El Picaflor de los Andes
Gonzalo Toledo Crovetto

“El Picaflor de los Andes” di Gonzalo Toledo Crovetto inviato da Ernesto Toledo B

Huancayo, la incontrastable, una de nuestras más acogedoras urbes bajo cielo diáfano, con su Torre Torre de piedras encantadas que apuntan a las estrellas, su cerrito Libertad siempre vigilante pero sonriente, el verdor
de su campiña engalanada de eucaliptos y retama, su río Mantaro de aguas que discurren rumorosas dándole un baño bien hechor a su amplio valle de contrafuertes andinos de colores que encandilan, con sus apetitosos y dulces choclos, su papa, habas y ocas que parecen pedir un lugarcito en las humeantes pachamancas. Ese Huancayo fue cuna, en 1930, del mayor aedo del Centro del Perú, Víctor Alberto Gil, el “Picaflor de los Andes”.

Huancayo fue siempre plaza que propició un notable desenvolvimiento artístico, particularmente musical, por cuyo motivo la cultura popular alcanzó dimensiones que hizo de los huancas gente orgullosa de su acervo. El
gran movimiento dominical de su ponderada feria, la presencia numerosa de gente de la región y de turistas, así como la gran variedad en sus manifestaciones folklóricas, deben haber influido en el espíritu de sus hijos, que como “Picaflor de los Andes” han divulgado sus danzas, su música y sus canciones más allá de sus linderos con señorío y prestancia.

Fue al iniciarse la década del 60, en radio Excelsior de Lima, la Plaza de Acho, y con un disco simple del sello Smith, que se produce el gran despegue de quien, como Víctor Alberto Gil, era sólo un soñador.

Sus huaynos “Aguas del río Rímac” y “Bruja” se escuchaban por todas partes. Y después vinieron –citaremos algunos de los huaynos “Mi chiquitín”, “Añoranzas”, “Huancayo papa”, “Maasma”, “Retamita”, “Choclito verde”, “Mi Rosa Luz”, “Linda Viquesina”; las mulizas con huayno “El Proletario”, “Cruz de Mayo”, “Señor de Chilca”, etc.: su santiago “Yaulina”; sus huaylash “Capricho 64 y 765”, “Huaylash 65 y 66”, y muchos más; los que suman 129, más aquellos en que tuvo como colaboradores a Carlos Baquerizo, Elsa Córdoba y Paulino Rebaza. Todos estos temas siguen en el gusto público.

Todavía se recuerda el contrapunto que sostuvo con Juan Bolívar, el “Zorzal Jaujino”, en la Plaza de Acho, en un atardecer de cohetes, bombardas, cañas voladoras, palmas y griterío delirante, el mismo que concluyó entrada la noche, cuando ambos cantores fueron sacados de la bicentenaria plaza, en hombros de sus admiradores, tan igual como alguna vez después de las corridas de gran postín, salieran Belmonte, Joselito, los Bienvenida y todos los grandes de la torería.

El “Picaflor de los Andes” falleció el 14 de julio de 1975, víctima de penosa enfermedad. Sus funerales constituyeron multitudinaria manifestación de dolor, descansando sus restos en el camposanto de Lima. Así se acabó la existencia de un autor e intérprete de las canciones del Perú profundo que ha pasado a la inmortalidad.

El autor de esta nota, guarda el grato recuerdo de haberlo bautizado artísticamente “Picaflor de los Andes”.
Gonzalo Toledo Crovetto
 

PERUAN-ITÀ © Copyright 2001- 2006
No part of this site may be reproduced or stored in a retrieval system. 
All rights reserved  liberatiarts