un extenso terreno con una casa en medio y situado frente al mar cerca al Puerto del Callao en la zona conocida como Ventanilla y la renta de una enorme casona situada en la avenida Grau del distrito de Barranco que alquilaba a un escritor, eso era todo. En ese momento de su vida, la vejez, consideraba que las cosas materiales, eran sólo eso, materiales, inertes, sin vida propia, y que lo que ella necesitaba era algo o alguien que la hiciera vibrar como cuando era joven. 
En el invierno se sentía sola y aún cuando sus semanales viajes a la Tierra del Recuerdo la reconfortaban, los días siguientes la vieja Tristeza invadía su espíritu y no hacia más que llevarla al camino de la casi desesperación. Rosaura, mujer inteligente y lúcida se daba cuenta de ello y maldecía su situación, sobre todo cuando caía en una espiral que la llevaba a la Tierra de la Melancolía y se quedaba en ella mucho tiempo sin saber que hacer. Pero ella, mujer fuerte y aguerrida, retornaba a la Tierra del Presente y sí sabía que hacer, pues los recuerdos de su juventud alimentaban su espíritu y la hacían despertar del letargo en que la Soledad y la Melancolía, la sumían. 
Un día sábado de verano, ocurrió un hecho que cambiaría totalmente la vida de Rosaura. Cuando alguien tocó la puerta de la casa, su fiel compañero canino llamado Duque, quien la acompañaba hacía más de veinte años, empezó a ladrar tan fuerte que ella, que estaba en la Tierra del Recuerdo, bajó presurosa a ver por la ventana quien era él o la impertinente que osaba interrumpir su ritual semanal: abrir la cajita de madera con las fotos etc., etc. Su piel, marchitada por el implacable tiempo se puso tensa, pero se sobrepuso y caminando con la firmeza y altivez que ella mostraba antaño, se acercó a la puerta y la abrió, miró a la mujer y ella a Rosaura, se reconocieron y dieron un grito de alegría, ¡¡era su entrañable amiga Genoveva!! Quien de joven se había ido a vivir a Europa con su marido que era de Holanda. La recién llegada, entró a la casa y ambas se sentaron en la sala, el marido de Genoveva iría poco después pues se hallaba con un limeño amigo suyo que le estaba enseñando el Puerto del Callao. Ambas, recordaron sus tiempos del colegio San José de Cluny de Barranco donde habían estudiado, las fiestas de Carnavales en los distritos de La Punta y Barranco, las fiestas y tertulias donde la belleza de Rosaura hacía época en Lima, los paseos a la campiña de Surco, la Semana Santa y las procesiones y mil cosas más. Después de un rato tocaron la puerta y Rosaura abrió, al ver al caballero que se hallaba frente a ella dio un grito y casi cae desmayada ¡¡Era Alfonso, un viejo admirador suyo al que ella nunca le había dado “bola”!! Acompañaba a este, el esposo de su amiga y los tres entraron a la sala. Luego de las presentaciones de rigor sentaron a charlar. La dueña de casa estaba feliz, le parecía estar viviendo tiempos idos y, para celebrar la ocasión, sacó una vieja botella de vino francés de “la cosecha del 14” según dijo ella, y los cuatro brindaron. Alfonso en son de broma recordó “lo que le había hecho sufrir Rosaura” y esta muy emocionada quiso llorar pero se lo impidieron, en ese momento no cabía derramar lágrimas. 
Las abandonadas ilusiones renacieron en Rosaura cuando supo que Alfonso era viudo, por un momento su corazón latió más fuerte. Después de una hermosa tertulia llena de reminiscencia del pasado, quedaron en recogerla al día siguiente para pasear por Lima y alrededores, luego se fueron. Aquella noche, Rosaura retornó a la Tierra del Recuerdo y se quedó allí largas horas recordando su lejano pasado, en aquellos momentos la Melancolía se hizo presente y ella lloró rememorando cuando rompió muchos corazones con su persistente altivez y arrogancia, que acompañaban a su belleza sin par. Ahora estaba vieja, pero lo bueno fue que el dulce aroma de la Esperanza despertó en ella el sabor de la juventud y todo por la presencia de aquel caballero que con su presencia la había hecho renacer, así pasaron las horas y casi no durmió recordando el ayer. 
Al día siguiente, cerca al mediodía, llegaron en auto Alfonso, Genoveva y su esposo, y con Rosaura fueron a pasear en auto por la ciudad de Lima. Ella, se quedó impresionada por el cambio sufrido en la ciudad en la que observó: miles de microbuses, que la gente llama “combis”, que cruzaban las asfaltadas calles de la ciudad como si estuvieran en una carrera de competencia; autos particulares; taxis, colectivos y ómnibuses; vendedores ambulantes, desempleados, marchas callejeras de sindicatos de trabajadores despedidos, homosexuales, lesbianas y otras variedades sexuales y prostitutas infantiles atisbando por las ventanas de viejas casas de placer en el centro de Lima, es decir, bulla, muchos vehículos y gente,... gente y más... gente. A Rosaura le pareció estar en otra ciudad y no en Lima, tuvo la impresión de que la capital había sido invadida por todas las comunidades indígenas del Perú pues observó que la mayoría de los que veía por las calles eran indígenas de la sierra o mestizos y sus variedades. Vio sólo algunas personas blancas como ella. “Recuerda que al Perú, que es un país de indios en su mayoría, los negros llegaron en la época del Virreynato y fueron traídos del África por los traficantes de esclavos, posteriormente llegaron miles de chinos y japoneses para trabajar en las plantaciones de la costa”, le recordó Alfonso, quien era un próspero empresario a quien le gustaba la Historia del Perú. También observó los edificios que parecen nichos de cementerio: pequeños y oscuros y la arquitectura de las casas limeñas construidas sin ningún estilo definido, todo aquello impresionó a Rosaura quien se horrorizó al conocer el nuevo rostro de la ciudad de Lima a la que había dejado de ver cerca de ¡¡40 años!! Después del paseo quedaron en que Alfonso la visitaría en su casa y al cabo de cierto tiempo se casaron y se fueron a vivir a Paris, donde ella siempre quiso estar. 
Muchos años después, los pobladores de Ventanilla, han visto a una extraña pareja que brilla en la oscuridad y camina por la playa al anochecer, y también lo hace por las antiguas chacras, fundos y huertas que todavía hay en el antiguo pueblo de Ventanilla, cercano al puerto del Callao en Lima. ¿No serán Alfonso y Rosaura?


DATOS DEL AUTOR

 

Lic. FREDDY BRAVO ESPINOZA. 

ACTIVIDAD PROFESIONAL.
Vive en el distrito de Barranco en Lima, Perú. Este lugar es Ciudad Heróica y cuna de intelectuales, escritores, poetas, músicos, y otros artistas. 
-Juan Freddy Bravo Espinoza, es Licenciado en Sociología y Bachiller en Ciencia Social por la Univ. Nacional Mayor de San Marcos en Lima. 
-Además, estudió Psicología en la misma entidad. 
-Trabajó en el Servicio de Psiquiatría y otros Servicios Médicos del Hospital del Empleado (hoy Rebagliati) 
-Asimismo, fue Asesor Técnico de la Dirección General de Personal y Capacitador de la dirección de Imagen Institucional y Miembro de la Comisión Permanente de Relaciones Laborales de la Presidencia Ejecutiva del Instituto Peruano de Seguridad Social en Lima, Perú. 
-Tiene Post-Grado en Economía, Administración de Recursos Humanos y es Orientador en Sexualidad Humana. 
-También es Analista Transaccional y Experto en Liderazgo, Motivación, Comunicación y Relaciones Humanas. 
-Es Fundador y actual Presidente del INSTITUTO PERUANO DE RELACIONES HUMANAS-INPERH, institución privada. 
-En la actividad privada es Consultor de Empresas e Instituciones peruanas y extranjeras en en el Área de Capacitación y Desarrollo de Recursos Humanos y ha participado como Conferencista y Ponente en diversos Congresos y Certámenes Internacionales. 
-Ha sido Profesor universitario. 
-Recibió entrenamiento profesional con Expertos de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Guatemala, México y Estados Unidos de Norteamérica.

ACTIVIDAD LITERARIA.
Ha sido colaborador de Revistas literarias de Panamá, Argentina y México. Ha publicado en México el libro de Poesía “Canto a los Humildes Cotidianos” (1969) Ganó un Premio Latinoamericano de Poesía Organizado por la Revista “XILOTE” de México. 

Actualmente es Colaborador de los sitios Web de:
Alemania. Berlín. www.vulcanusweb.de/dialogando  
España 
Madrid 
www.aviondepapel.com   www.relatoscortos.com  www.ilustrados.com  www.margencero.com  www.foroswebgratis.com  http://nuevecuentos.masquelibros.com  www.foroswebgratis.com  www.todorelatos.com  www.TuNoviaEn.com  www.grupobuho.com  www.buscorelatos.com  
Palma de Mallorca, Baleares. www.telefonica.net/web/juan-planas 
Zaragoza www.pielago.com  
Sevilla www.cuentoypoesia.net 
Valencia www.libros.ciberanika.com   www.elistas.net/lista/ciberanika/archivo/indice/1/msg/478/  
Argentina. 
Buenos Aires  www.ellimboweb.com.ar  www.alipso.com 
Rosario www.argentinaenletras.com  
Rivadavia www.diariocronica.com.ar 
Uruguay.
Montevideo. www.bibliotecabrisas.com  
Costa Rica.  San José www.clubdelibros.com  
EE. UU.
Chicago, Illinois www.cuscatla.com  
Boston, Mass. www.ahora.net  The Big Times No. 96
En los que se han publicado cuentos suyos. 
ARTICULOS.
Argentina. www.rota-latino.org   www.bibliotecavirtualbrisa.com 
España. www.rotaryspain.org  www.margencero.com 
EE. UU. “El Heraldo Vallejiano” No. 4 Brigham Young University. Utah, USA.

Es autor de los libros inéditos: 
1. “98 Cuentos de fantasmas y Apariciones en Lima, Callao y Balnearios”
2. “Puente de los Suspiros” 137 Cuentos de Fantasmas y Apariciones en el distrito de Barranco”
3. “Los esqueletos azules” 76 Cuentos de Misterio del Perú. 
4. “99 Cuentos de los distritos antiguos de Lima, Perú”
5. “23 Cuentos de la Provincia Constitucional del Callao”
6. “Historia de Barranco: la comunidad y la clase media: 1950-1970”, 
7. “La pluma y el silencio” 33 Cuentos sobre escritores.
8. “44 Cuentos: El Fantasma Erótico”, 
9. “La pluma y el silencio” Cuentos Urbanos.
10. “Mujeres del Sur” 12 Cuentos largos.
11. “Cosas de la vida” 100 cuentos Urbanos.
12. “Cuentos Policiales” 28 historias.
Ha escrito, además, Cuentos Románticos, Cuentos de mujeres infieles, Cuentos de aventuras y otros..


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GRACIAS POR LEER MIS CUENTOS.   

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