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Il "calzolaio” del Papa es peruano
Antonio Orellana conoce los secretos del calzado de Benedicto
XVI
Por: Ángela Roig / Roxana Zurita
Il
figlio del calzolaio del Papa, Daniel Arellano, è artesiano e con solo 19
anni già ha il suo negozio circa al Vaticano, Via A. De Gasperi 25/27.
Così si riafferma la tradizione familiare di calzolaio che Antonio
Orellana imparai a Trujillo, la città peruviana dove è nato e anche
conosciuta per essere culla di periti calzolai.
Después de 17 años de haber arribado a Italia, Antonio Orellana
probablemente es el peruano más famoso de Roma y el más solicitado. ¿La
razón?... le hace los zapatos al Papa.
Y no sólo se encarga del calzado del Pontífice Benedicto XVI sino que
también fue el artesano que arreglaba los zapatos del Papa Juan Pablo II.
Todo empezó casi por casualidad, porque en 1997 falleció el único zapatero
del barrio Borgo Pío, ubicado en las proximidades del Vaticano, y como los
artesanos del calzado son cada vez más escasos en Roma, Orellana vio la
oportunidad de desarrollar el oficio que por tradición familiar aprendió
en Trujillo (su ciudad natal) y alquiló un negocio pequeño pero propio,
porque hasta entonces sólo había laborado como operario en una zapatería
de lujo y como colaborador de un estilista.
El negocio prontamente se hizo conocido en la curia romana y así, cuando
el Papa aún era el cardenal Joseph Ratzinger fue personalmente un par de
veces donde “il calzolaio” para hacer arreglar sus zapatos, que por
entonces –recuerda Orellana- solían estar bastante gastados “porque
caminaba mucho visitando a tanta gente”.
Para que no resbale, era necesario que le pusiera gomitas en los tacos.
“Ahora se ve que camina menos”, cuenta Orellana quien se refiere al Papa
como una “persona agradable y generosa”. En alguna ocasión le regaló un
cofre con un rosario, que conserva con sumo cuidado.
Los zapatos del Papa, de talla 42, siguen la tradición de los parámetros
del pontificio, son de cuero y de color negro o de tonos “cereza”. “Cuando
los traen del Vaticano me dicen son del Papa y me da alegría, nunca me
había imaginado que algún día arreglaría los zapatos del Santo Pontífice.
Ahora vienen muchas personas… embajadores, artistas y gente normal que se
han ido pasando la voz”, expresa.
Por su popularidad e innovadores diseños también ha participado como
invitado especial en desfiles, como la ocasión que su calzado de moda
llegó al afamado Castillo de Bracciano.
En algún momento pretendió poner una escuela de zapatería pero no obtuvo
financiamiento, sin embargo se resiste a abandonar su sueño porque sabe
que el oficio de zapatero se está perdiendo en Roma. Entretanto espera
abrir un negocio por la plaza Campo de Fiori (centro de Roma) y vender los
zapatos de diseña. De viejo piensa regresar al Perú, porque –dice- en su
tierra natal le espera su “casa”. Pero por ahora permanecerá en Roma,
donde su único hijo de19 años le sigue los pasos y ya tiene su propio
negocio, al igual que los otros tres hermanos de Orellana que viven en
Italia y con quienes “il calzolaio” comparte el secreto de su
reconocimiento: reparar con dedicación los zapatos de su demás clientela
como si se tratara de su cliente más ilustre, el Papa.
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