EL SANTO PODER CONTRA LAS 200 MILLAS
Por Alfredo Grados

La reciente elección del vicealmirante Luis Giampietri como vice presidente del nuevo gobierno de Alan García nos hace dudar de la sinceridad de éste cuando se pronunció contra la formación de un "condominio" en el mar peruano. Como sabemos, Giampietri ha tenido una posición favorable a la adhesión peruana a la Convención del Mar que la gran mayoría de los peruanos consideramos lesiva para nuestros intereses porque comienza con la eliminación de la soberanía peruana sobre las 200 millas de Mar Territorial; continúa con la reducción del Mar de Grau a sólo 12 millas náuticas; y, finalmente, termina con la adjudicación de nuestro mar, a partir de "la milla 13" a empresas trasnacionales sin que los peruanos les podamos reclamar el pago de impuestos.

La toma del poder sirve para imponer -como lo ha sido en la vida nacional- medidas antipopulares y antiperuanas. Es preciso usar cualquier medio para llegar a él y el caso del vicealmirante Giampietri no es una excepción pues no siendo aprista y sin haber realizado labor política en movimiento alguno, se le ve ahora en la cúspide de la dirigencia. Así, el vicealmirante Giampietri pasa a convertirse en un peligro pues no escatimará esfuerzo alguno para convencer al obediente Alan García a fin de que suscriba la adhesión a la antiperuana Convemar.

En los tiempos del renacentismo florentino las ideas progresistas se batieron en guerra contra la imposisión, contra el privilegio y contra el mandonaje. La familia Médici, que era prevalente, no admitía competencias en los campos comercial, artístico, científico, eclesiástico y político ya que por ser benefactores de la Iglesia habían ganado la confianza y el apoyo de ésta institución y se convirtieron en sátrapas de esa república.

Pero en el campo de la ideas y del progreso de Florencia los Médici eran una rémora. Los locales exigían leyes de protección territorial debido a los primeros fracasos en la conquista de Siena así como aquellas que garantizaran la libertad del comercio y de la banca para dar cabida a otros grupos económicos que habían aflorado y que estaban liderados por los Strossi, Capponi, Boscoli y otros entre los más notorios. Estas familias [así era en la época] asumieron un rol protagónico en defensa de Florencia y comenzaron a desplazar a la tradicional familia Médici. Los Médici no podían tolerar tamaña afrenta y decidieron reprimir a sus competidores dándoles muerte. En las calles de Florencia reinó el terror y los contrincantes no podían salir a las calles por el temor a ser acuchillados. Se comenzaron a tejer puentes que unían las viviendas palaciegas para evitar las calzadas públicas. Los otros se defendieron y, con el desarrollo de la confrontación, ambas partes mantuvieron en áscuas a la naciente república.

Los Médici se dieron cuenta que solamente con la toma del poder político podían vencer esas ideas de progreso y para llevarlo a cabo penetraron a la Iglesia Católica cuando, finalmente, hicieron coronar Papa al enfermizo y debilucho Julio de Médici quien tomó el nombre de León X. Antes lo habían ordenado sacerdote a los siete años de edad y elevado a cardenal cuando contaba con sólo trece años. Aquí nace una controversia entre los historiadores de los papas pues algunos dicen que Julio de Médici llegó a ser Papa a los 13 años mientras que otros se inclinan por la edad de 38 años. En cualquier caso fue convertido en Pontífice por la influencia de Lorenzo de Médici, el Magnífico, y la familia lo manejó a sus antojos para derrotar a sus rivales algunos de los cuales fueron a dar a la hoguera mientras otros tuvieron que rendir sus bienes en favor de Florencia y de la Iglesia para sobrevivir. Así comienza la destrucción de la economía de Florencia con la desaparición de los Strossi, Capponi, Boscoli y otros, así como también algunos cardenales que fueron ejecutados como el caso más notorio fue el del Cardenal Petrucci de la competidora Siena que fue ahorcado bajo calumnia de querer envenenar al papa Médici. Forzando analogías Petrucci puede ser comparado con esos clérigos que defienden a su patria por encima de los personales intereses de Cipriani.

Luis Giampietri no es el Papa pero sospechamos que quiere usar su influencia en Alan García, a la manera de los Médici, para imponernos la adhesión a la odiada y antiperuna Convemar. Llegó a las filas apristas de manera misteriosa, sin participación en los eventos partidarios y sin presencia política en el viejo partido. Quizá la amistad de este misterioso personaje con Alan García nace en los tiempos de la guerra sucia donde, en forma tangencial o directa, Luis Giampietri tuvo una desafortunada participación relacionada con los sucesos del penal El Frontón donde estaban recluídos un enorme número de seres humanos. Esto no sirve para indagar sobre el pasado de Giampietri o la culpabilidad que se le ha endilgado al asesinado marino Vega Llona cuando ya no podía hacer descargos. Aquí venimos ahora por los derechos del mar destacando esa naciente amistad aprista.

Indudablemente el poder político es factor capital para emprender cualquier tipo de decisión respecto de la vida de una nación y en el caso de la Convemar el asunto se torna peligroso para la nación porque el misterioso aprista Luis Giampietri forzará su adhesión de la manera sorpresiva que apristas, tolediatas, fujimoristas y otros derechistas aprobaron el TLC con los Estados Unidos. No sabemos si esa aprobación será de la forma cobarde usando el descanso natural de los peruanos o si será una medida dictatorial para imponerla contra la creencia del pueblo peruano, pero lo que sabemos que con la experiencia de la aprobación del TLC los peruanos tenemos en el poder a tramposos y traidores al Perú, que ofrecen una cosa y hacen lo contrario. García tiene malos antecedentes políticos y si Giampietri "lo convence" para que suscriba esa antiperuana convención, la responsabilidad será exclusivamente suya

La inyección de "mentes jóvenes" [palabras de García] como la de Giampietri [ya hecho un tío] nos hace dudar que el gobierno marque una diferencia sustancial con el de 1985 y estamos seguros que se volverá a los días magros, esta vez contra los defensores del mar, para mantener amedrentada a la población. Usando este medio tratarán de evitar la convocatoria a un referendum que le diga a García, de manera casi unánime, lo único que tendría que hacer: rechazar la Convención del Mar por ser antiperuana. En forma destacada García dijo durante la campaña electoral que su gobierno se iba a oponer a que se haga del mar peruano un condominio y que rechazaría la Convención del Mar porque ella reduce nuestras aguas de 200 millas a solo 12 millas. Lamentablemente tiene pegado a su oreja a chalaquito Giampietri que es partidario de entregar nuestro mar a una burocracia internacional que forma la Convemar.

 

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