El lado oculto de Judas

En estos días su figura será quemada en fiestas populares por simbolizar al más grande traidor de la historia. Sin embargo, además de la versión tradicional del Judas pérfido, suicida y condenado en el infierno, existen versiones demasiado heterodoxas.

Lo único seguro sobre el Iscariote es lo que sostuvo el escritor católico, arrepentido del ateísmo, Giovanni Papini: "Solo dos seres en el mundo han sabido el secreto de Judas, Cristo y el Traidor". A los demás mortales nos queda la teología oficial, la tradición popular y, para quien tenga curiosidad de gato, las interpretaciones artísticas e iconoclastas.

A fines de esta Semana Santa en las provincias peruanas, mexicanas y españolas se quemará tradicionalmente un muñeco que simboliza al infame mayor. Jamás una figura fue tan aborrecida como la de él (los devotos de San Judas Tadeo remarcan fieramente el Tadeo diferenciador). Según Dante Alighieri, Judas tiene la cabeza dentro de la boca del diablo y agita fuera de ellas las piernas, en el último círculo concéntrico del infierno (donde, en el noveno círculo, también hay una sección llamada "judesca" para sus imitadores).

En las supersticiones populares, desde la Edad Media, se le asocia incluso con la mala fama del número 13, porque se atribuye a Judas ser el discípulo perverso en la última cena de los doce con Jesús. En los cuadros renacentistas se le aprecia derramando la sal. Es casi imposible que algún cristiano le ponga a su hijo este fementido nombre. (Solo García Márquez llamó así a un comerciante gigoló en su "Del amor y otros demonios" y el argentino Roberto Arlt lo usó de sobrenombre en el capítulo final de su novela "El juguete rabioso"). Se habla de una maldición al actor y cantante Carl Anderson, quien interpretó al traidor en "Jesucristo Superstar" y murió sufriendo (hace algún tiempo un actor peruano también estuvo a punto de ahorcarse mientras lo representaba siguiendo con la "maldición").
Según los musulmanes, cuando Jesús subió a los cielos, Judas subrepticiamente, para hacer mayor su dolor, tomó su lugar en la cruz.

Sin embargo, más allá de los dogmas, existen inesperadas teorías que podrían ser calificadas de heréticas y hasta blasfemas, pero que han hecho de Judas Iscariote un arquetipo en la historia universal de la infamia. Para la ortodoxia por infame; para los revisionistas por infamado.


EL SENTIR OFICIAL
Su beso inicuo e hipócrita. Su lujuria por dinero y las 30 monedas de plata con que vendió al hijo de Dios. Su suicidio (un acto aborrecido por todas las religiones reveladas).

Judas suele ser revulsivo. Los cuatro evangelistas son fuentes de primera intensidad. En Mateo, por ejemplo, en el capítulo 26, versículos del 14 al 16, se resume su perfidia: "Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fue a los principales sacerdotes, y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le asignaron treinta piezas de plata. Y desde entonces buscaba la oportunidad de entregarle".
Lo mismo asegura Marcos (capítulo 14, 10-11). Lucas agrega que en estas acciones fue poseído por el ángel rebelde. "Y entró Satanás en Judas, por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del número de los doce; y este fue y habló con los principales sacerdotes, y con los jefes de la guardia, de cómo se lo entregaría". (Lc. 22: 3-6). Pero Juan sí fue furibundo con el desleal. "Era un ladrón y, como estaba encargado de la bolsa común, se llevaba lo que echaban en ella" (Cap. 12: 6).
El afán de lucro lo habría perdido según algunos exégetas. Treinta siclos equivalían a 120 drenarios, el precio de un esclavo, establecido mil años antes, que eran más o menos cuatro meses de salario de un trabajador agrícola. (¿Pero, si quería dinero, por qué no huyó con la bolsa completa de los discípulos que él administraba?). Otra posibilidad es, como dice Papini, que "no se puede traicionar sin odiar". Judas habría sentido un indomable resentimiento por la reprensión de Jesús cuando María de Betania le ungió los pies y él reclamó el dinero de ese perfume para los pobres. El biblista Daniel Rops abona y enriquece esta conjetura: "¿No sería el amor el verdadero móvil, no un amor radiante y desinteresado como el de Pedro y los otros diez, sino una pasión absorbente que genera celos y arrastra a las peores aberraciones, un amor que raya en el odio, que bruscamente puede convertirse en odio y que, una vez cometido lo irremediable, se recupera con dolor y desesperación?".

Según el psicoanalista Jorge Bruce, quien hace tres años elaboró un perfil psicológico sobre Judas, otra de las causas pudo ser la envidia: "¿La presencia del Maestro, salvador de la humanidad, lo hacía sentir demasiado ruin por comparación? ¿Su narcisismo no toleraba la existencia de esa figura inalcanzable y prefirió destruirla? La culpa que parece haberlo llevado al suicidio, tras haber cometido la traición, nos dice que al llevar a Cristo a la muerte, mató lo que de bueno había en él, Judas, y entonces su parte mala, destructiva, la pulsión de muerte que había triunfado, acabó también con él".

Sobre su muerte hay una discrepancia entre el libro de Mateo, que es la versión más difundida: "Luego arrojó aquel dinero en el Santuario; se fue y se ahorcó" (27,41). Con la de Hechos de los Apóstoles (1:18-20), donde Lucas narra: "Este, pues, con la paga de su crimen compró un campo y cayendo de cabeza, reventó por medio y todas sus entrañas se esparcieron. Y todos los habitantes de Jerusalén lo conocieron, hasta el punto que llamaron aquel terreno, en su lengua, Haqueldamá, es decir: campo de sangre. Pues está escrito en el libro de los Salmos: Quede su morada desierta y no haya quien habite en ella". Según el teólogo argentino Miguel Ángel Fuentes: "Nadie puede afirmar qué pasó con Judas en el momento de su muerte. Aún entre la soga y el cuello queda lugar para la esperanza". Pero, ahorcado o caído, es seguro que Judas murió mal de la cabeza.


LADO OSCURO DE LA FE
Las teorías sobre el otro lado de Judas son sugestivas y sugerentes. Todo parece haber empezado con una secta de herejes, los Cainitas, descrita por San Ireneo, que difundieron que el Iscariote fue un instrumento voluntario de la redención, un mártir que aceptó hacer de traidor (alguien tenía que hacerlo, alguien con un nivel de sacrifico extremo), porque sin su acto horroroso (pero necesario) no habría ni Cristo ni cristianos.

Aunque desde los primeros tiempos del cristianismo, aduce el teólogo Daniel Hartnett, también la herejía "docetista" concibió a Judas como un actor principal -el 'antagónico'- del teatro de la salvación. Para las sectas gnósticas representaba la desintegración del ego. El escritor inglés Thomas de Quincey conmovió en el siglo XIX las entrañas de la doctrina puritana en su libro "Seres imaginarios y reales". A diferencia de quienes sostienen que la acción de Judas se debió a la cobardía o a la pérdida de fe, de Quincey cree que fue al contrario: un exceso de fe. El Iscariote habría considerado a Jesús no un cordero, sino un león de Judá, que exterminaría la tiranía romana y reconstruiría el trono de David. (Los historiadores afirman cada vez con más fuerza que Judas habría sido un zelote, nombre del movimiento nacionalista de resistencia que desarrollaba acciones guerrilleras en la época. Se especula que la etimología Iscariote, que significaba "hombre de Kerioth", al sur de Judea, también derivaría de la palabra romana que designaba al "sicario", y que era utilizada por el Imperio para referirse a los zelotes. Estos tomaron el poder brevemente treinta años después de la muerte de Jesús).

Así Judas, de acuerdo con De Quincey, sintió que Jesús se tornaba débil y evasivo hablando de un reino celestial y para ayudar a su empresa para que se radicalizara de una vez decidió entregarlo con el fin subalterno de, estando en prisión, precipitar una sublevación de las multitudes que lo seguían por toda Palestina (A partir de esta teoría, Wolfang Trilling, doctor en filosofía teológica de la Universidad de Munich, se dedicó a estudiar por qué no se habría producido dicha sublevación popular). Judas nunca pensó que Cristo sería condenado a muerte. Por esto se mató, por una pasión que lo hizo creer que estaba "llevando hasta el límite la voluntad de su maestro, pero con métodos incompatibles a su voluntad". (Los adversarios de De Quincey lo acusaron de escribir esta "apostasía" en plena caída libre de su vicio: el opio).

Aunque el biblista Xavier León Dufour respalda la hipótesis central: "Dentro de su lógica, Judas pasa a la acción, a fin de acelerar los acontecimientos. ¿Al entregar a su maestro a las autoridades del templo, no lo introducía en la fortaleza de sus adversarios, cual Sansón en el templo de los filisteos? Y Yavé, con su poder, daría un golpe de efecto para liberar e imponer su Mesías. Pero la estratagema fracasa".


MÁS CONTROVERSIA
En la novela "Yo, Judas" de Taylor Caldwell y Jess Stearn se especula sobre su familia rica y poderosa y se reafirma la tesis del extremista de derecha religiosa. (Y es que es cierto que Judas era el más instruido del grupo, tanto que manejaba las finanzas. Los otros apóstoles salvo Mateo, recaudador de impuestos del César eran campesinos y pescadores). En boca de Jesús se dice en la ficción: "No quería fama ni dinero, sino vivir según una tradición muerta y conquistar otros pueblos. Ni siquiera ahora comprende que la vida de un romano es tan querida para Dios como la de un judío". También hay tesis que lo tildan de espía infiltrado, tanto de Roma como de los fariseos. ¿Pero, entonces, por qué se suicidó? (¿o es que hasta el mayor asesino termina arrepintiéndose de su crimen?).

Una teoría casi terrorista del biblista Danillo Nunes dice que Judas fue desprestigiado por los otros apóstoles que huyeron cuando Jesús era lapidado y crucificado (solo se quedaron las mujeres). "Él fue el chivo expiatorio de una traición colectiva". Del mismo modo han surgido versiones reivindicatorias dentro de la propia Iglesia Católica. "Judas no fue tan malo como lo pinta la tradición posterior", argumenta el renombrado biblista jesuita José Ramón Scheifler y agrega: "Judas es uno más entre los doce. Quizás solo se distingue por ser el único de Judea y zelota, también Pedro era zelota. Tanto uno como el otro son idealistas e impetuosos. Pedro, más impulsivo; Judas más introvertido. Pedro se desahoga. Judas deja que su rabia se encone".

Lo más apreciable es que ha habido bellas e inquietantes interpretaciones literarias del "abyecto", como "El evangelio de Judas" de Guillermo Blanco o "Judas Iscariote, el calumniado" de Juan Bosch. No obstante, la más fascinante es "Tres versiones de Judas" de Jorge Luis Borges. La primera versión: Judas fue el único que descubrió la divinidad secreta del Salvador. Y decidió hacer un sacrificio análogo: así como el Verbo se rebajaba a ser carne, un humano debía rebajarse a ser delator. "De ahí la muerte voluntaria, para merecer aún más la Reprobación". La segunda versión: Judas habría sido un asceta que concibió la mayor mortificación de la carne: renunciar a la salvación, a la que se creía indigno, para mayor gloria del Redentor. "Judas buscó el Infierno porque la dicha del Señor le bastaba". La tercera y escalofriante: Si Dios decidía ser hombre, pues tenía que ser consecuente y serlo hasta la infamia. "Para salvarnos pudo elegir cualquiera de los destinos que traman la perpleja red de la historia; pudo ser Alejandro o Pitágoras o Rurik o Jesús; eligió un ínfimo destino: fue Judas".

Fuera de tanta heterodoxia, aún teniendo en mente la versión tradicional, Luiggi Giussani, fundador de Comunidad y Liberación, no es cruel con el apóstol apóstata: "La misericordia del Infinito, ofreció su vida por cada hombre, también por Judas". Pero quizá sea la lectura de Jorge Bruce la más piadosa: "Necesitamos a Judas para que sea la representación de todo lo negativo, envidioso y destructivo que hay en nosotros. Nos es indispensable para limpiarnos y exorcisarnos. Le tenemos, en secreto, simpatía y agradecimiento porque nos hace sentir mejores". La gracia (y las gracias) sean con él.

MIGUEL ÁNGEL CARDENAS M.
Diario El Comercio


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