"EL AÑO QUE ABOLIERON LA ESCLAVITUD..."

Hace 160 años, debido a la presión de los propios esclavos, Ramón Castilla abolió la esclavitud en el Perú. Estas breves recopilaciones intentan mostrarnos, a manera de instantáneas, la situación de los afroperuanos esclavos en esos años. Cimarrones

ALGUNOS ENREDOS CON Y ENTRE LOS INDEMNIZADOS
(Colaboración de Humberto "Tito" Rodríguez - HRP).

1
Una persona llamada Francisca Heredia reclamaba la indemnización de una criada que por error la Junta de Manumisión había dado el dinero a otra persona homónima. El apoderado de la primera Francisca Heredia, quien es el que escribe sobre este asunto en El Comercio, le decía al ministro de Hacienda que debía dar su dinero “...en el día a la señorita Heredia....y que le cobre a la otra Heredia lo que indebidamente recibió...” . Las últimas palabras del apoderado son para acusar la sordera de los miembros de la Junta.
(El Comercio, 15 de setiembre de 1855).

2
Por esos momentos se llama acreedor a toda persona a la que el Estado le debía por no haberle pagado aún lo que le correspondía por los esclavos manumitidos. Con esta palabra firma uno de ellos quien pide a los encargados de la Junta de Manumisión que retengan el valor de unos esclavos de la propiedad de su deudor ya que el fiscal había reconocido su derecho de acuerdo a los documentos que le presentó.

3
Un señor llamado F. Berástegui (sic) le dice al presidente de la Junta de Manumisión que el 20 de enero (1855) le dio su confianza a la señora M.A. para que entregara una escritura de su criada llamada Lucía, y hasta la fecha no recibía el pago correspondiente. Berástegui había visto en muchas de las relaciones de la Junta (que fueron publicadas también en El Comercio) nombres de personas que “...al presente se hayan disfrutando de grandes fortunas sin más...”. Luego en sus escrito viene una queja: “¡Por qué se ha comenzado a pagar a los que tienen de tres (esclavos) para arriba sin advertir que éstos están tomando réditos de sus capitales que no son tampoco los que componen la parte menesterosa...!”. (Desde ese punto de vista la Junta debió comenzar a pagar por los esclavos de los que aquellos que menos medios económicos tenían, HRP). Su argumentación se basaba en sus creencias religiosas algo inevitable en esos años: “...los sanos principios de la verdadera religión demandan, en mi pobre concepto, que primero (hay) que mitigar a los hombres desvalidos, y no que se ayude a robustecer las arcas de los avaros...”.
(El Comercio, 18 de octubre de 1855).

4
Lo que sigue son comunicaciones entre dos personas que polemizan y se agreden por escrito (hemos eliminado los adjetivos, HRP). El asunto en pelea es la propiedad de dos esclavos y el pago que el Estado ya había hecho por ellos.

a.. Juan Sampelayo acusa que Mariano Carmelino ha presentado a la prefectura (así era le gestión administrativa) su derecho a la propiedad de dos esclavos. Precisa que el derecho del dinero que el Estado debía dar por ellos lo había cedido Carmelino a una persona (de apellido Contreras) que le adeudaba por una venta que le había de lo cual le dio un documento. Como Sampelayo en esos momentos no podía hacer nada (pues se encontraba preso, les adelantamos) le pidió, mucho antes de todo este enredo, que cobrarse el importe del valor de los dos esclavos.. Contreras era íntimo amigo de Carmelino y por eso no entregó, como correspondía, a la señora de Sampelayo.
(El Comercio, 11 de julio de 1855).
a.. Un día después responde Juan Contreras diciendo que es falso lo dicho por Sampelayo; no hubo trato ni contrato con Carmelino, ni era cierto tampoco la entrega de algún documento; y fue él quien hizo los arreglos para recibir el pago que el Estado dio por los esclavos, obró de esta manera porque Sampelayo le debía 500 pesos por un terreno en el Callao que le vendió. Intenta fulminar a Sampelayo diciendo que estaba preso por haberse robado unas bretañas (finas telas de lino fabricadas en Bretaña) de la Aduana del Callao.
(El Comercio, 12 de julio de 1855).
a.. La inevitable respuesta de Juan Sampelayo aparece un día después. Dice que era falsa la afirmación de la venta del terreno; él se lo había regalado a Contreras: “...la compra de los esclavos fue hecha antes de haberle yo regalado el expediente del terreno...”.
a.. Agrega que de su parte no hubo robo alguno de bretañas, eso había sido una compra con todos los requisitos de la ley.
(El Comercio, 13 de julio de 1855).
5
La hacienda CaucatAo fue desde siempre la más importante del valle de Pisco. En el siglo XIX su propiedad estuvo en litigio entre la familia del Mazo y Francisco Javier Mariátegui, un importante personaje presente en la orientación de la República luego de la Independencia del Perú en el año 1821.

El Comercio del 13 de marzo de 1855 publica en este día una carta que Manuel María del Mazo envía a la Junta de Manumisión explicando que es “...albacea y heredero de mi finado padre...Fernando del Mazo”, y como el gobierno había expedido un decreto “señalando el modo y (los) términos de proceder a la indemnización de los que fueron esclavos y siervos libertos, ordenando a los amos presentar para el intento los necesarios comprobantes”. A continuación indica que Caucato era parte de los bienes testamentarios de su padre y, en este tiempo, hay un pleito (sic) notorio con Francisco Javier Mariátegui. Y “...(en tanto) el valor de los esclavos, dice en línea seguida, forma hoy la porción más importante del fundo...” y que si ese importe fuese entregado a Agustín Marticorena o al señor Mariátegui, quienes se creían en esos instantes dueños de Caucato, “...resultaría más tarde que mis acciones (no) serían nada...” . Como precaución solicita a la Junta que los vales “...que se emitan por el importe de los que fueron esclavos y siervos libertos de la hacienda Caucato, se retengan depositados en la Caja de Consolidación hasta resolución definitiva de los Tribunales de Justicia”.

Continuará...

Tema del boletín Nº 19
PAGOS POR LA MANUMISIÓN: CRONOLOGÍA DEL PROCESO Y OCURRENCIAS
“...La prefectura ordena que los boletos de libre deben ser refrendados cada quince días por los patrones o dueños de haciendas, de esta manera se acreditaba que tenían ocupación conocida. Además advierte que quien vendiera su boleto a otro individuo, ambos serían tratados como vagos.
(El Comercio, 7 de julio de 1855) ”.
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