Inversión extranjera y “fundamentalismo indígena”, las nuevas batallas de Alan García
Juan Miranda Sánchez  Ottawa, Canadá

Fue en una reunión de jefes de estado de las Américas, durante la segunda mitad de los años 80. El presidente peruano Alan García Pérez no llegaba aún a los 40 años y empezaba a hacerse conocer por su elocuente, como a veces audaz, oratoria. Pero aquella vez su intervención, comentando el discurso del presidente estadounidense George H. W. Bush, no fue sólo audaz, llegó incluso a resultar incómoda.
Refiriéndose al contenido del mensaje del presidente Bush, García preguntó en medio de todos algo así como :
Where is the meat Mr. President? Fue el puntillazo a los ya clásicos discursos formales, que nunca dicen nada, en este tipo de reuniones continentales.
Lo irónico es que algo de 25 años después, el mismo Alan García Pérez, electo otra vez presidente; salió de la reunión con el presidente estadounidense, George W. Bush, hijo del primer Bush, con algunas canas y arrugas de más y la clásica sonrisa formal de quien viene de recibir una palmadita en la cabeza. Esta vez no dijo nada incómodo para el mundo civilizado. Esta vez fue exactamente el eco de Washington el que salió de su boca:
En Sudamérica hay un severo problema donde crece un fundamentalismo nuevo, el fundamentalismo andino, que moviliza grandes muchedumbres étnicas, y en muchos casos vinculadas por ejemplo al cultivo de la hoja de coca”.
Ese fundamentalismo andino, que puede tener consecuencias tan importantes como el fundamentalismo musulmán, puede significar un peligro de inestabilidad en Sudamérica”, que debe combatirse fomentando el libre comercio, para “facilitar que se compartan las ganancias y los avances de la economía mundial con países como Perú, Colombia, como Ecuador”, dijo Garcia.

En aquella oportunidad, segunda semana de octubre, Alan García acudió en trance de desesperación ante George Bush para asegurar la aprobación, de parte de los legisladores estadounidenses, del Tratado de Libre Comercio entre el Perú y los Estados Unidos. Bush le había garantizado el apoyo y en rápida reacción García, ante la prensa peruana e internacional, introdujo un nuevo elemento en el altisonante diálogo que mantienen los personajes políticos latinoamericanos en los últimos meses: el “fundamentalismo andino”.
Lo lamentable es que la convincente oratoria de García en esta oportunidad perdió brillo. Por lo menos, perdió toda originalidad. El concepto “fundamentalismo andino” fue actualizado desde Washington 3 años atrás. Ya en 2003 los observadores de América Latina en Washington, calificaron como “escenario catástrofe” la protesta popular que logró la dimisión y posterior huida a Estados Unidos del ex presidente boliviano Gonzalo Sánchez de Lozada.
Según Andrés Oppenheimer, célebre voz autorizada de la escena mediática de Miami;
“¿Estaremos ante el inicio de una rebelión continental de grupos indígenas radicalizados? ¿Pudiera ser que el levantamiento zapatista de 1994 en México y la revuelta indígena que derrocó al presidente ecuatoriano Jamil Mahuad en 1999 fueron los primeros síntomas de una ola de protestas violentas que desestabilicen toda la región?, se preguntan funcionarios de Estados Unidos.” (El Nuevo Herald 2003)

Pero Alan García tenía otros blancos en la mira en aquellas declaraciones del mes pasado. Su presencia en Washington obedecía al afán por ser el presidente que firme el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos. Tratado que el empresariado peruano pretende a cualquier precio y que ha generado las críticas y abierta oposición de productores agrícolas tradicionales y grupos indígenas, fundamentalmente. García teme obviamente que la oposición al TLC, y el ejemplo de las luchas de los indígenas ecuatorianos, sean imitados y arriben a un nivel importante de organización del movimiento indígena peruano.
Y otro de los blancos en la mira de Alan García, quizás por encargo, era obviamente el panorama del altisonante diálogo en el liderazgo Latinoamericano. “Fundamentalismo andino…en muchos casos vinculado al cultivo de la hoja de coca”, dijo.
El indígena más célebre de Sudamérica, vinculado a la hoja de coca, se sintió obviamente aludido. El presidente boliviano Evo Morales, convertido en dirigente político desde el liderazgo de los cultivadores de hoja de coca del Chapare no procede precisamente de las canteras del movimiento indígena, pero está asumiendo algo del discurso indígena en su gobierno.
Hace sólo unos días antes de culminar este artículo García volvió a cargar sobre Morales. En la visita realizada la segunda semana de noviembre al Brasil, García marcó completa distancia de la política de hidrocarburos que lleva adelante el gobierno boliviano. Congraciándose con el presidente brasileño, García aseguro a Lula que las inversiones brasileñas serán respetadas

“Hay que saber elegir los socios, un socio que sea responsable y que no cambie las reglas del juego y que tenga sentido de la modernidad. Por fin ha llegado Petrobrás a Perú. Usted puede perforar, y nadie le va a quitar el gas”, dijo.

Luego de la nacionalización de Hidrocarburos en Bolivia, la empresa brasileña Petrobras quedó afectada. García se adelanta a cualquier temor en el caso peruano, “usted puede perforar y nadie le va a quitar el gas”. Su prioridad será la protección de las inversiones extranjeras y ante la posible reacción de comunidades que resulten afectadas, tiene el argumento para descalificarlas: “fundamentalismo andino…, inestabilidad en Sudamérica que no facilita el avance de la economía mundial”.
En este propósito el APRA, partido gobernante de Alan García, ha formulado una ley para regular las actividades de las Organizaciones No Gubernamentales, ONG´s. Esta ley llegó después de acciones importantes de parte de las comunidades afectadas por la labor extractiva de grandes empresas. El enfrentamiento de la población contra la minera aurífera en Yanacocha es emblemático, sobre todo tratándose de una empresa cuya accionista principal es una poderosa compañía extranjera que tiene allí la primera productora de oro en Latinoamérica. La fuerte oposición en Tambogrande que hizo retroceder a una minera canadiense es también recuerdo recurrente; y hace algunas semanas los indígenas del pueblo Achuar, en la amazonía norte del Perú, lograron paralizar las labores petroleras que han contaminado su fuente de agua, el río Corrientes. En todos estos casos los blancos de las críticas de algunos medios de comunicación han sido las Ong`s y cualquier grupo medioambientalista.
El diario Correo-Lima cumple actualmente la más furiosa labor en contra de las organizaciones que denomina “antimineras” y sobre todo contra las ONG´s. Sus informaciones no han tenido reparo incluso en resaltar el apoyo de una ONG danesa a las actividades subversivas de las FARC, en Colombia, para relacionarlas con la polémica sobre el tema del control a las ONG´s en el Perú.
Es la concepción de siempre, las poblaciones y sobre todo los indígenas no tienen criterio propio, son las ONG´s los que las utilizan para sus fines, entonces debe controlarse a las ONG´s . Y en lo que respecta a los indígenas, cualquier acción de éstos que atente contra la inversión extranjera caerá en el marco del tenebroso concepto de “fundamentalismo indígena”.
Cuando el antropólogo Rodrigo Montoya Rojas desarrollaba sus hipótesis sobre por qué los indígenas del Perú no habíamos alcanzado el nivel de organización y propuesta del movimiento indígena ecuatoriano, por ejemplo, señalaba que un factor importante, cuyas consecuencias continúan hasta el presente, fue la violenta represión colonial tras la derrota de la insurrección indígena de Tupac Amaru II . El tenebroso concepto “fundamentalismo indígena” tiene ecos represores en esa dirección.

Juan Miranda Sánchez  Ottawa, Canadá
 

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