Las fiestas navideñas son tan ricas en costumbres y tradiciones en el mundo
que estas no escapan a nuestro folclore popular. Tan es así que los peruanos
tenemos como protagonista principal en la Nochebuena al adorado Niño
Manuelito.
Pero muchos se preguntarán ¿de dónde viene la imagen y cuál es la historia
del niño Manuelito?
Pues bueno, esta viene de una leyenda originaria de los Andes peruanos. El niño Manuelito adopta el nombre de "Imanuelle", uno de los nombres de Cristo
y es uno de los íconos más adorados en nuestra serranía.
Los entendidos en el tema dicen que su origen viene a ser una respuesta al Niño español, calificado como cruel y asesino de los conquistadores. Así,
hace cuatro siglos, las mujeres del Cusco acogieron al Niño Manuelito dándole
un halo de candor y de inocencia.
En los días próximos a las fiestas navideñas los artesanos visten la imagen
pues les da pena que el Niño pase el frío de Los Andes y, asimismo, las familias
lo ponen en lo alto de sus casas para que las proteja. También existe la
costumbre de amarrarlo fuertemente al pesebre pues se dice que el niño suele
escaparse.
El imaginario popular lo representa echado, como queriendo gatear, con labios
rojos ligeramente entreabiertos, que dejan ver la gota de leche de sus
dientecitos. Cuentan sus más fieles devotos que visita a todos en las Navidades, durante
catorce días. Cuando llega la fiesta de Reyes, aseguran, se va a dormir otra
vez hasta el próximo año.
Dentro de pocas horas estaremos ya viviendo las emociones y la nostalgia de una nueva vigilia de Navidad. Antes de que llegue la medianoche -a tan
solo minutos de que el rollizo Niño Manuelito y el buen Papá Noel ingresen
a nuestros hogares-, el ruido de los cohetes y la vocinglería de los niños
nos colmará de recuerdos de la infancia y, al lado de nuestros hijos o
nietos, la magia de la fiesta de la Cristiandad volverá a ocupar ese indisputable
lugar del corazón en el que se anidan los sueños de nuestra lejana niñez.
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