El Yungay de los chilenos
Por Ernesto Toledo Brückmann

Editorial Yungay, comuna de Yungay, barrio Yungay, plaza Yungay, Radio Yungay y hasta Himno de Yungay. Tantas veces Yungay y como decimos los peruanos: “no es por amor al chancho sino a los chicharrones”. Si en países como Argentina, Venezuela y Colombia, las localidades peruanas de Ayacucho y Junín están muy en la memoria y arraigadas en calles y plazas, la provincia de Yungay, en el departamento de Ancash también lo está en la mente del pueblo chileno, y no precisamente por ser un campo de batalla para consolidar la independencia de América sino por constituirse en un episodio épico donde las armas sureñas estrenaron sus balas.

La historia dice que en 1836 se origina un movimiento unificador entre Perú y Bolivia, este último país se había separado por disposición de Simón Bolívar, tras consolidarse la Independencia americana en los campos de Junín y Ayacucho en 1824. Bolivia había sido parte del territorio Inca y del Virreinato en toda su historia. El movimiento denominado La Confederación, y liderado por el Mariscal Andrés de Santa Cruz, era visto por el gobierno de Chile como amenazante a sus afanes de expansión territorial y predominio; tras oponerse invade territorio peruano pero fracasa y posteriormente vuelve a armar otra expedición para invadir la capital.

La historia chilena también tiene un lugar primordial para su escuadra, comandada por el Capitán de Navío Roberto Simpson y quien aseguró el dominio marítimo de la región en el combate de Casma (12 de enero de 1839)

Con la ocupación de Lima, el general chileno Manuel Bulnes proclama a Agustín Gamarra como presidente provisional del Perú, pero ni Chile ni Gamarra fueron capaces de conseguir apoyo popular. Bulnes marchó al interior del Perú para enfrentarse con Santa Cruz, quien a su vez acababa de derrotar a las fuerzas argentinas que habían invadido Bolivia. Aprovechando la marcha de Bulnes hacia el interior, y sin haber tenido una batalla decisiva contra sus fuerzas, en noviembre de 1838 Santa Cruz consiguió retomar Lima expulsando a Gamarra.

Pero tanto Confederados como Restauradores se traban en feroz combate en el cerro Pan de Azúcar, en las afueras de Yungay, donde después de una cruenta batalla, vencen estos últimos.

Como era de esperarse, la entonces potencia británica pedía la finalización de la guerra, no por cuestiones humanitarias sino por expansionismo imperialista ya que ella interrumpía el comercio e impedía el pago de la
deuda; tras el rechazo del tratado de Paucarpata insistieron en mediar, sugerencia que el gobierno de Santiago aceptó pero condicionando ello a la disolución de la alianza.

Este fue el fin de la Confederación Peruano-Boliviana. Inmediatamente, se establecieron gobiernos separados en Bolivia y Perú, los que comenzaron a prepararse para ir a la guerra el uno contra el otro, fiel la tradición de
políticas caudillo-céntricas que postergaban, tiranizaban y empobrecían las ciudadanías de nuestros países. Mientras tanto, Chile ganaba la batalla de un expansionismo que se consolidaría cuarenta años después.

La victoria en el Callejón de Huaylas se inmortalizó con la construcción de una plaza santiaguina donde se yergue el monumento al “roto” chileno, personaje que simboliza al hombre pobre que lucha y triunfa el 20 de enero de 1839. Asimismo se escribió el famoso "Himno de Yungay", compuesto por José Zapiola y que rápidamente se incorporó en el país del sur como una canción popular e incluso como segundo himno nacional, en aquellos tiempos donde los símbolos patrios aún eran jóvenes:

"Cantemos la gloria
del triunfo marcial
que el pueblo chileno
obtuvo en Yungay"
“Del rápido Santa
pisando la arena
la hueste chilena
se avanza a la lid.
Ligera la planta
serena la frente
pretende impaciente
triunfar o morir”

Los triunfos de Casma y Yungay, en 1839 consolidaron la integridad de la nación chilena; Chile sostiene que la Confederación buscaba restaurar el Imperio Inca y que su ministro de Defensa, Diego Portales, vio claramente el
peligro que esto significaba ya que su existencia ponía en Jaque la paz del Continente por el desequilibrio de fuerzas en América. Como fuera, la guerra de la Confederación no es de presencia permanente en la conciencia peruana, o en todo caso, es opacada por la guerra del Pacífico, iniciada en 1879; por el contrario, esto no es impedimento para que el pueblo chileno le rinda culto.

Luego del cataclismo que afectó el callejón de Huaylas, en 1970 y que dejó 70 mil muertos, podemos entender y agradecer el apoyo incondicional del entonces presidente chileno Eduardo Frei Montalva, ya que la provincia de Yungay representaba, definitivamente algo más que un pueblo sepultado.

El centralismo limeño y los complejos de superioridad e inferioridad por parte de los peruanos nos hicieron abrir los ojos. Muchos requerían un mapa para saber su ubicación exacta, otros supieron de su existencia por la
tragedia de 1970, pero nos duela o no, Yungay constituye para el país del Mapocho una esencia de su ser, algo que nos hermana aún más.

Ernesto Toledo Brückmann

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